- ¿Y en cuanto al humor?

– El humor es otra cosa. Tiene varios condimentos, una de las cosas que tiene es que está atado a la actualidad, y como tal es efímero, porque es efímero el tema, y muchos chistes que hoy son entendibles en toda su potencia, dentro de un año no sabés de qué hablaba. Pero hay otro humor que es más permanente, Mafalda es un ejemplo clásico, ¿no? Quino con Mafalda, Mordillo, el mismo Fontanarrosa con Inodoro Pereyra.

- ¿Vos te sentís medio atado a esta cuestión de lo cotidiano, inmediato?

– Mirá, yo tengo varios laburos en este momento: uno es la tira de Matías, que a mí me gusta mucho hacerla porque ahí hablo de los sentimientos, de muchas cosas que tienen que ver con los sentimientos en la relación madre-hijo, hombre-mujer, todo ese tipo de cosas; después hablo mucho de sexo desde un humor más adulto en la parte de los clasificados; y luego de la actualidad me ocupo en la página 2 del diario y en la contratapa de Acción. Creo que si tuviera que hacer diferentes espacios pero que sean sobre lo mismo me resultaría agobiante, pero ese mix me funciona bien.

– Vos solés decir que no ves a Matías como una historieta de situaciones sino de sensaciones y sentimientos, lo que la hace más universal…

– Mirá, yo creo que cuando uno hace una cosa con un grado de confesión más o menos alto y la calidad es correcta, tiene ciertas características que permite consumirlo en cualquier parte. No hace falta que sea una gran obra para que sea entendida en otra parte, me parece que hay emociones que atraviesan nuestra vida: el amor, la ira, la codicia, el deseo. Entonces me parece que cuando vos hablás, y usás la excusa de un chico, de alguna forma también lo universalizás. No todos fuimos bomberos, no todos fuimos cowboys o súper héroes, pero sí todos fuimos chicos.

– Y en tu profesión, ¿cuándo dijiste “esto es lo mío”?

– Me acuerdo que de chico siempre le pedía a mi vieja que me mandara a estudiar dibujo y mi vieja empecinada con que tenía que estudiar inglés, y así era que yo me hacía la rata a inglés años enteros. Y cuando pude me fui a Bellas Artes y me puse a estudiar dibujo, pero ahí empezó la pelea con los profesores, porque yo les decía a los profesores que no quería ser artista. Y de lo que no me daba cuenta era de que no quería ser artista de caballete. Yo lo que quiero es hacer lo mío, y siento que lo mío es el humor, porque me da mucho placer hacer humor, y escribir. La historieta junta esa cosa del humor, de la escritura y del dibujo.

– ¿Te importa si se ve a la historieta como arte?

– Yo hago lo que se me da la gana, y lo hago lo mejor posible. Lo único que puedo decir en favor de si es arte o no es arte es que doy lo mejor de mí para hacerlo, y hago las cosas con todo el gusto de haber hecho ese trabajo. Yo creo que hay una concepción del arte y es que si tiene forma de cuadro es arte. Y no: si tiene forma de cuadro es un cuadro. Son formatos. Hay cosas que son verdaderamente artísticas y que bueno, no tuvieron, a lo mejor, el reconocimiento porque no tienen el formato artístico. Hay gente que hace grandes porquerías de mármol, y hay gente que hace, de la nada, de tontería, obra de arte. Entonces me parece que lo que define el arte es la honestidad, el grado de veracidad con el que el artista haya conseguido confesarse y la posibilidad que el otro lo decodifique, porque si nadie lo consigue entender ya no tiene ese valor, ¿no?

– ¿Y cómo es tu relación con el lector?

– Yo hago el dibujo en la soledad del escritorio, después lo tiro en la redacción y bueno, al día siguiente, cuando las cosas salen bien o salen mal, ya es tarde para corregirlas. Pero bueno, si el resultado es bueno, con el tiempo se nota. Lo bueno es que, cuando hago alguna exposición y me meto entre la gente, como mi cara no es tan conocida me puedo meter sin que se den cuenta, y los veo riéndose frente a los cuadros, es una satisfacción impagable, es una satisfacción de parto, realmente el corazón te late.

– Así como el tema de la actualidad está tan presente en tu trabajo, ¿no te sentís periodista?

– No, me siento lector, un lector que publica. Eso lo digo siempre. No me siento periodista, los periodistas son gente que piensa que siempre hay una verdad atrás, y es probable que tengan razón. Yo recibo la noticia cuando ya está publicada, o sea que no soy parte del armado de la noticia, la leo como lector y al día siguiente doy mi opinión sobre eso.

– ¿Y te considerás humorista?

– Sí, lógico. Lo de dibujante es un oficio adquirido. Pero creo que soy humorista por naturaleza. Yo, por ejemplo, veo dibujantes que hacen humor para poder publicar sus dibujos, yo soy un humorista que dibuja para publicar su humor.

– Alguna vez dijiste que el chiste, para vos, pasa a segunda instancia, que te importa más dejar pensando al lector…

– Lo que yo digo es que en cada dibujo uno tiene que hacer una confesión, pero no tiene por qué ser una gran confesión, puede ser grande o pequeña. Lo que tiene que tener es un grado de autenticidad y tener que ver con lo que uno piensa. Lógicamente, una pieza de humor es una cosa lo suficientemente breve como para no poder explicar, uno, su forma de ver el mundo en una sola pieza, pero el continuo de lo que uno va haciendo nos define frente a la gente, y es posible entender cómo uno es a través de lo que dice y de lo que no dice, ¿no? Yo creo que la cualidad más importante del humor es la sorpresa, y junto con la sorpresa va implícito el hecho de que la información te ingresa por un lugar diferente. Y me da la impresión de que el humor tiene esa cualidad: la de decir no mucha más información que la que dicen los demás, pero decirlo de una forma que hace que vos de nuevo le prestes atención. Para mí eso es muy importante porque hay un tipo de información, que nosotros, de tanto verla, de tanto sentirla, ya la aceptamos, y no nos rebelamos frente a cosas que nos pasan todos los días. Entonces necesitamos que esa información nos ingrese de una forma diferente para poder decir: esto es inaceptable, por ejemplo.

Nota publicada en la revista Acción 1009 de la primera quincena de septiembre de 2008