Introducción.- Uno de los elementos más importantes que caracterizan la actual situación que vive el Ecuador y América Latina, de manera particular, es el hecho de que el ideal del Socialismo, como la expresión del cambio, como el referente de una nueva sociedad, de una nueva vida, equitativa y justa, ha reaparecido y se está posicionando, cada vez más, en el imaginario de los trabajadores y los pueblos, a pocas décadas en que los círculos del imperialismo y la reacción lo declararan muerto y sepultado por el paso de los tiempos.

¿Cómo explicar este fenómeno que ocurre a nivel de la conciencia, del pensamiento y de la acción política de grandes conglomerados sociales, obreros, campesinos e indígenas, de la juventud, de los educadores, de las mujeres organizadas, de sectores de la intelectualidad, de las diversas corrientes y organizaciones de la izquierda, ecologistas, defensores de los derechos humanos, de las iglesias comprometidas con sectores populares y toda una gama de personas democráticas, progresistas y patrióticas?

El origen de las propuestas de cambio, del socialismo.-

En la realidad latinoamericana de nuestros días, encontramos que los gobiernos de diverso signo que se han turnado en nuestros países, aplicaron – y siguen aplicando – las orientaciones, mejor dicho, los dogmas neoliberales que sostienen los círculos imperialistas, los portavoces y defensores del sistema de explotación y opresión.

Las llamadas “políticas de ajuste estructural”, privatizaciones de las empresas estratégicas del Estado; el saqueo de los recursos naturales, petróleo, minas, las riquezas de los mares; la conversión de los servicios públicos en una nueva mercancía que le ha rendido a las empresas privadas grandes ganancias; la instauración de la “economía social de mercado” que ha promovido a una escala mayor los intereses de lucro de los grupos empresariales, que se han concentrado más, por encima de los intereses de las mayorías; la llamada “flexibilización laboral” que terminó con derechos esenciales de los trabajadores sometiéndolos a la despiadada explotación de los monopolios y las empresas capitalistas, son sólo algunos de los “milagros” que trajo esta nueva forma de la dominación imperialista en nuestros países.

Se remachó y generalizó la dependencia, el endeudamiento y todos los males del atraso, la pobreza, la insalubridad, el desempleo, la crisis educacional y el analfabetismo, la devastación ambiental, mostrando la faz expoliadora y opresiva del capitalismo, pese a la apología que se hizo durante todo el período de los “avances” y el supuesto “crecimiento” que tuvieron las economías de la región, cuando en realidad quienes concentraron aún más su poderío y crecieron sus activos, fueron las clases dominantes, la gran burguesía, a costa de la miseria de las masas trabajadoras y populares.

Esta situación injusta y la búsqueda de cambiar las actuales condiciones de vida, son las principales causas del descontento de grandes sectores de la población, del crecimiento de la efervescencia social, de las protestas, de las movilizaciones, de la lucha callejera, de los levantamientos populares, de la oposición a los gobiernos antipopulares y de la revueltas que culminaron incluso con el derrocamiento de algunos de ellos, en las pasadas décadas.

Así mismo, estos movimientos populares luchan por mejores condiciones de vida y son la base real de sustentación y de apoyo a los proyectos nacionalistas, patrióticos y democráticos de varios gobiernos de la región, favorecen a sus medidas económicas y políticas, que buscan atender algunas de las ingentes reivindicaciones de los pueblos y asumen la defensa de la soberanía nacional y de los recursos naturales.

Bien podemos decir, que hay un nuevo momento y realidad en lo que respecta a la conciencia de los trabajadores, la juventud y los pueblos y eso tiene que ver, como uno de los principales factores, con los grandes levantamientos y convulsiones sociales que han ocurrido en nuestro Continente y que enfrentaron, en las últimas décadas, los efectos devastadores de las políticas neoliberales.

Un factor decisivo en las luchas sociales y en el avance de la conciencia de los pueblos, tiene la izquierda en sus diversas tendencias. La izquierda revolucionaria, los partidos y organizaciones que sostenemos y luchamos por proyectos emancipadores, que planteamos con claridad la necesidad de superar el sistema capitalista, para terminar con los efectos devastadores de la opresión y la explotación, hemos dado nuestro aporte para generar, suscitar, o en otros casos, apoyar, acompañar y contribuir al avance de esas luchas sociales, reivindicativas y políticas.

