7-8-2008

¿Quién defendería a la Patria?

Discurso del doctor Carlos Eyzaguirre Vernal*, con motivo de su incorporación a la Benémerita Sociedad Fundadores de la Independencia, Vencedores el 2 de mayo de 1866 y Defensores Calificados de la Patria 1979

Es para mí motivo de honda satisfacción dirigirles la palabra desde esta tribuna por encargo de las dignas personas que en la fecha tenemos el honor de haber sido incorporadas en el seno de esta Benemérita Sociedad, creada precisamente un día como hoy hace 122 años, para rendir permanente homenaje a los forjadores y defensores de nuestra Patria, que, con su ejemplo, nos señalaron el camino a seguir en defensa de los más elevados principios y valores de peruanidad, a la sombra de nuestro emblema nacional, para expresarles por mi intermedio el más profundo y sincero agradecimiento por habernos dispensado tan invalorable distintivo de contarnos entre sus miembros, que prometemos conservar con honor y lealtad a los fines para lo que fue creada.

Permítaseme, en lo que a mí respecta, hacer público mi agradecimiento a mis distinguidos amigos, los beneméritos señores Antonio Cavero Mariátegui y Enrique De Bernardis León, por cuyo intermedio he alcanzado tan honrosa distinción.

Como es lógico suponer, los presentes han de preguntarse ¿quién es el ciudadano que hace uso de la palabra en representación de tan selecto grupo de personas, nada menos que en la Sesión Solemne conmemorativa de los 122 años de fundación de esta Benemérita y Patriótica Sociedad?

Al respecto, diré, modestia aparte, que tengo el altísimo orgullo de ser peruano y descendiente del matrimonio de don Carlos Eyzaguirre Osorio, ariqueño, plebiscitario, hijo de don José María Eyzaguirre Pizarro, tacneño, y de doña Manuela Osorio Sosa, ariqueña, prima del coronel Justo Arias y Aragüez, héroe de Arica; progenitores que, para no inscribirle bajo bandera chilena, de escasos meses de edad, se trasladaron a Ica, donde lo bautizaron e inscribieron, inculcándole desde la cuna el amor al Perú, ingresando a la edad de los 15 años como alumno voluntario a la Sección de Artillería y Zapadores de la Escuela Militar, hoy Centro de Instrucción Militar del Perú, del 25 de abril de 1901 al 31 de enero de 1904, culminando su servicio como sargento 2° (Cuadro de Clases de la Sección de Artillería ) según constancia certificada del 20 de junio de 1968.

Posteriormente, en 1925, como ariqueño, se inscribió en el Comité Ejecutivo del Plebiscito de Tacna y Arica, con el N° 38, Legajo NE-144, 4-K, perteneciente al Registro de Familias Tacneñas y Ariqueñas residentes en Lima, como aparece en la Certificación del Archivo General del Ministerio de Relaciones Exteriores, que me fuera extendida por dicho ministerio el 28 de junio de 1968, habiendo servido al Estado por espacio de 46 años ininterrumpidos como empleado del Ministerio de Marina hasta el 31 de diciembre de 1955, fecha en que se jubiló por límite de edad, falleciendo el Centro Médico Naval el 15 de diciembre de 1962 a la edad de 76 años.

En cuanto a la línea materna, mi señora madre doña María Irene Vernal Nuñez, de Iquique, donde se casó con mi padre, fue hija de don Manuel Vernal y Marquesado, tarapaqueño, primo del Gran Mariscal del Perú y Soldado de la Ley, don Ramón Castilla y Marquesado, y sobrina del coronel Alfonso Ugarte Vernal, héroe de Arica; y de doña Micaela Núñez Santana.

Es por ello que los Beneméritos mencionados me animaron a pertenecer a esta Benemérita y Gloriosa Institución, por considerar que tenía derecho para ello de conformidad con los estatutos; anhelo que merced a vuestra benevolencia veo colmado plenamente.

Fue en virtud de estos antecedentes que en el mes de mayo de 1969, cuando desempeñaba el cargo de Vocal Titular de la Corte Superior de Tacna y Moquegua, usted, señor presidente, como presidente del Comité Central Pro Monumento Castilla, se dignó a invitarme a tan patriótico homenaje al mariscal don Ramón Castilla, a cuya inauguración y ceremonia patriótica tuve el honor de asistir como familiar del prócer, el 30 de mayo de ese año.

