Las fuerzas oscurantistas del Ecuador llevan adelante una tenebrosa cruzada para infundir el miedo a los ecuatorianos en torno a la nueva Constitución que será sometida a plebiscito el próximo 28 de septiembre. Están todos juntos: politiqueros de la vieja partidocracia derechista, liderados por Jaime Nebot, Álvaro Noboa y Lucio Gutiérrez, ideólogos neoliberales como Pablo Lucio Paredes, César Montúfar y otros. Pero están también, y eso es lo nuevo del escenario político actual, la alta jerarquía eclesial y los medios de comunicación, ambos sustentos ideológicos del viejo sistema. Todos unidos en una batalla que incluye mentiras y distorsiones sobre los nuevos textos constitucionales.

Sí, mienten de manera descarada cuando sostienen que la nueva Constitución promueve el aborto y el matrimonio entre homosexuales. En realidad los artículos no hacen ni lo uno ni lo otro; hay que mirar detenidamente los textos para darse cuenta de que los prelados están pecando al mentir.

En el colmo de la ridiculez, los jerarcas de la Iglesia se quejan porque la nueva carta política nombra a la Pacha Mama antes que a dios. Esta actitud de lo más atrasado de la reacción es un recurso desesperado de la oligarquía y el imperialismo para detener el proceso de cambio que se impulsa en el país, porque es obvio que si gana el NO se habrá retrocedido un gran trecho caminado hasta ahora con la lucha de los pueblos, y la derecha tendrá un gran respiro, los empresarios podrán mantener sus prebendas. La nueva Constitución, no siendo aún un instrumento revolucionario, es de avanzada, y ello preocupa profundamente a los sectores de poder.

Desde los medios de comunicación el discurso es similar: “denuncian” que los textos han sido cambiados a última hora, que el Presidente de la República pretende asumir todos los poderes; es decir, pretenden por todos los medios conducir el debate hacia cuestiones secundarias, sin real trascendencia respecto del trabajo de la Asamblea. Ninguno de estos sectores profundiza en los aspectos claves: Con la nueva Constitución se pretende un Estado que amplíe los derechos para vivir bien, con prioridad para las personas con mayores necesidades y garantizando recursos seguros y permanentes. Los nuevos derechos para el buen vivir son: agua y alimentación, ambiente sano, comunicación e información, cultura y ciencia, educación, hábitat y vivienda, salud, trabajo y seguridad social.

Contaremos con un Sistema de Inclusión y Equidad Social, como un conjunto coordinado que favorece a la educación, la salud, la seguridad social, la ciencia y la tecnología, el hábitat y la vivienda, la recreación y el tiempo libre.

La educación será gratuita, laica y de calidad en la escuela, el colegio y la universidad. La salud también será gratuita, así como las medicinas para las personas con enfermedades catastróficas como el cáncer.

El agua será un derecho humano fundamental, esencial para la vida, que no puede privatizarse, se la protegerá desde sus fuentes.

Se revisarán las concesiones y se condonarán las deudas de las planillas impagas de los más pobres.

La seguridad social será para todas y todos, para las amas de casa, para los campesinos y para los artesanos, para los migrantes. No se privatizará.

Tendremos soberanía alimentaria, para garantizar una alimentación suficiente, sana y de calidad, que apoya a la producción local y al comercio justo, cuidando a las personas y a la tierra.

La naturaleza tendrá derechos por primera vez en la historia del país y del mundo. El ambiente será sano porque vamos a cuidar la biodiversidad, evitando la contaminación y prohibiendo las sustancias que la deterioran.

Éstas, entre otras cosas, son las que la derecha no menciona, las que la Iglesia no analiza en sus púlpitos. Son las cosas con las que siempre han estado en desacuerdo. No hay otra forma de decirlo: mienten con todos los dientes, pretenden que nos quedemos con el viejo país de la corrupción, la inequidad y el entreguismo. Por ello, las organizaciones populares, los estudiantes, los maestros, los trabajadores, etc., deben movilizarse en una gran campaña de difusión de los contenidos reales de la nueva Constitución, y proponerse decir SÍ y mil veces SÍ al cambio.