Hace pocas semanas, un diario local publicó un artículo en el que se recordaba, superficialmente, el aparecimiento del Radioteatro en Quito y se señalaba, igual de pasada, a varios personajes que cultivaron ese género, interesante y nuevo, a partir de los años cincuenta del siglo anterior.

Este hecho me llevó a recordar esos buenos tiempos y a buscar a uno de los personajes famosos de esa aventura cultural en nuestro medio, para que nos contara sus experiencias en este interesante campo, ahora casi desaparecido, gracias a las innovaciones de la moderna tecnología.

Ese personaje es Jorge Zaldumbide Cáceres, locutor de radio y televisión, actor de teatro con algún éxito, e “inventor”, entre otros, del Radioteatro en nuestro medio. Le visité en su casa y, con una bella música de fondo, se inició nuestra charla, con la pregunta de cajón:

- ¿Cómo te iniciaste en la radiodifusión?

- “Me inicié en Radio Libertad, que estaba situada en la Loma Grande, su propietario era el Ing. Pesántez; los muchachos de la Loma teníamos un club deportivo y como en esos días se acercaba el aniversario del club, hicimos un programa y le pedimos al Ing. Pesántez un espacio en su radiodifusora para difundir nuestra actividad. Con esa experiencia empezó mi inquietud de poder hablar en un micrófono, por lo que le pedí al dueño de la emisora que me diera una oportunidad, él aceptó mi pedido y me estimuló porque, según afirmó, tenía condiciones y sobre todo una buena voz para la locución. De Radio Libertad pasé a Radio Gran Colombia; hablé con Eduardo Cevallos Castañeda, el famoso “Mocho” Cevallos, quien aceptó mi propuesta y me dio un turno de locución de cuatro horas en su radiodifusora. Simultáneamente fui a trabajar en Radio Cordillera, que estaba a dos cuadras de la Gran Colombia, en la calle Guayaquil y Esmeraldas. A esta emisora fui gracias a la invitación de Edison Terán, que era el director de la Radio Cordillera y que estaba recién llegado de Estados Unidos, con ideas nuevas para la radiodifusión. Con él hicimos el primer programa de noticias de tipo nacional e internacional, pero con una innovación: la radio-teatralización de la noticia, algo que hasta entonces no se había intentado en nuestro país. Unos meses después, recibí una llamada telefónica de Alfredo Jarrín, que también era de la Loma Grande y trabajaba en Radio Quito, entonces la mejor radiodifusora que existía en la Capital, él me invitó a realizar una prueba en Radio Quito; me aceptaron y empecé a trabajar en esa emisora, en el turno triple A, el más importante que tenía esa radiodifusora, a partir de las ocho de la noche; en ese espacio se transmitían programas muy interesantes, pues además de las noticias se presentaban artistas nacionales y extranjeros, por ejemplo el Dúo Benítez y Valencia que, junto a la guitarra del Pollo Ortiz, tenían un programa que se llamaba “Canciones del Alma”. En Radio Quito estuve desde 1958 hasta 1970; ese año don Jorge Mantilla Ortega me llevó al Canal 8 de Televisión, en donde estuve durante cinco años, como Director de Noticias. Profesionalmente hablando, la etapa más hermosa de mi vida fue mi permanencia en Radio Quito”.

- ¿También trabajaste en Radio Nacional del Ecuador?

- “Efectivamente, fui fundador de Radio Nacional del Ecuador, gracias a una invitación del entonces Director de la Radio, Don Gonzalo Proaño, el “Gordo Proaño”, famoso actor y uno de los creadores del Radioteatro en el Ecuador. El 24 de mayo de 1961, a las ocho de la noche, vino el Dr. José María Velasco Ibarra a inaugurar la Radio Nacional del Ecuador y yo tuve la satisfacción y el honor de presentar al Presidente de la República, inaugurando la Radiodifusora del Estado, que estaba situada en la calle Guayaquil, a pocos metros de la Plaza del Teatro y cuyo Director de Programas era Humberto Pérez Estrella, en esa emisora del Estado trabajé cuatro años”.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer radioteatro?

- “Yo tuve la gran oportunidad de ser parte del elenco de radioteatro que formó Gonzalo Portugal, para HCJB, la Voz de los Andes, porque él trabaja para esa Radio; el grupo estaba conformado con gente de gran trayectoria en la radiodifusión como Fernando Fegan, Julián Terneux, Erica Von Lipke, Jorge Escobar, Álvaro San Félix. Con ese elenco hicimos cosas espectaculares en radioteatro como “Quo Vadis”, “Los de Abajo”, de Ciro Alegría, “Crónicas Marcianas”, “Relatos del Caminante”, es decir trabajamos unos dos años, intensamente, para producir un radioteatro de primera categoría”.


