por Javier Iván Arenas; [email protected]

Estoy frente a ella. Es difícil sostener la mirada frente a ella. Ella ríe, escupe como quién escupe sus males y se exculpa ante un dios que no cree (porque me dijo que no cree en dios) No tiene modales de señorita bien, tiene los ojos vivaces y la voz gangosa como una vieja locutora de radio romántica. Es sincera, habla lisuras a viva voz, tiene además una hijita de dos añitos, tan vivaz como ella, que no confunde diez céntimos con un nuevo sol. Alicia es tan impredecible. Es justo. Ella solo tiene dieciséis años. Además de eso Alicia fue víctima de Explotación Sexual Infantil.

Alicia nació en Moyobamba, ese lugar que junto a Nueva Cajamarca, además de Yurimaguas, aparecen en los reportes de las principales Onegés como los principales focos de procedencia para el comercio sexual. Las púberes de estos lugares se prostituyen a la vista cómoda y paciente de un caficho que las oferta como quien lo hace con un juane o con un tacacho con cecina. O, peor aún, como si se tratase de un tour a alguna de las maravillosas bellezas que existen en la Región San Martín. Muchas de ellas son luego destinadas (más tarde me debo de enterar que técnicamente se llaman Lugares de Destino) a Lima, Trujillo, Chiclayo a alguno de los pueblos donde existe auge económico, o, en todo caso, se quedan aquí a deambular en Tarapoto, ciudad ruidosa y de contrastes que aparece en la lista de beneficiados de la economía de mercado, con un crecimiento activo y vigoroso de 6.7% según el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática).

Eso quiere decir que hay más plata, trabajo y producción, también que hay cada vez más mototaxis que nunca saldrán en una guía oficial de turismo, de esas que se ofertan tanto a nacionales como a extranjeros. En esas páginas tampoco saldrá Alicia, ni su historia en un tríptico oficial de alguna Cámara de Turismo, Hotel, o Resort. La Explotación Sexual Infantil solo se consigue “solapa”, su existencia es soterrada, pero habla, llora, gime y sobre todo pide ser exterminada.

“A los diez años una amiga me metió en esto, luego un tío (entiendo que es uno de aquellos rufianes) me obligaba bajo amenazas de matarme, me salí por cuenta propia, creo que me dejaron salir porque iba a tener a mi hijita -dice Alicia- A los trece años me enteré que era adoptada cuando pedí consejo a mi vecina para abortar a mi bebe, pero ella me dijo: ¡Lucha!, acaso quieres que sea como tú. Mi verdadero padre es un alcohólico y mi madre una vagabunda.”

Quizá Alicia cumpla el complejo y no tan rígido imaginario que la Explotación Sexual Infantil se produce solo por la pobreza. Pero contrariamente a lo que se piensa, la génesis de la Explotación Sexual Infantil no solo radica en la pobreza extrema, que se traduce en falta de oportunidades para una vida mejor, analfabetismo y desnutrición, sino a la falta de afecto que existe en una familia. Tal afirmación pueda ser un tanto incomprensible pero no puedo refutarla. Por el otro lado está la representante del Movimiento El Pozo, una organización que viene trabajado el tema de la Explotación Sexual Infantil y es la abogada Tammy Quintanilla Zapata quien abiertamente dice “que la pobreza en realidad no es una causa sino un factor”. No podrá gustarle a muchos pero tiene algo de razón. El Movimiento El Pozo viene activamente trabajado el tema y entre sus principales logros está el haber rescatado a dos peruanas trabajando de prostitutas, explotadas y vejadas por compatriotas en Argentina y a otra más en Japón, por una mafia muy parecida a los Yakuza.

El proyecto “Fortaleciendo la sociedad civil para la prevención de la explotación sexual y comercial de niños, niñas y adolescentes en la Amazonía Peruana” que dirige la Ong CEDISA busca sensibilizar a la población de la región San Martín para acabar con este flagelo que día a día capta a más infantes a prostituirse y atrae a más cafichos con ganas de billete a diestra y siniestra. La coordinadora del Proyecto Marta del Castillo también asegura que la “desprotección, el entorno familiar de desinterés y de violencia hace que no sea atractivo para vivir y sea presa fácil de algún delincuente que les ofrezca una oferta más atractiva de vivir”

En Nueva Cajamarca, un estudio realizado por la CRS (Catholic Relief Service) estima que las jóvenes entre 14 y 18 años de bajos recursos y dificultades económicas son las más propensas a convertirse en víctimas de prostitución infantil. La Organización Internacional advierte que dos millones de niños son actualmente sometidos a Explotación Sexual del Trabajo. En el decenio de 1990 un millón de menores en Latinoamérica fue introducido en la industria sexual cada año según la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niños de México. Por otro lado la Defensoría del Pueblo registra que cada 10 minutos son abusados 5 niños. Esto quiere decir que para cuando este reportaje se hizo muchos niños y adolescentes han caído sobre esta fría y calculada estadística. No solo el preocupante, es tétrico.

