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Hugo Chávez: «¡Ya basta de tanta mierda yankis! ¡Váyanse al carajo!»

Hugo Chávez es de los pocos que estimula este mundo de mediocridad, aburrimiento, seguidismo y resignación. Cómo me divierto con el penúltimo cabreo de los medios de comunicación por sus bravatas. Podremos estar de acuerdo o no con ellas, o más o menos de acuerdo con su lenguaje, pero le mete vidilla a esta dictadura democrática en la que sobrevivimos. Estados Unidos dispone en el mundo de la red de espías más extensa de la historia, cuya implicación en una larga sucesión de conspiraciones, secuestros, asesinatos y actos de terrorismo ha sido ampliamente demostrada.

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Ese artículo de opinión de nuestro colega Ramón Reig del portal Rebelión apareció originalmente bajo el título: «¡Váyanse al carajo! Esto se anima», el 15 de septiembre de 2008.

¿Quién no ha deseado alguna vez mandar al carajo a su jefe o a mucha gente? ¿Por qué no se hace? Porque tememos la represión, la represalia, la reprimenda, el aislamiento, la soledad. En eso se basa la llamada “espiral del silencio”, en el miedo. Suelo hablarles a mis alumnos de la famosa teoría de la catarsis, aplicada a la comunicación. “Alguno de ustedes puede estar deseando pegarme una bofetada pero sabe que no queda bien ni está bonito cascarle al profesor. Entonces, no tienen más que proyectarse a través de las millones de bofetadas que ven en los medios de comunicación”. Aún así, no estamos libres de una agresión, hay antecedentes.

Sin embargo, Chávez se ha permitido el lujo de mandar al carajo a los señoritos de siempre y, miren, estoy con él, le doy la razón porque en nombre del progreso, la democracia y la Ilustración no se pueden cometer las barbaridades que EEUU ha cometido en América Latina. Chávez les ha dicho a los yanquis que son unos mierdas y que se vayan al carajo. Y nos hemos rasgado las vestiduras. Los yanquis, en vez de decirle a alguien que se vaya al carajo, lo envían directamente, con y sin autorización internacional. Lo llevan haciendo desde hace décadas.

Critican a los dictadores que ellos no han encumbrado, hablan de derechos humanos pero sus ciudadanos carecen del derecho a una atención médica digna; hablan de modernidad y de sociedad del conocimiento pero tienen en su suelo estados con pena de muerte, estados en los que se prohíbe enseñar a Darwin o preguntar en los exámenes cuestiones de evolucionismo; creen que el mundo comenzó en el siglo XVIII, cuando se fundaron los EEUU; cognitivamente, viven encerrados en ellos, no tenemos más que verlos por las calles, incluso Dan Brown vivió en Sevilla un tiempo, estudiando Historia del Arte, y escribió una novela, La fortaleza digital, en la que demuestra que no tiene ni puta idea de la ciudad en la que estuvo. Los yanquis le prohíben tener armas atómicas a sus enemigos porque dicen que son peligrosas para la seguridad mundial pero a la gente se la conoce por sus hechos y aquí los únicos que han lanzado dos bombas atómicas para matar de forma indiscriminada han sido los EEUU.

Algunos edificios que vemos en ese país imitan el estilo romano pero al menos el imperio romano asimilaba aspectos culturales de sus conquistados y las incorporaba a su acervo; nuestro imperio, al contrario, nos impone sus costumbres o las roba de otros lugares y las adapta para la venta. Estamos en manos de vendedores analfabetos que han intentado comerciar hasta con el ADN humano. Lo malo es que cuentan con cómplices en Europa que no desean europeizar el mundo sino agringar Europa, por eso esta gentuza a la que Chávez ha mandado al carajo tiene derecho de pernada aquí y allá. Por eso y porque los cobija un enorme paraguas mediático cuyos efectos son fáciles de comprobar.

