Pandillas de historiadores, con muy pocas y honrosas excepciones, han dado cuenta de “su historia”, esa que mantiene “muy en alto” el supuesto heroísmo de sus ancestros reflejado hoy en calles y avenidas; esa que perpetra nombres y apellidos citadinos, peruanoides, impostaciones todas de un país que calla verdades, inventa prohombres y oblitera, por completo, al pueblo de todas las sangres, de su epopeya inmarcesible, sangrienta y sacrificada. Dije, por estas razones, no ha mucho en el programa televisivo Fuego Cruzado, que proponía como la gran figura de la historia patria al Soldado Desconocido y a la Rabona Heroica de todas las guerras del Perú.

Un intelectual de nota, iconoclasta señalador de genuinas circunstancias, muy edulcoradas por esas cáfilas de historiadores a la carta, dice lo siguiente: “Ahora entiendo mejor por qué se mantiene el 28 como referente de la independencia del Perú, pues al igual que la historia contada, también es una fecha impostada. El Perú fue realmente libre el 26 de enero de 1827 luego de rebelarse la tropa de ocupación colombiana. Tan cierto es esto, que sólo después las potencias de la época comenzaron a reconocer al Perú. Antes no, porque como muy bien lo precisó Benjamín Constant, no podía considerarse como independiente a un país ocupado.” En ese mismo espacio por televisión, el sociólogo Carlos Bejarano aludió a los analfabetos funcionales refiriéndose a quienes, aún siendo estudiantes universitarios, carecían hasta de las más elementales herramientas de juicio, conocimiento y apego al terruño patrio, a su historia real y a la decantación de cuanto ocurrió que no es, en modo alguno, el conjunto de fábulas que nos han narrado los ilustres trovadores a sueldo y a conveniencia.

Además, inquiere con puntería imbatible, nuestro amigo escritor:

“¿Qué celebramos el 28? ¿El desplazamiento de La Serna y del ejército realista a la región andina? ¿La indolencia de San Martín, incapaz de librar combate y de batir a Canterac en setiembre de ese año 1821 entre San Borja y el Callao? ¿El incienso republicano desparramado por el tránsfuga Unánue? ¿Qué celebramos el 28? ¿La independencia de Lima a la que después Bolívar dejó en manos realistas? ¿No es cierto acaso que a la heroica Chachapoyas esa casta política mediocre, no se esmeró en regalar a Bolívar en 1829? Cuando uno observa la acogida festiva y fetichista del 28 por parte de los limeños y de la mayoría de peruanos, hay razón para concluir que la tarea para modificar esa falsa historia corresponde a un esfuerzo hercúleo. Lo triste es ver en el exterior a peruanos expulsados de su terruño por la ineptitud de los sucesivos gobiernos y llorar afuera por una patria ancestral que sigue siendo cautiva de la rapiña.”

En efecto, ¿qué celebramos el 28?

De cuentos, triquiñuelas, gazapos, embustes, está plagada la historia del Perú. La patota pretextó a Mariano Ignacio Prado y su viaje incomprensible y torpísimo, en diciembre de 1879, como el responsable de un saqueo, joyas y dinero, que “le robó” al Perú; luego construyeron la especie que los chilenos en esa guerra de agresión de 1879 a 1883, eran monstruos únicos culpables de cuanto ocurrió. No explican cómo Piérola hizo todo lo que estuvo a su alcance para desabastecer y empobrecer al Ejército del Sur que sólo mordió el polvo de las derrotas en Tacna y Arica. ¿Quién le dice al Perú del porqué se construyó la “Ciudadela Piérola” en las faldas del Cerro San Cristóbal, se emplazaron cañones que jamás dispararon y de cómo es que ¡6 mil soldados de la reserva! NO combatieron y fueron licenciados por el dictadorcito de opereta don Nicolás, esos fatídicos días de enero de 1881? ¿por causa de qué ese consejo de guerra, de la noche del 13 de enero, cuando los invasores embriagados debieron haber sido expulsados a sangre y fuego, nuestros altos oficiales obedecieron a un ilegítimo presidente además de inepto y no hicieron lo único que debían haber hecho y que era descerrajarle un tiro en la cabeza? Luego advino Miraflores y la ocupación general del país. Imposible ser profeta del pasado, pero sí es una terrible verdad puntual que las pandillas han ocultado explicaciones que sus tíos, abuelos, tatarabuelos, tuvieron el deber de haber dado. Hecho que jamás hicieron.

Con desamor no se construye, se vive como se lo hace en Perú, con castas políticas tan mediocres como las de siempre; con falta de corazón y fines, es imposible construir un país, como sí lo hicieron civilizaciones antiguas, más sabias que las directoras de hoy y cuyo único privilegio consiste en seguir ocultando la verdad a las nuevas promociones porque es evidente que la historia les condena y los declara como lo que son: claudicantes y entreguistas.

¿Qué celebramos el 28? ¿Orgullosos de ser peruanos? Ricardo Letts, en el mencionado programa subrayó su sentimiento e identificación con las multitudes protestantes y capaces de salir a las calles. He allí una tarea perenne: incorporar al genuino protagonista de su lucha en la dirección del trabajo y el destierro terminal de los vendepatria y los quintacolumna.

Luis Tudela, hombre de experiencia docente y jurídica, afirmó que todo trabajo comienza desde las más tiernas épocas, desde la cuna, para así poder afirmar edificios con cultura, educación y patriotismo que se construye, pero no con fábulas y cuentos, sino con real, cruda y sobria revista de hechos y sucesos.

Va llegando la hora de licenciar, desnudar y castigar a quienes le han mentido al Perú desde el comienzo mismo de su vida republicana, larga estela de ignominia, de apellidos huecos y de glorias falsas. Recurrente como lacerante, la pregunta ¿qué celebramos el 28? debe servir a modo de piedra de toque, lampo de luz dinamizadora, soplo eterno de eterna ilusión. De otro modo, todo sigue igual a como estamos.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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