Es en medio de la movilización social y de la protesta, que se va haciendo más evidente ante los ojos de las mayorías la necesidad del cambio, el convencimiento de que no es posible resistir más el atraso, la injusticia y la opresión y sobre todo, que ese “sujeto colectivo” – a quien los defensores del sistema se niegan a ver – comprende que las soluciones sólo pueden venir y pueden realizarse, confiando en sí mismos, sin esperar de los tradicionales representantes del sistema. Van comprendiendo que ellos mismos son los protagonistas del cambio, que sólo se puede lograr, acabando con las “reglas de juego”, los personajes, los partidos políticos y la institucionalidad del imperialismo y los grandes capitalistas.

En ese camino, por la acción de la izquierda, de los elementos democráticos y progresistas, en medio de un complejo proceso, que ha avanzado, dejando atrás el reflujo de movimiento popular y revolucionario, iniciando procesos de recuperación, de reconocimiento y rectificación de errores, de retoma de acciones, estamos asistiendo al desarrollo de un proceso de inicial auge, en el cual, franjas importantes de las masas están volviendo la mirada hacia el socialismo, como un ideal, como la expresión del cambio, aunque todavía no lo puedan dimensionar en toda su concepción.

Por ello, consideramos que para la izquierda revolucionaria es indispensable en un momento como este, de un nuevo despertar de la conciencia y de la lucha de los trabajadores, flamear en alto las banderas del socialismo auténtico, del socialismo proletario, planteado en las condiciones concretas de los cambios y realidades del mundo contemporáneo; profundizar el debate histórico que desde su nacimiento ha tenido el socialismo científico, con todas las corrientes opuestas, y con todas las que a su nombre quisieron tergiversar su esencia, deformar sus principios y su práctica.

Este debate es tan importante ahora, cuando en el mundo se han echado a rodar diferentes especies de “socialismo”, que a la propia burguesía le interesa que se difundan, pues si bien los explotadores combaten, por un lado todo lo que suene a socialismo, también les interesa propiciar una labor de confusión, desorientación y falsificación de la verdadera esencia de los principios del socialismo y para ello encuentran elementos que se prestan a cumplir ese papel: la socialdemocracia en sus distintas variantes, los revisionistas nuevos y reciclados, que se oponen a las tesis revolucionarias y los oportunistas, en general. Esclarecer el contenido engañoso de esas variantes de “socialismo”, mostrar que ninguna de ellas es una garantía, un camino cierto para la verdadera emancipación del proletariado, es nuestro cometido y lo es también el carácter de esta ponencia.

El llamado socialismo “real”.-

Del arsenal ideológico y propagandístico de la burguesía y del imperialismo surgió la corriente del revisionismo como la contra partida antagónica buscando la falsificación, deformación y tergiversación del marxismo y del marxismo leninismo, prácticamente desde cuando esta doctrina de la emancipación de los trabajadores y los pueblos, surgiera para guiar los combates hacia su liberación.

El revisionismo era un conjunto de tesis y teorías que buscaron combatir desde sus inicios, los principios revolucionarios del socialismo científico, asumiendo, desde el punto de vista formal, una posición supuestamente revolucionaria, para en los hechos, tergiversar y desviar los principios revolucionarios, de modo que se anule su verdadero contenido emancipador y convertirlo en una falaz teoría y práctica de la contrarrevolución.

Lo que sucedió desde que la teoría marxista viera la luz en el siglo XIX y se constituyera en la guía de la clase obrera y los pueblos oprimidos por su emancipación, fue eso. El revisionismo atacó de lleno los elementos fundamentales de la teoría revolucionaria como por ejemplo, el papel histórico de la clase obrera como enterradora del capitalismo y la fuerza de vanguardia de la revolución; el papel del partido comunista como el destacamento más avanzado y conductor del proceso revolucionario, el carácter de clase del Estado, el reconocimiento de que la lucha de clases conduce a la dictadura del proletariado, hacia el socialismo y el comunismo, como el destino ineluctable de la sociedad.