Por ejemplo, ¿un niño español o europeo es un niño español o europeo según su aspecto, su mentalidad y su comportamiento? No, cada vez más es un niño gringo: viste como un gringo, compite y comercia con casi todo, es agresivo en una medida alta o extrema, a veces, y se siente un “fracasado” a las primeras de cambio. Desde luego, esos EEUU oficiales, visibles, a los que Chávez ha enviado al carajo, están muy bien enviados y eso no significa que no me acuerde de la gente que trabaja y vive allí tratando de lavar la imagen de un país que tiene patas arriba al planeta entero. Un general leal a Chávez me dijo en su despacho, en el mismo palacio presidencial de Caracas: “A mí me formaron en escuelas yanquis diciéndome que todo lo que es bueno para EEUU es bueno para América pero ya he descubierto que suele ser bueno sólo para los propios EEUU”. Fue cuando me di cuenta con claridad de que algo estaba cambiando profundamente en América Latina.

Chávez les ha dicho mierdas a los gringos porque tiene poder para hacerlo. Ya era hora, desde los años 60 y 70 no oía yo gritos así: “Con uno que ha dicho NO Roma ha temblado”, dice Kirk Douglas en la película Espartaco, de Stanley Kubrick. Ya está bien: a primera vista, vencieron pero no convencieron y han llenado de porquería el mundo, mucho más que cuando estaba el demonio comunista. Han tenido demasiado tiempo (siglos) su oportunidad. Ya es hora de pensar en serio en clave hegeliana, marxista, leninista, nietzscheana, incluso moriniana. Aprender de los errores pero actuar ya, abandonar el eterno debate que le hace el juego a los de siempre y los legitima, ¿o es que aún no están claras las causas de “lo que pasa”? Nos han llenado de relatividad y papanatería con el pensamiento débil y posmoderno y llega un momento en que hay que echar mano de los resortes más contundentes que nos ofrece el lenguaje.

Ahora, a atenerse a las consecuencias pero lo que está claro es que el equilibrio del terror, por desgracia, es lo que inquieta al gringo, porque en EEUU se vive así, bajo el equilibrio del terror, con armas en casa, con controles en las aduanas, con muros en las fronteras, dándole la vuelta al precepto jurídico básico: allí uno no es inocente mientras no se demuestre lo contrario, allí uno es sospechoso y culpable mientras no se demuestre lo contrario, nada más que entras en el país quedas fichado con foto incluida y huellas digitalizadas. Es por el terrorismo, claro, pero los demás no hacemos lo mismo con los visitantes gringos, será porque nuestra conciencia está más tranquila. Aún así, habrá que hacerlo porque quién sabe, somos conscientes de que terrorismos hay muchos…

Hasta ahora, en lugar de eso, dejamos aterrizar a sus aviones espía que, de forma oculta, llevan presos a Guantánamo. Y permitimos que coloquen un llamado escudo antimisiles en la UE, criticamos a Rusia antes que a EEUU y eso que Rusia ya es buena, ya es mercantil y es Europa. La URSS estaba rodeada de misiles occidentales pero casi estalla la tercera guerra mundial con la crisis de Cuba. Ahora, a Rusia la joden por aquí y por allá, se juega con un país que ha perdido la dignidad y que está gobernado por gente de dudosísima reputación pero que aún conserva un potencial militar y energético importantísimo. Claro que a la hora de la verdad nos tragamos nuestras palabras y seguimos comprándole petróleo y gas, los necesitamos para seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades y para alimentar nuestros caprichos.

