“Y bajo ese mesmo Cristo Negra nube de buitres de trapo vinieron. Tantos. Cientos de casas hicieron en la Patria Miles de hijos. Robos de altar. Pillerías de cama...” César Dávila Andrade (Boletín y elegía de las mitas)

Cual hienas hambrientas, las cúpulas ultraconservadoras de las iglesias católica y evangélica, desde púlpitos y altares tratan de detener lo indetenible, el anhelo de cambio del pueblo ecuatoriano.

Sin vergüenza mienten dentro de la casa de Dios, cual fariseos hacen política tratando de hacer creer que hacen catequesis. Ya lo decía el viejo Marx: “La religión es el opio de los pueblos”.

Hace años que no creo en Pontífices purpurados, en Pastores santurrones olor a incienso, en estos instrumentos de la burguesía y la oligarquía que han transformado a su Dios en negocio y mercancía.

Hace años no voy a misa ni a ningún tipo de culto, no me confieso ante lobos prelados con piel de cordero pues recuerdo que asesinaron al Inca Atahualpa acusándolo de políteista, que azuzaron al populacho curuchupa para arrastrar a Eloy Alfaro, que hace poco nomás vendían indulgencias y parcelas en el cielo, y que llamaban a votar por el Partido Social Cristiano y la Democracia Popular porque dizque eran los partidos de taita Dios.

Estos curas cleroterratenientes hoy convertidos en cleropolíticos que bajo la tutela de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana no dijeron ni esta boca es mía cuando el robo del cura Flores en las Aduanas, ni cuando Sixto Durán Ballén los convirtió en tenedores de bonos de la deuda externa, hoy pretenden hacernos creer que el proyecto de Constitución redactada en Montecristi es abortista y que permite el matrimonio de los gays.

¿Se olvidan acaso que dentro de la Iglesia se han registrado centenas de miles de casos de homosexualidad, y que el Vaticano encubrió y ha empezado a indemnizar a las víctimas de pedofilia de curas en Diócesis de Estados Unidos y Canadá?

Estos curas, en contubernio con la derecha recalcitrante de este país, creen que se puede comprar la fe y la conciencia como lo hicieron durante el genocidio de la conquista española con espejitos, la Biblia en la mano, la cruz y la espada, soslayando que el Ecuador y Latinoamérica han despertado, pues el pueblo ha empezado a tener conciencia de sí mismo y de que puede ser el actor de su propio futuro.

¿Por qué la élite de las iglesias católica y evangélica se ha unido para atacar sin argumentos el proyecto de la nueva Constitución? Porque desde siempre han actuado como siameses para explotar al pueblo y porque perderán sus privilegios mal habidos.

Soy un ser humano que ama profundamente sus raíces andinas, que rinde tributo de agradecimiento a la Pachamama por su generosidad en las fiestas de la siembra y la cosecha como en el Inti Raymi, que admira la filosofía, la medicina y la sabiduría ancestral de nuestros pueblos milenarios.

Las cúpulas de las iglesias católica y evangélica no representan el sentir de la mayoría de los ecuatorianos pues hace tiempo que se desviaron de las enseñanzas del hijo del carpintero, a diferencia de Monseñor Leonidas Proaño, el obispo de los indios de Riobamba, Oscar Romero en Nicaragua y el cura poeta Ernesto Cardenal, que optaron por los pobres.

No, señores Ruiz Navas y Antonio Arregui, esta vez no nos van a convencer sus sermones anticomunistas y agoreros del infierno, sus flores y velas hipócritas de racismo y homofobia pues no hemos olvidado las atrocidades de las guerras santas, la Santa Inquisición, su encubrimiento al fascismo hitleriano y la dictadura pinochetista, a cardenales como los Borgia que fueron la expresión más abominable de todo tipo de excesos y perversión, a quienes persiguieron a curas y monjas, afines a la Teología de la Liberación.

¿Dónde estuvieron estos jerarcas sepulcros blanqueados de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, cuando sus compinches como Jamil Mahuad y los banqueros decretaron el feriado bancario? Seguramente sentados a la mesa del rico Epulón.

Si las aguas del Jordan en aquel tiempo hubieran estado privatizadas, seguramente Juan Bautista no hubiera podido cumplir con la profecía, no hubiera podido bautizar a quien ustedes dicen seguir, y ni siquiera hubiera habido noticia del espíritu santo.

Hoy vuelven los Juan Atampam, los Blas Llaguarcos, los Bernabé Ladña del “Boletín y elegía de las mitas” del poeta César Dávila Andrade, los hijos del Andrés Chiliquinga y la india Cunshi de la novela “Huasipungo” de Jorge Icaza.

Hoy estamos de pie los hijos de la Pachamama. Hemos identificado su cleropolítica y el engaño. Por toda respuesta en el Referéndum del 28 de Septiembre, diremos SÍ y millones de voces SÍ por la construcción del Socialismo y la patria nueva.