Durante todo el período que antecedió al triunfo del proletariado internacional con la Revolución Rusa de Octubre de 1917, que lo llevó al poder, dando inicio a la gran época del imperialismo y las revoluciones proletarias, el revisionismo hostigó, y trató de impedir el cumplimiento de la misión histórica de la clase obrera, sin embargo, esa revolución conquistó el triunfo con la instauración del socialismo en ese gran país, que en poco tiempo demostró la superioridad innegable de ese sistema nuevo, frente al capitalismo.

La burguesía y la reacción mundial no se allanaron frente a esa victoria de la revolución y a través de la intervención militar, de tramas, maniobras y conspiraciones, intentaron acabar con el poder de los trabajadores. El revisionismo cumplió una labor persistente desde fuera y desde dentro del proceso revolucionario para acabar con el poder soviético.

Ni la guerra que la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperalista llevaron principalmente contra la República de los Sóviets y contra el comunismo, pudieron derrotar el Socialismo que se había instaurado en la Unión Soviética, como sistema económico, político y social, nuevo.

En ese extenso país había desaparecido en lo fundamental, la explotación del hombre por el hombre, los bienes del trabajo eran disfrutados por los productores de la riqueza social y el Estado de los trabajadores, tenía como principio rector de su acción, el mejoramiento cada vez más alto del bienestar del pueblo. Se había logrado la eliminación de la propiedad privada capitalista, de los grandes monopolios y empresarios; los trabajadores disfrutaban de una educación, salud, cultura y de los adelantos de la ciencia, a su servicio.

Pero el revisionismo trabajó intensamente para lograr el desvío y la deformación del camino revolucionario. Un estrato de descalificados y degenerados elementos que habían, deslindado en los hechos su pensamiento y su vida de los ideales del socialismo y el comunismo, a la muerte del gran dirigente José Stalin, de manera principal, se hicieron del poder en la URSS, con el traidor y renegado Nikita Jruschov a la cabeza, y con ellos empezó el desmoronamiento del sistema socialista, de las victorias logradas en la construcción de la nueva vida por parte de los trabajadores; al mismo tiempo que se produjo la alianza de los cabecillas revisionistas y antisocialistas, con el imperialismo, en contra de la revolución y de los pueblos.

Esta asunción al poder del revisionismo – de los traidores al socialismo – en la URSS, se produjo también casi al mismo tiempo, en medio de azarosos y complejos procesos, en los distintos países socialistas de Europa Oriental, lo que significó la caída y la derrota transitoria del socialismo verdadero y a la vez, la degeneración restauracionista de esos regímenes que se convirtieron en estados represivos, policíacos, gobernados por camarillas pro – capitalistas que echaron al traste con todas las conquistas revolucionarias, restaurando el capitalismo en condiciones de una abierta dependencia a las potencias capitalistas de Occidente.

Los revisionistas al adueñarse del poder en la Unión Soviética y en los otros países antes socialistas, acabaron con las victorias de la revolución, su principal objetivo fue la destrucción de la dictadura del proletariado, su reemplazo por el “Estado de todo el pueblo” que fue el instrumento para la restauración del capitalismo. Para atacar al marxismo leninismo, al socialismo hicieron recaer sobre el nombre y la figura de Stalin todas las abyectas calumnias que había fabricado la propaganda imperialista, en contra del socialismo y el comunismo.

Despojaron al Partido de Lenin y Stalin de sus atributos de vanguardia de la clase obrera y éste se convirtió en un partido de burócratas adocenados, aduladores y oportunistas, al que calificaron de “partido de todo el pueblo”. El partido político en esas condiciones no fue sino el instrumento para sostenimiento en la cúspide del poder, de la nueva burguesía soviética, que condujo de tumbo en tumbo la vida del país, hasta la propia disolución de la URSS.

Los traidores al socialismo restauraron pérfidamente el capitalismo, acabando con los principios de la economía y la planificación socialista; los logros de la cultura soviética fueron reemplazados por el cosmopolitismo decadente de la burguesía y la ramplonería de una falsa intelectualidad arribista.

La Unión Soviética, con los revisionistas en el poder, se convertiría en una superpotencia imperialista que por igual mantuvo a países y pueblos bajo su dependencia; que perpetró intervenciones sobre otros países.