Desde 1991, sobre todo, con el nuevo orden mundial, queremos que todos piensen, actúen y vivan como nosotros, hay un neototalitarismo claro en torno al pensamiento hegemónico que impulsan las corrientes conservadoras y socialdemócratas apoyándose en sus medios de comunicación, como buenos voceros (unos y otros) del poder estructural. Ya era hora de que alguien levantara de nuevo la voz ante este atropello, alguien que tiene poder para hacerlo y que debe seguir incrementando ese poder pero, cuidado, mucho cuidado, me permito aconsejarle a los señores Chávez, Morales, etc., que no caigan en la tentación del nacionalismo indigenista excluyente porque no todo lo occidental ni lo estadounidense es negativo, hay aspectos que deben sintetizarse con aquellas culturas, se debe tender a una simbiosis porque, de no ser así, los apoyos que los citados dirigentes y otros mantienen hacia sus revoluciones se pueden diluir y ellos sabrán si esto es lo que desean, no me parece que les venga bien.

En Occidente hemos ideado la barbarie y la civilización, elíjase lo mejor y únase a lo autóctono, a ver qué se puede extraer de esta nueva situación histórica.

Espionaje, subversión y terrorismo: EE.UU. detiene el récord

Por Jean-Guy Allard, periodista canadiense

MIENTRAS mantiene a Cinco cubanos presos desde hace diez años, bajo el falso cargo de espionaje, por haber infiltrado a grupos terroristas de Miami, Estados Unidos dispone en el mundo de la red de espías más extensa de la historia, cuya implicación en una larga sucesión de conspiraciones, secuestros, asesinatos y actos de terrorismo ha sido ampliamente demostrada.

En términos de números, Washington detiene ya desde hace un par de décadas el récord mundial absoluto de la actividad de inteligencia, no solo entre sus enemigos o presuntos enemigos sino hasta en el aparato gubernamental y empresarial de las naciones que más apoyo le ofrecen.

Las fuentes más conocedoras del tema estiman en un mínimo de 300 000 agentes activos el staff de las 16 (DIECISEIS) agencias que constituyen la llamada comunidad de inteligencia sin contar los cientos de miles de informantes, colaboradores, políticos y funcionarios corruptos y traidores que recluta frenéticamente en el mundo entero.

En cuanto al presupuesto de esta gigantesca maquinaria del secreto, se valora de manera muy conservadora a no menos de 30 mil millones de dólares, una cantidad de dinero muy superior a los ingresos de varios países del tercer mundo.

Si la Central Intelligence Agency (CIA) es el órgano más conocido del mecanismo norteamericano de espionaje, la National Security Agency (NSA), la National Geospatial-Intelligence Agency (NGA), la Defense Intelligence Agency (DIA) y el National Reconaissance Office (NRO) no dejan de ser instrumentos extremadamente peligrosos de la inteligencia imperial.

La NSA busca penetrar la información detenida por otros países, amigos o enemigos. Ahí se concentran los cabezones del criptoanálisis, la criptografía, de la información digital…

El NRO maneja el conjunto del dispositivo de satélites de espionaje que arrastra toda la información que puede ser recogida desde el espacio.

La NGA se concentra en observar las regiones donde se sitúan los intereses militares norteamericanos priorizados.

La DIA, que pertenece a las fuerzas armadas, coordina la intensa actividad de espionaje de todos los agregados de defensa de la red diplomática, de los militares diseminados por todo el planeta y busca sistemáticamente información de interés militar por todas las vías.

La comunidad de inteligencia también cuenta entre sus miembros con la Oficina del Director de la Inteligencia Nacional (DNI), encabezada por Mike McConnell, un ex vicealmirante de la US Navy, puro producto fascistoide de la Guerra Fría, que informa al presidente y maneja el conjunto del programa de inteligencia de Estados Unidos. En otras palabras, McConnell es desde el 13 de febrero de 2007, el zar del espionaje imperial.

El Buró de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado es quien provee análisis a la alta jerarquía de esa instancia de los distintos eventos que van sucediéndose en el mundo.

El bien conocido Buró Federal de Investigaciones (FBI) también tiene su misión de inteligencia interna y vimos con el arresto de Los Cinco patriotas cubanos cómo aplican al pie de la letra las órdenes de la Casa Blanca de los Bush cuando se trata de colaboración con la fauna mafiosa cubanoamericana y de apoyo a los planes anexionistas contra Cuba.