Alicia está frente a mi y no puedo sostener la mirada. No puedo explicarle cifras. No comprendería porque ella es el reflejo de aquellas cifras. Ella habla, sonríe y siente. Estoy frente a una de esas cifras que tan gustosamente la encontramos en Internet o están allí para “sensibilizarnos”. Su hija es hermosa, tiene sus ojos, es coqueta apenas a los dos años, me juega con la mirada y se ríe. Afuera de los Motocars compiten como si fuera una pista libre de gente y el sol adormece los ojos. Cómo quisiera que ella misma cuente su historia, que ella hable a través de cada palabra escrita mientras me trago a salivazo limpio cada detalle.

“Mi primera vez fue con un viejo, que olía horrible, su boca apestaba y me pagó con diez soles, un jean y una blusa... Clarito me acuerdo”, replica Alicia. No hay nostalgia, ira, cólera, nada cuando lo cuenta. Yo sí siento. Normalmente a los diez años las niñas aún está con muñecas y jugando al te. Normalmente, digo. Alguien pensará: ¿cómo una wambra (1) puede entregarse a un viejo a los diez años? Pienso en una sobrina mía y se me entumece el cuerpo. Pienso además en aquellas percepciones que alimentan y perpetúan la Explotación Sexual Infantil, encerradas bajo frases en el imaginario popular como “las charapas son ardientes”, “las niñitas son más estrechas”, “a las selváticas les gusta el sexo”.

Uno puede conocer dónde encontrar niñas al por menor y mayor en una ciudad como Tarapoto, Moyobamba o Nueva Cajamarca. Basta con tomar una motocar o mototaxi y preguntar: ¡hey maestro! ¿dónde consigo una chibola de catorce o trece? Ellos como buenos sabedores del producto local no pararan de citar prostíbulos, pubs, bares solapas y hoteles donde poder concretar un affaire. Me pregunto si la Explotación Sexual Infantil se ha convertido en un factor básico de la producción de la plusvalía en San Martín, semejante a lo que ocurre en la lejanísima Indonesia, el paraíso preferido para los pedófilos y pederastas de todo el orbe. La oferta de prostitución Infantil es estremecedora en esta región pero falta el otro componente vital para que el círculo de cierre, según los estudios de la economía de libre mercado de Smith: la demanda (otro componente es el proxeneta o caficho, que económicamente vendría a ser algo así como el intermediario, o sea una especie mercantilismo sexual)

¿Cómo conocer al que exige una niña o niño de trece años que bien podría ser su hijo para aplacar su libidinosa inconsciencia? Esa pregunta se la hago nuevamente a Zapata, y me dice: podrías ser tú, podría ser el que está pasando, el de enfrente (pasa un tipo esmirriado) es muy difícil conocer al demandante. Unas clases de marketing para conocer al P.O (público objetivo o como gusta a los marketeros: el target) no valdría mal, por lo menos ya sabemos que sus gustos bordean actos amorales y sobre todo delincuenciales.

Así es. En el Perú existen normas que establecen claramente la defensa de los niños frente a la Explotación Sexual. La ley N° 28251 que no se cumple a cabalidad sobre todo teniendo a una División de Investigación de trata de Personas que cuenta apenas con 25 agentes para 28 millones de habitantes, como alguien le hizo notar al Comandante PNP, Carlos Salazar Legua, en un taller que se dictó para conocer el Marco Jurídico Legal Nacional e Internacional contra la trata sexual infantil. Por otro lado el Perú ha firmado el Protocolo de Palermo ratificado en mayo de 2002 y el Protocolo contra la Trata de Personas de la Convención contra la Delincuencia organizada y la mafia internacional.

¿Cómo decirle, explicarle, a Alicia que estuvo implícita en todas las leyes y normas como una víctima? Imposible. La miro, me gusta su forma lejana a la delicadeza y su franqueza, esa sinceridad tan elocuente que me hizo conocerla cuando inocentemente le pregunté si sabía de algún caso de Prostitución Infantil y me dijo: “Sí, yo estuve en eso y no me arrepiento”

Le pregunto insensatamente si le gustó. ¿Cómo me va a gustar? Yo me alejé por mi hijita, porque se daba cuenta y no quiero que ella sea como yo. No fue fácil. El tío me pegó para no salirme. Me escapé. En eso la nenita, le pregunta a su madre: “¿Mami ese señor es tu novio?” No hijita -le responde- Y me dice: “Oye yo conozco a una wambrilla que te puede ayudar a hacer lo que estás haciendo”, y me deja oír ese inusual dejo cantado propio de la Amazonía peruana.

No se da cuenta que le vengo haciendo el reportaje desde hace dos horas.

1. Wambra o wambrilla: chica, mujer.