Esta es la fuente originaria del llamado “socialismo real” que los círculos imperialistas en su campaña anticomunista, han mostrado en todas sus facetas como lo que supuestamente es la sociedad de los trabajadores, endilgándole la corrupción, el autoritarismo, la represión policíaca y la negación de las libertades y derechos de los trabajadores, que efectivamente ocurrieron en secuelas dramáticas y trágicas en la propia ex – Unión Soviética y los demás países antaño socialistas.

Esa restauración capitalista, anti socialista, ocurrió también más tarde en Albania que por esos años resistió, en un principio, los embates del revisionismo, pero que luego cayó, resignando también las victorias del socialismo en esa parte de Europa.

De este modo, el “socialismo real”, es decir la degeneración y descomposición revisionista que lograra la reacción mundial del auténtico socialismo proletario, ha servido sin restricción alguna a los círculos imperialistas y burgueses, a los defensores del capitalismo, a la socialdemocracia y a los oportunistas, para denigrar la gran conquista de los trabajadores, y establecer que la lucha por la revolución, por la construcción de una nueva sociedad no tiene utilidad ninguna y menos vigencia histórica, pues el “socialismo real” y lo que éste ha significado, no recoge para nada las aspiraciones de la humanidad.

Los revolucionarios proletarios, la izquierda consecuente, al tiempo de producirse estos acontecimientos desenmascaramos la verdadera naturaleza contrarrevolucionaria de los mismos. En lo que respecta al PCMLE, éste nació hace 44 años a la vida política, denunciando la traición al socialismo, el carácter anti socialista del revisionismo y la naturaleza social imperialista de la Unión Soviética de ese entonces.

El “socialismo” chino.- Larga y heroica ha sido la lucha de los trabajadores y el pueblo chino para conquistar su liberación de las ataduras del imperialismo, del capitalismo y el pasado feudal. Los sectores avanzados de ese pueblo, los obreros y los campesinos, la juventud y la intelectualidad progresista, lucharon con persistencia, una y otra vez en el pasado siglo, llevando a la victoria una prolongada guerra revolucionaria dirigida por el Partido Comunista, que triunfó el 1º de Octubre de 1949 y que fundó la República Popular China, combatiendo al imperialismo japonés, a la burguesía y los terratenientes.

Pero esa resonante victoria histórica a través de los años no pudo afianzarse decisivamente por una serie de vicisitudes, de contradictorios y confusos episodios ocurridos principalmente en la dirección de ese Partido, sinuosidades políticas y económicas, que en un proceso abrieron el camino a posiciones revisionistas que terminaron renegando de los principios claves del socialismo científico, en la teoría como en la práctica, dando rienda suelta para tesis como las del “socialismo de mercado chino”, “un país y dos sistemas”, “socialismo con la inversión privada” de monopolios capitalistas.

Efectivamente, el llamado “socialismo chino” ha tratado de establecerse ejecutando la plena diversificación de la propiedad privada de los principales medios de producción, a costa de la propiedad estatal y la propiedad colectiva; se produjo en un proceso rápido la privatización de las más grandes empresas estatales; la política de descolectivización del campo y el desarrollo de empresas privadas en gran escala; se ha propiciado la intensificación de la inversión de los monopolios extranjeros, en algunos casos en empresas asociadas con el Estado chino y en varios ámbitos se permite que las empresas extranjeras exploten libremente para su propio beneficio, ramas enteras de la economía.

Estas reformas que muchos las califican de sorprendentes y que supuestamente explican el crecimiento de la potencia oriental, han significado el crecimiento de la tasa de desempleo. Las estadísticas de hace apenas dos años, hablaban de cerca de 30 millones de desempleados y el mantenimiento de índices de pobreza que involucran a decenas de millones de personas del pueblo chino.

Este socialismo sui – géneris ha eliminado totalmente la planificación económica, dando paso a la anarquía en la producción rasgo típico del régimen capitalista, donde priman los intereses, las ambiciones y las ganancias de los inversionistas.

Se han introducido las leyes del mercado capitalista como reguladoras en el terreno de la economía y a la vez la competencia empresarial como “estímulo a la producción”, lo que en buenos términos significa establecer la “ley de la selva” en el terreno de la producción y la distribución en donde resultan como víctimas directas, los trabajadores y las masas. Las autoridades reconocen de curiosa manera, que en China coexisten un mercado socialista y un mercado capitalista.