Este potente aparato de seguridad del estado norteamericano es responsable propiamente de identificar las amenazas, falsas o verdaderas, a la seguridad nacional y de "penetrar (así se dice oficialmente) las redes nacionales y transnacionales que tienen deseo y capacidad de hacer daño a los Estados Unidos". De manera obvia, los terroristas cubanoamericanos quedan excluidos.

Siguen las organizaciones de espionaje específicas de cada sector de las fuerzas armadas: aviación, ejército, marina y los llamados marines. Los resultados de sus búsquedas, con los de la DIA, se suman a los de la CIA.

El Departamento de la Seguridad de la Patria (DHS) y su Dirección de Análisis de la Información y de la Protección de la Infraestructura (sic) tiene la responsabilidad precisa de espiar, escuchar, observar todo lo que es o pudiera ser opositor, terrorista de adentro o de afuera, extranjeros sospechosos, en fin, de todo lo que se mueve que no corresponde a los intereses del poder.

La Guardia Costera, aunque parte del DHS, desarrolla su actividad propia en materia de seguridad marítima, narcotráfico y, particularmente, inmigración que no conviene al poder. Luis Posada Carriles no tiene que preocuparse, no lo van a molestar.

El Departamento del Tesoro espía a los ciudadanos que tiene relaciones con determinados países. La OFAC dedica millones de dólares y gran parte de sus energías a espiar, detectar y castigar quién mantiene contactos con Cuba, individuos, empresas y organismos.

Finalmente, Drug Enforcement Administration (DEA) pretende combater al tráfico de narcóticos en nombre del país que más droga consume en el mundo y la inteligencia del Departamento de la Energía piratea la tecnología extranjera.

Lo que viene detrás de este inmenso universo del secreto de estado es lo más repugnante: secuestros, asesinatos, conspiraciones de todos tipos, magnicidios, prisiones secretas, atentados, etcetera. Hay para redactar una enciclopedia.

Mejor limitarse, por cuestión de espacio, a un solo episodio.

La inteligencia alemana entregó a los norteamericanos, en marzo de 1999, más de dos años y medio antes del 11 de septiembre, la identidad del terrorista Marwan Al’Shehhi, así como un número de teléfono sospechoso, después de monitorear una conversación entre este individuo y un presunto "líder de al-Qaeda".

Radicado en Hamburgo, Al’Shehhi se trasladó unos meses más tarde al Sur de la Florida, donde se entrenó para realizar, con otros 18 terroristas viviendo en su mayoría en esta misma región, el atentado más espectacular jamás visto. El de las Torres Gemelas.

Las 16 agencias del estado norteamericano no vieron nada. El FBI de Miami, entonces dirigido por el Agente Especial Héctor Pesquera, que tenía a Al’Shehhi y a sus amigos en su patio, ni una sola observación inscribió en su agenda.

Sin embargo, el 12 de septiembre de 1998 —hace exactamente diez años— ese mismo oficial realizó una inútilmente espectacular operación para arrestar en sus casas a unos cubanos que tenían todos como característica el encontrarse infiltrados en organizaciones criminales cubanoamericanas que se dedican a hostigar a la Revolución cubana.

Más grave aún. La operación policíaca se realizó a solicitud de cabecillas de esos mismos grupos con los cuales Pesquera se vinculó, con el apoyo activo de los representantes republicanos Lincoln Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, y la complicidad de miembros de la oficina del Director del FBI y de la Fiscal General Janet Reno.

Y con todo conocimiento de los Bush.

Así funciona la inteligencia imperial. Dieciséis agencias. Trescientos mil agentes. Treinta mil millones de presupuesto. Y millones de víctimas de un diabólico mecanismo cuyo único propósito es la dominación del mundo a favor del gran capital.

Fuentes: Rebelion 15 de septiembre de 2008 y Granma Internacional,

Artículo bajo licencia Creative Commons

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