La emoción que puede causar llegar al cine a mirar una película que tanto se había esperado, no es nada en comparación a mirarse uno mismo, protagonizando su propia película, su primera y más importante película. Eso experimentaron los estudiantes del Séptimo Ciclo de Comunicación Social, de la Universidad Técnica de Cotopaxi, el pasado 27 de agosto, cuando se estrenó el mediometraje: “Periodismo, riesgo y verdad”.

Una emocionante noche comenzó con la instalación de los equipos de amplificación en el patio central del campus universitario, en San Felipe. El evento sería a lo grande: en el salón Luis Felipe Chávez se proyectaría la película para las autoridades, profesores, estudiantes de comunicación, familiares de los protagonistas e invitados especiales y, un poco más tarde, en el patio, los estudiantes de distintas especialidades y público en general accederían a la sala de cine improvisada que se armó con un infocus y una pantalla gigante.

Una noche que haría historia. Se trataba de la primera producción cinematográfica de esta alma mater, y una de las pocas que a nivel provincial se han realizado en los últimos tiempos. Es que, como lo dijo Franklin Falconí, docente de esta universidad y director de la película: “Ahora no resultará utópico pensar en jóvenes emprendedores, con vocación y capacidad suficiente para hacer más y mejores producciones cinematográficas en nuestra universidad. No es difícil imaginarse a esta provincia y a esta ciudad, en condiciones de disputarle los escenarios culturales a las grandes metrópolis de nuestro país”.

Algo de la trama…

El mediometraje surgió como un proyecto académico en la materia de Comunicación Alternativa, y tenía como propósito ensayar un género no explorado con frecuencia por los estudiantes de comunicación: la ficción. Es que el gran peso cultural que tiene la industria Hollywoodense en el mundo nos ha ido convenciendo, sobre todo a las provincias y regiones alejadas como Cotopaxi, que el cine está vedado para los sectores populares, que es un dominio y propiedad exclusiva de los “grandes”.

Por ello, la idea era demostrar que es posible hacer cine, con escasos recursos, con posibilidades técnicas limitadas, pero con un gran aval: el empuje, la audacia y la capacidad creadora de los jóvenes y, sobre todo, la necesidad de expresar.

La historia se desarrolla en el complejo y en ocasiones arriesgado mundo del periodismo, y desmitifica aquello de que un periodista nace con la vocación. En el film se demuestra que ésta aparece en el transcurso de la práctica, en relación directa con la realidad. Y muestra que el periodismo, antes que nada es solidaridad, es poner el interés colectivo por sobre el interés individual. Demuestra que el periodismo, el bueno, se sustenta, vive y se desarrolla con la investigación.

También interviene el criterio del trabajo en equipo. El protagonista nunca estará solo en su tarea de descubrir la verdad, sabe que cuenta con un grupo de amigos, de colegas, que darán todo y renunciarán a todo con tal de que se conozca la verdad y por ayudar a la gente que lo necesita.

El proyecto no culminó con este estreno, en realidad para los alumnos del Séptimo ciclo lo que ocurrió el 27 fue solo un preestreno, porque para delante está el propósito de mostrar la película a la comunidad cotopaxense toda, en uno de los locales más importantes de la ciudad, fuera de los predios universitarios. Algo que promete ser significativo, sobre todo si se toma en cuenta que en Latacunga no hay salas de cine y esa área de las artes es poco desarrollada.

Más allá de las dificultades técnicas que pueda tener esta producción, trasciende porque demuestra que se ha perdido el miedo a crear, que se ha permitido que vuelen las habilidades y destrezas de los jóvenes estudiantes de la UTC, y que hay la decisión de tomarle las riendas a ese esquivo corcel que es el lenguaje audiovisual.