Señor presidente: habiendo sido declarado el presente año, “Año de Nuestros Héroes de la Guerra del Pacifico”, y ejerciendo usted la presidencia de la Comisión del Centenario de la Guerra del Pacífico, no quisiera dejar pasar la oportunidad para rendir el más fervoroso homenaje, no como familiar, sino como peruano, a uno de los héroes de la Batalla de Arica, del 7 de junio de 1880, el señor coronel don Alfonso Ugarte Vernal, injusta e ingratamente olvidado, pues no obstante que el Congreso Nacional aprobó la Ley N° 5861, promulgada por el Poder Ejecutivo el 21 de septiembre de 1927, en cuyo artículo único “se encarga al Poder Ejecutivo erigir en Lima un monumento al coronel Alfonso Ugarte Vernal”, retribuyendo en algo la deuda de gratitud que tiene el Perú con uno de los héroes de Arica, “teniéndose en cuenta además que ni la madre y hermana del héroe han gravado al fisco con las pensiones de montepío a que han tenido derecho, por cuanto es deber del Estado perpetuar la memoria del héroe tarapaqueño”; proyecto de ley que fuera presentado en la Legislatura Regional del centro, en Huancavelica, el 2 de junio de 1926 por el señor diputado regional por Lima Tomás Miles, mereciendo la aprobación unánime no sólo en la Cámara de Diputados sino en el Senado de la República cuando fue enviado al Congreso Nacional para su discusión y aprobación, dispensado de todo trámite, dada la finalidad del mismo, y promulgada la ley en la fecha mencionada.

Como recordará usted, señor presidente, por comunicación de 20 de mayo último, me permití molestar su atención solicitándoles en su condición de presidente de la Comisión de la Guerra del Pacifico, adjuntándoles la copia del proyecto, debates y ley mencionada, otorgada por la Asamblea Constituyente última, se dignara efectuar las gestiones pertinentes para que dicha ley sea cumplida, pues, considero y conmigo todos los peruanos que después de 52 años, es tiempo que suficiente para que el monumento mandado erigir sea una realidad.

¿Acaso Alfonso Ugarte Vernal, joven de 32 años, acaudalado, de una amplia y sólida cultura y don de gentes, a quien la vida le sonreía, acicateado por el amor al Perú y tierra que lo vio nacer, no dio su fortuna, comodidades, incluso el amor de su señora madre doña Rosa Vernal, quien cuando algunas de sus amistades le aconsejaban animara a su hijo para que se retirara de las filas por hallarse enfermo y herido en combate, pues, su aporte económico eran más que suficientes, con lo cual debería dar por cumplido su deber, en forma por demás elocuente de su arraigado amor a la Patria les respondió espartanamente:

“ si todas las madres fuéramos a retirar a nuestros hijos del Ejército y dar preferencia a nuestros sufrimientos ¿quién defendería a la Patria?”

No debemos olvidar tampoco, que el héroe de Arica, con intereses arraigados en Chile, en donde incluso hizo sus estudios, fue tentado por las Autoridades y Sociedad de ese país, para que no tomara las armas contra ellos, ofreciéndole toda clase de garantías; ofertas que fueron desechadas con resolución y coraje, prueba inequívoca de su temple de tarapaqueño; actitud que años más tarde Emilio Barreto, el Cantor del Cautiverio, sintetizara en aquellos versos a la Bandera en las siguientes palabras:

“Hay que evitar la afrenta sobre todo, Hay que evitar la afrenta sobre todo, Lodo, lodo, eso nunca. Sangre antes que lodo”.

El sacrificio de Alfonso Ugarte Vernal no puede considerarse producto de un acto heroico del momento. Nada de eso. De la carta que dirigiera desde Arica a su primo Fermín Vernal, residente en Tarapacá, el 1 de junio de 1880, 6 días antes de la Batalla de Arica, demuestra fehacientemente lo contrario, cuando entre otras cosas dice textualmente:

