La mañana siguiente a la incautación de los bienes de la familia Isaías, una sorpresa inusual recorría entre quienes poco a poco nos íbamos enterando de qué había pasado. ¡Qué bueno! ¡Ya era hora! Eran los comentarios que se escuchaban y, efectivamente, indicaban que un 90% de los ecuatorianos están de acuerdo con la medida.

En los medios de comunicación las reacciones fueron diversas y mayor virulencia se notó en los grandes medios internacionales; “censura de prensa en Ecuador: camino al totalitarismo”, “Ecuador embarga cuatro canales de televisión críticos” se publicó en El País, de España; “Tensión en Ecuador por incautación de canales” en El Tiempo de Uribe, perdón, de Bogota; “Alarma de la SIP por incautación de televisora en Ecuador” tituló el comunicado de la SIP, donde compara sin ningún empacho a la incautación de los canales con la administración de Fujimori, aseguran de que el cierre es por su línea editorial contraria al gobierno y mostraron su gran ignorancia y parcialidad, que dicen no tener.

Entre los medios locales, la televisión fue más cauta y evitaron adjetivar demasiado. Comprensible, pues TC y Gamavisión habían mostrado actitudes hostiles hacia los demás medios, como la disputa con Ecuavisa por el mercado de las guías telefónicas de Guayaquil o campaña contra el ex Presidente de la Superintendencia de Bancos o el enfrentamiento contra los Egas. Los medios impresos fueron más incisivos, dedicando gran cantidad de tinta para mostrar que los Isaías son víctimas. Me pregunto, ¿cuánto espacio y energías utilizaron estos mismos medios para reclamar por la violación a los derechos humanos durante el atraco bancario? Ahora ellos son los defensores de la libertad de expresión, como si los medios de comunicación tuvieran que estar por encima de la ley.

Los medios de comunicación representan casi 2% de todo lo incautado y lo incautado (200 millones de dólares) no es sino la tercera parte de la deuda total de los estafadores y corruptos Isaías. ¿Cómo se puede ser tan ciego para publicar cosas como las que publican El País, El Tiempo o la SIP, sin tomar en cuenta este hecho? Estos artículos pueden servir claramente para los profesores de periodismo, para ilustrar lo que nunca se debe hacer.

¿Qué hacer entonces con los medios de comunicación incautados? Rafael Correa ha dicho que la AGD tratará de deshacerse lo más rápido posible de estos medios; sin embargo, tomando en cuenta que únicamente representan el 2% de lo incautado y la influencia que generan, puede ser el Estado quien los administre, pues a la final, ¿qué apuro se tiene si se puede diseñar un medio con una propuesta cultural, educativa? Cuán positivo sería quitar de la pantalla a programas como “A todo dar” para hacer una propuesta amplia, donde organizaciones sociales, campesinas y estudiantiles tengan su espacio. Además, sabemos lo rentable que es el negocio televisivo; con este dinero administrado por el Estado, los rendimientos pueden devolverse a su verdadero dueño: los acreedores que los Isaías creían que podían burlar.

Según Francisco Peralta, psicólogo, comunicador social y docente universitario, las universidades pueden presentar proyectos rentables y administrar estos canales; de esta manera se estaría cumpliendo un principio de justicia y legitimidad.

Según Marco Villarruel, docente universitario, esta es una oportunidad de iniciar una transformación profunda de los medios de comunicación en el Ecuador y una forma de hacer justicia a los ecuatorianos sería que el Estado concesione para sí uno de lo dos sistemas de televisión: “Ni un paso atrás en la incautación de Gamavisión, TC Televisión, Cablenoticias, la imprenta donde imprimen las revistas del grupo, y de las radioemisoras Super K, Radio TC, Universal y todas aquellas que como la empresa TV Cable deben renegociar sus permisos, siempre bajo la consideración de que nuevos concesionarios deben renovar la programación, horarios, noticieros”, asegura.

No hay apuro de deshacerse de esos medios de comunicación. Porque, de venderse a otro grupo económico particular, podrían utilizar su poder de forma similar al de los Isaías o crearse un gran monopolio de comunicación, si los compran grupos vinculados con otros medios; es decir, estaríamos creando otros ‘Isaías’ en potencia.

Correa ha asegurado querer medios “libres”, cuando los hechos nos demuestran que, como los medios están hechos por seres humanos, se asumen posiciones y se defienden intereses. Lenin decía que ‘en una sociedad dividida en clases, no se puede ser imparciales, o se calla la explotación o se la denuncia y se lucha contra ella’. No queremos medios de comunicación imparciales, queremos medios de comunicación comprometidos; sí, comprometidos con el cambio, con las necesidades del pueblo, con la educación y la cultura, con las organizaciones populares y campesinas. ¡Basta de basura en la televisión!