China ha ingresado por su propia voluntad como miembro de la Organización Mundial de Comercio, OMC, en el intento de atraer más capitales extranjeros, más inversiones de los monopolios, abrir su producción y colocarla dentro de los manejos del mercado mundial y para atraer tecnología, según han señalado los principales voceros del Partido y del Estado.

Se sostiene que el Partido Comunista de China, mantiene la hegemonía y la dirección de todo este proceso, como un partido “único” y que los capitalistas no se han constituido como una clase social, pese a que existen por millares, porque ellos no han formado su propio partido político, que represente sus intereses y porque les está prohibido por ley.

Para enfrentar este fenómeno, la dirección del PCCH propuso entonces la llamada teoría de la “triple representatividad” que permite oficialmente la inclusión de los elementos capitalistas en el seno del Partido Comunista, para “evitar que ellos se organicen como una fuerza política aparte” y porque para ser miembro del partido se exige el reconocimiento del mismo como el “núcleo de la modernización y la fuerza más avanzada de la sociedad”.

Al mismo tiempo se ha abierto las puertas del partido a los ingenieros y técnicos de las empresas, a los propios empresarios, auditores y demás profesionales liberales “en un esfuerzo para ampliar la relación con las masas” como la garantía para que el ejercicio del poder “no separe de la relación del partido con la sociedad”.

De este modo, una sociedad donde los monopolios extranjeros, los capitalistas nativos (a los cuales se les ha señalado el mandato de ¡enriquecerse!), donde prima la competencia capitalista, el mercado y la propiedad privada, quiere mostrarse como una sociedad socialista. Además vale señalar que el capitalismo sin ambajes que se practica en China, está en ascenso hacia un capitalismo monopolista, en la búsqueda de la conversión de ese país en una gran potencia. Por ello, todo este ejercicio de hablar de un socialismo “sui géneris”, “con sus particularidades”, no significa sino una falsificación de los principios proletarios y revolucionarios, una forma más de engaño a los trabajadores y los pueblos.

El Socialismo “siglo XXI”.-

Un “socialismo” que sostiene y preserva la empresa privada; que no toma en cuenta como un elemento fundamental de la vida social en manos de quienes se encuentra la riqueza, la propiedad de los medios de producción; un tipo de sociedad basado en la “solidaridad, la fraternidad, el amor y la igualdad”, sin explicarse ni porque, ni cómo se han de instaurar esos valores; con un Estado supuestamente a – clasista, al servicio de todos, son algunos de los elementos referenciales que al respecto esta variante del socialismo las han podido expresar sus sostenedores –principalmente de manera verbal y en algunos escritos sueltos – puesto que no hay una elaboración teórica, ni mucho menos completa respecto de la misma.

En la actualidad, quienes aparecen como exponentes de esta variante del socialismo siglo XXI, especulan mucho con el tema de que no vivimos una época de cambio, sino un “cambio de época”, tratando de significar con ello la arremetida de los trabajadores y los pueblos, contra el sistema capitalista en su forma de dominación neoliberal; esas acciones efectivamente reclaman cambios y ello ha variado la correlación de fuerzas en el movimiento popular y revolucionario, quedando atrás el reflujo e iniciándose en distintas magnitudes y dinámicas, la reanimación y el auge de la lucha.

La confrontación de los trabajadores contra el neoliberalismo, los levantamientos contra la explotación y la injusticia, ni mucho menos pueden plantear el cambio de la época que vivimos, que es la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, definición que el socialismo científico ubicó históricamente, a partir del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917.

Ello significa, que al centro de la época actual se halla el cumplimiento de la misión histórica del proletariado, como la fuerza de vanguardia para enterrar el capitalismo; que pone al centro la revolución social, para enfrentar y derrotar al imperialismo y la burguesía, que esa derrota no conduce sino a la instauración de una nueva sociedad y a un nuevo Estado, el Socialismo y el Estado de la dictadura del proletariado.