- ¿Quienes hacían radio teatro en Quito?

- “Primero, Gonzalo Portugal, pero antes que él, yo recuerdo al Gordo Proaño; en Radio Gran Colombia se presentó una obra que se llamaba “El Violín del Gitano”, y quien trajo esa obra fue un argentino, Antonio Luján, yo tuve en esa obra un pequeño papel, entonces era pollito, recién salido del cascarón”.

- ¿El radioteatro te llevó a ingresar al movimiento teatral que inició en la Casa de la Cultura el director italiano Fabio Paccioni?

“Desde luego, yo ingresé a ese movimiento tan importante para la cultura teatral del país, como integrante del Teatro Popular Ecuatoriano, con el cual realizamos una serie de montajes realmente espectaculares, con escenografías extraordinarias, recuerdo “El Pagador de Promesas”, “La Guarda Cuidadosa”, de Cervantes, “Tupac Amaru”, “Trabajadores”, entonces tuve la gran satisfacción y el orgullo de haber actuado, nada menos que en el Teatro Sucre, con esas grandes obras y bajo la dirección de Fabio Pacchioni, un italiano que vino al Ecuador comisionado por la UNESCO, para crear un movimiento teatral que ya hacía falta en el país. Posteriormente participé, esporádicamente, en otras obras teatrales, bajo la dirección de Eduardo Almeida”.


- ¿Por qué, siendo tan importante el movimiento teatral que se creó, no te atrapó el teatro tanto como para quedarte en él y dejar la radiodifusión, en la que también eras un afamado locutor?

- “El problema no era de posibilidades histriónicas, sino que era un problema esencialmente económico, yo trabajaba para la radio y ese era mi sustento económico, el teatro no rendía nada económicamente, yo tenía necesidad de un sueldo que me permita subsistir, con mi familia, ese fue el problema fundamental”.

- ¿Puedes señalarnos las diferencias que existen entre el teatro radiofónico y el teatro en las tablas?

- Bueno, son totalmente distintos, en el teatro radiofónico tú tienes que saber interpretar los diversos papeles, las diferentes situaciones artísticas, utilizando solamente la voz; es decir, si eres un buen actor, puedes hacer con la voz la simulación de cualquier personaje: un anciano, un joven o un niño, mientras que en las tablas, en donde te presentas físicamente, tienes que demostrar prácticamente tus condiciones histriónicas, que en muchas ocasiones inclusive reemplazan a la voz, solamente con un gesto o con un movimiento. Para mí, el Teatro es la expresión más completa del arte, puesto que en la radio o en la televisión, inclusive en el cine, si una escena te sale mal, puedes repetirla hasta que salga perfecta, en las tablas tienes una sola oportunidad para lograr esa perfección artística frente al público, en vivo y en directo”.

- ¿Tú crees que con el aparecimiento de la televisión, el radioteatro desapareció?

- “Yo creo que, prácticamente, sí sucedió eso; nosotros hicimos, entre el 68 y el 70, “Leyendas y Tradiciones del Ecuador” para la radio, y desde esa época yo no conozco de alguien que haya hecho radioteatro. Lo que si quiero destacar es que fui el creador de “Leyendas y tradiciones del Ecuador”, que lo comenzamos a hacer en l968 y terminamos en el 70; en dos años hicimos aproximadamente 90 episodios. La importancia fundamental de este trabajo fue la de preservar para el futuro lo que hicieron nuestros antepasados, sus costumbres, su gusto por las cosas, su manera de vivir, detalles que conforman lo que ahora se ha dado en llamar “identidad”. Las obras de radio-teatro “Leyendas y Tradiciones del Ecuador” persiguieron ese objetivo, y más aún, después de haber transcurrido cuarenta años desde su creación, se lo sigue trasmitiendo en Radio Quito, convirtiéndose así en el programa de radio-teatro más antiguo que tiene el Ecuador”.

- ¿Tu vida de locutor terminó en la televisión o en la radio?

- “La última radio en la que trabajé fue Radio Quito, de ahí me fui al Canal 8 con Jorge Mantilla y en l975 me separé del Canal 8, para independizarme, creando una empresa productora de radio y televisión, esta empresa la creamos con mi hijo, Jorge Luis, que estudió periodismo y ahora es profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central”.