El Ecuador ingresa a una nueva etapa histórica. Y esta vez, los pueblos le ganan la partida a la oligarquía. La nueva Constitución que sale de Montecristi es un acontecimiento trascendente, por dos razones: 1.- El contenido de la nueva Carta Política es altamente progresista, antineoliberal, lo cual la ubica como una de las mejores de América Latina y de la historia del Ecuador. Esa es la razón por la cual la oligarquía y sus voceros se tiran de los cabellos, se fruncen y gritan: “¡dictadura!” Esta Constitución recupera la soberanía sobre nuestros recursos naturales y áreas estratégicas, que tan apetecidos han sido por el poder monopólico y transnacional. Ahora, el agua, los minerales, los hidrocarburos, la biodiversidad mundialmente reconocida que tenemos, son propiedad inalienable, imprescriptible e inembargable del Estado. Es una Constitución en la que los ecuatorianos condenamos toda forma de imperialismo y colonialismo, y prohibimos la instalación de bases militares extranjeras, como la que funciona en Manta. Con la nueva Constitución, los ecuatorianos tendremos soberanía alimentaria, que significa que el Estado nos garantizará una alimentación saludable y suficiente. Se promoverá la producción agroalimentaria y pesquera, lo cual significa cumplir con uno de los más caros anhelos de los pueblos: la priorización del trabajo en el campo. Tendremos salud, porque está garantizada como un derecho humano y responsabilidad obligatoria e ineludible del Estado, que tendrá que invertir el 4% de la producción anual total del país para dotarnos de un Sistema de Salud Pública eficiente. Tendremos educación gratuita en todos los niveles. La Universidad, entonces, ya no será privilegio de pocos. A esta área el Estado le asignará el 6% del total de lo que produce el país en un año. Los ecuatorianos recuperaremos nuestros derechos laborales, que los empresarios corruptos y sus gobiernos han venido arrebatándonos. El País que tanto amamos se guiará por una nueva concepción de desarrollo, con una economía productiva y solidaria. 2.- La nueva Constitución es el resultado de un proceso muy democrático, el más democrático de la historia. A la Asamblea han llegado centenas de organizaciones de trabajadores y pueblos en general, a presentar su propuesta, a dar su opinión. No ha sido una Asamblea encerrada en una Academia Militar, como la de 1998, en la que se legalizó el atraco bancario que el Estado ha empezado a castigar. La derecha lanza fuego por todos los poros. Acusa a la Asamblea y al Gobierno de antidemocráticos, autoritarios, dictatoriales, precisamente porque sus visiones nos se han impuesto, han sido superadas, porque sus intereses han sido afectados, porque se le ha dado un nuevo gran golpe. Ahora hablarán de inseguridad jurídica, de dictadura, de intransigencia, sobre todo porque el período de transición, que no fue previsto antes de la convocatoria a elección del organismo de plenos poderes, tiene que enfrentarse con un nuevo ente legislativo. Dirán de todo para deslegitimar, desprestigiar y atacar a la nueva Constitución. Ya han comenzado a motejarla con calificativos como “constitución abortista”; pretenderán engañar, confundir. Por ello, la participación popular no puede cesar, debe extenderse a una intensa campaña de explicación de lo que significan los nuevos artículos constitucionales. Lo vivido por el país en este último período, mientras duró el proceso constituyente, es importante porque ubica a los ecuatorianos como protagonistas de los cambios. Y, a partir de hoy, la pelea está planteada para decir Sí en el referéndum, para defender la aplicación de cada uno de esos preceptos aprobados en la nueva Carta Política. La experiencia vivida, en ese sentido, califica la participación política de las organizaciones populares.

A los partidos de izquierda y a las fuerzas de la tendencia en general, les queda la urgencia de la unidad. Ello será clave en los próximos complejos escenarios políticos que tocará enfrentar. No todo se reduce a las elecciones, el cambio es más allá que electoral, pero en el plano electoral también se plantea la disputa con la oligarquía y el imperialismo, por ello tiene que ser enfrentado con claridad y fuerza, y ello solo vendrá de la unidad popular.