No puede haber un verdadero cambio de época, mientras el imperialismo y el capitalismo, como sistema, se hallen instaurados en todos los países y regiones del mundo y mientras los pueblos no los enfrenten desde las posiciones revolucionarias, con la necesidad de superarlos históricamente, dando paso al sistema socialista, en tránsito ininterrumpido al comunismo.

La supuesta vía al “socialismo siglo XXI”, según sus apologistas, sería un ensamble entre el Estado, la empresa privada y la propiedad social cooperativa. Ellos proponen un imaginario estado no clasista, de los ciudadanos, sin diferencia alguna respecto de su condición económica y social y sin que se sepa siquiera cómo llegar a esta supuesta transformación del Estado capitalista, tan sólo a raíz de la instauración de la democracia participativa. El otro componente es aceptar la empresa privada calificada por su eficiencia, y curiosamente propender al afianzamiento de la propiedad de las cooperativas.

Los sostenedores y defensores del socialismo siglo XXI, coinciden en sus tesis para señalar un tránsito evolutivo, pacífico en el que las instituciones capitalistas de la propiedad privada, la democracia burguesa, el Estado, mediante medidas gubernamentales, las elecciones o los textos constitucionales, se irán convirtiendo en socialismo, pero sólo mediante transformaciones regionales o generales, donde se desecha la posibilidad de que transitoriamente pueda darse la victoria en un solo país

Además, todo ello se concibe, como si el imperialismo y la burguesía van a renunciar voluntariamente a sus privilegios y dominación; a aceptar la instauración de una nueva sociedad, en aras del progreso social y el supuesto bienestar de las mayorías.

Una alternativa de cambio como ésta, no cambia nada; lo mucho que hace es reivindicar ciertos intereses de los oprimidos, pero en esencia preserva los elementos fundamentales del sistema de explotación, constituye un peligroso maquillaje para engañar a las masas trabajadores

El Socialismo Proletario, el Socialismo Científico.-

Frente a todas estas elaboraciones y prácticas, que en los hechos sólo sirven para apuntalar el régimen capitalista, se levanta cada vez con mayor fuerza la versión del socialismo de los trabajadores, el socialismo asentado en una teoría científica y que además, ha tenido una práctica concreta que pudo afirmarse y demostrar la superioridad de ese sistema, frente al capitalismo, en el período en el que tuvo su verdadera vigencia.

En el centro de la concepción científica del socialismo, se encuentra la cuestión de la propiedad de los medios de producción, con los cuales se produce la riqueza que, históricamente y hoy con más claridad que antes, es el cimiento de la diferenciación de la sociedad en clases y lo que permite a las clases dominantes el aprovechamiento de los frutos del trabajo, la opresión sobre los trabajadores y los pueblos, la explotación del hombre por el hombre.

Otro de los elementos fundamentales que es indispensable tener en cuenta para los revolucionarios, es el papel y la naturaleza del Estado, entendido como el órgano de dominación de unas clases sobre otras, en todo el devenir de la humanidad y que en el régimen capitalista ha sido el instrumento para sostener, defender y legitimar los intereses y la dominación de la burguesía. Ese aparato de dominación, ideológica, económica, política, cultural, militar, etc. fuente de la infamia y la injusticia, es que el proletariado deberá destruir revolucionariamente, para en esa misma vía, instaurar transitoriamente un Estado nuevo, el de la dictadura del proletariado, para utilizarlo en el proceso de la transición revolucionaria entre el capitalismo y el comunismo.

La dictadura del proletariado reúne la condición de ser un Estado auténticamente democrático, donde las grandes masas trabajadoras, libres de las ataduras de la explotación y la opresión, constituyen por primera vez, los mandantes soberanos de las decisiones del país.

Este Estado democrático nuevo, tiene históricamente su razón de ser pues tiene la genuina representación de quienes son los dueños de la sociedad: los trabajadores; quienes ha convertido la propiedad privada de los monopolios y la gran burguesía, en propiedad social, organizando y planificando la producción y la distribución, sobre las nuevas bases económicas y políticas creadas.

Con esos cimientos, será posible efectivamente construir la nueva sociedad, de los trabajadores: el socialismo, única garantía para conquistar la verdadera emancipación de los trabajadores y del conjunto de las masas populares.

PARTIDO COMUNISTA MARXISTA LENINISTA DEL ECUADOR

Julio 2008.