Afirmó la Agencia Peruana de Noticias Andina en el último párrafo de la noticia del 28 de los corrientes y que lleva por título: Más de US$ 100 millones gastan al año visitantes chilenos en Tacna:

“Tacna, el departamento más meridional del Perú, fue ocupado por Chile desde 1880 tras la finalización de la Guerra del Pacífico. Sin abdicar de su nacionalidad peruana retornó a nuestro país casi medio siglo después”.

Es imprescindible preguntar a la Agencia Andina y a los que firman la nota PZA/JOT si ¿tienen alguna duda sobre la peruanidad férrea, heroica, clandestina cuando la fuerza así lo impuso, notoria e indeleble de Tacna antes de 1880 y desde entonces a la fecha? ¿a cuento de qué esta apostilla que pareciera poner en tela de juicio lo que no está en cuestión bajo ningún punto de vista?

El Tratado de Lima y su Protocolo Complementario del 3 de junio de 1929, establecieron la devolución de Tacna al Perú y la legalización del despojo de Arica. Tanto esta última como Tarapacá, regalada con el claudicante Tratado de Ancón firmado por el traidor Miguel Iglesias y José Antonio Lavalle en 1883 y ratificado por un Congreso y gobierno sostenidos por la autoridad de la pezuña invasora al año siguiente, siempre fueron peruanas. Sin embargo, en Andina no lo creen así y no es la primera vez que dan muestras de una rarísima forma de enjuiciar hechos que no admiten sino el apego y estricto cumplimiento de los pactos internacionales. A saber Tacna fue peruana y volvió al regazo patrio en 1929, luego de 49 años, y Arica quedó en posesión de Chile.

El próximo año se tomará conocimiento de las memorias (exposición de los protagonistas) de Perú y Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya por el caso de delimitación marítima planteado por nuestro país al vecino del sur. En la demanda el primer acápite refiere al Tratado de 1929 sobre el que Andina viene haciendo confusiones contumazmente en más de una oportunidad. Ahora un párrafo ocioso sobre un asunto zanjado y que solo fue violentado por la fuerza de las armas, ocupa la atención distraída o infiltrada de la agencia que pagan todos los peruanos y es el referido líneas antes y sobre Tacna y su indomeñable peruanidad.

Hay derecho a preguntar: ¿se redactan en Perú noticias de Andina? ¿cuáles los propósitos de PZA/JOT y la Agencia cuando de manera alegre, fuera absolutamente de contexto, ubica un párrafo ocioso que no produce ni enriquece la noticia sino la anemiza y mal define respecto de otros fenómenos como el que está circunscrito a las declaraciones del alcalde de Tacna que pone acento importante a la visita y al producto de éstas que dejan los turistas chilenos en la urbe a diario? Algo está ocurriendo en esa institución periodística teóricamente al servicio del Perú.

No sólo eso. Habla de una “guerra del Pacífico”. Lo que aconteció entre 1879-1883 fue la guerra de invasión de Chile contra Perú con los pretextos consabidos y vulgares del tratado de paz y alianza con Bolivia de 1873 y otras boberías que el tiempo desnudó en su lacerante realidad indiscutible. Regalar la aureola del Pacífico, pereza en que incurre casi la totalidad de historiadores plásticos, los más decentes y los del sur –como no podía ser de otro modo-, es parte de una práctica repugnante. Ese nombre referido al enorme océano fue inventado por quienes han querido revestir de grandeza a lo que fue un acto de rapiña al que Perú se vio envuelto y del que quedó como perjudicado casi único en un 95%.

La imprecisión en que navegan los peruanos respecto del casi nulo conocimiento de su historia, ni los periodistas o los que así suelen llamarse se salvan, es aberración cotidiana que no debe permitirse. Por supuesto, los llamados a corregir tajantemente estas imperfecciones inaceptables brillan, como de costumbre, por su ausencia: Cancillería, Congreso y gobierno. Dejar pasar, dejar hacer, aplicados concesiva y abusivamente da como resultado que se pretenda “escribir” historias comunes y borrar desfigurando los crímenes que informan una larguísima lista de agravios que si bien están en el pasado, hasta hoy no han merecido las disculpas públicas y arrepentimientos a que suelen acudir las naciones que pretenden ser dechados de grandeza.

Bien harían los peruanos en vigilar mejor qué ocurre en sus instituciones.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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