“ …Aquí en Arica, estamos solamente dos divisiones de nacionales defendiendo este punto y aun cuando somos tan pocos no podemos hacer lo de Iquique, abandonar el puerto y entregarlo, porque este puerto es artillado y tiene elementos y posiciones de defensa. Tenemos pues, que cumplir el honor, defendiendo esta plaza hasta que nos la arranquen a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el Honor Nacional. Estamos, pues, esperando por momentos ser atacados por mar y tierra. Dios sabe lo que resultará; así, ya puedes imaginarte mi triste situación. Sin embargo, es preciso resistir hasta el último y te puedo asegurar, también, que con las posiciones que ocupamos en el Morro, los cañones de grueso calibre y minas que tenemos preparadas, les costará muchas vidas a los chilenos reducirnos y quitarnos la plaza. Estamos resueltos a resistir con toda la seguridad de ser vencidos, pero es preciso cumplir con el deber y el honor. Quizá la suerte nos favorezca y lleguen con tiempo los refuerzos que esperamos de Arequipa y que hoy deben estar a pocas leguas de Tacna y podamos así recuperar este departamento, que lo tenemos ya perdido. Montero lo ha hecho peor que Buendía, porque hasta la fecha se han acordado de Arica y sus compañeros que deja sitiados por mar y tierra. Qué desesperante es mi situación, pero no por eso me doy por vencido, sino que, por el contrario, debo hacer los mayores esfuerzos en la defensa de la honra nacional….así pues, no pienses ya en el nuevo batallón allí por lo pronto; y solamente si por una gran suerte saliéramos bien, entonces te escribiré, si salvo el cuero de esta….”

La decisión de luchar hasta el sacrificio lo demuestra una vez más, cuando el 5 de junio en la noche, al ofrecer un austero banquete a los jefes y oficiales de la Guarnición del Morro, en cuya oportunidad cada uno de los asistentes expuso su punto de vista, mayoritariamente decididos a defender el peñón; reunión a la que se conoce como la “Cena de los Héroes”, el coronel Alfonso Ugarte Vernal, pidiéndole permiso a su jefe, el coronel Francisco Bolognesi, dijo:

“..hay momentos en que no se lucha solamente en razón de ventajas militares. Así nos quedásemos completamente solos en Arica, soy de la opinión que no nos debemos rendir. Han profanado nuestro país, violado nuestras mujeres, repasado a nuestros heridos, traicionado nuestra confianza, robando nuestras riquezas, pillando nuestros hogares, señor: Yo me niego rotundamente a entregar mi espada a ningún oficial chileno, en ninguna época ni lugar..”

Su sacrificio, pues, es sólo la fiel manifestación del cumplimiento de la palabra empeñada, puesto que desde que las damas tarapaqueñas le entregaron la Bandera de Guerra bordada por ellas para el batallón “Iquique”, que formara y equipara con su peculio, juró defenderlo con su propia vida.

Fue, pues, en cumplimiento de tan solemne juramento que al ver la bandera en peligro de caer en manos del enemigo y que fuera usada como trofeo de guerra, y, cuando ya todo estaba perdido, tomándola en sus manos para salvarla, se precipitó al abismo espoloneando a su cabalgadura desde lo más alto del Morro legendario, pues, siendo comandante de la 8ava División integrada por los batallones “Iquique” y “Tarapacá”, lógico es suponer que él no tenía por qué tener la bandera en su poder.

Por lo demás, su heroico comportamiento en la Batalla de San Francisco, Tarapacá y el Morro de Arica, peleando en esta última herido y enfermo, lo certifican el general Juan Buendía y lo coroneles Francisco Bolognesi, Andrés Avelino Cáceres y Belisario Suárez, entre otros.

Es por esta razón, señor presidente, que considero propicia la ocasión para pedirle desde esta tribuna en su condición de presidente de la Comisión del Centenario de la Guerra del Pacífico, haga las gestiones necesarias a fin de que se dé cumplimiento a la Ley 5861, y el monumento ecuestre al coronel Alfonso Ugarte Vernal en Lima, sea una realidad, el mismo que podría inaugurarse el 7 de junio de 1980, al cumplirse el centenario de la Batalla de Arica, fecha de su inmolación, y así la patria salde en algo la deuda para con tan ilustre, abnegado y valiente peruano que todo lo dio a este Perú que tanto amaba, como sólo espíritu de su dimensión pueden hacerlo.

*Versión textual proporcionada amablemente por Carlos Eyzaguirre Rivera, hijo de Carlos Eyzaguirre Vernal, [email protected]