Así se llama el espacio periodístico que diariamente se emite en Radio Latina y a cargo de los periodistas Enrique García y Jaime Ayala y que ayer tuviera la gentileza de invitarme a dialogar sobre acontecimientos cotidianos. Es sorprendente que un programa tenga en día feriado la cantidad de llamadas que el público hace para expresar toda clase de opiniones. Más aún es un lugar en el aire que da cabida a innumerables temas ¡precisamente! que no se escuchan en ningún otro lugar.

Como no podía ser de otro modo el espectro de intervenciones telefónicas se refirió esencialmente a la crisis política desatada por los audios recientes y sobre PerúPetro, Petrotech y Discovery. De algún modo las expresiones trasuntaban rabia, censura absoluta al gobierno y los más disparatados demandaban la caída total del régimen. Cierto que nadie preguntó ¿y después qué? Cómo si no fuera ya suficiente lío la inmoralidad actual como para impulsar sismos a troche y moche.

Me cupo hacer una reflexión y un llamado a la serenidad. Recordé que en 1946, siendo primer ministro, don Rafael Belaunde, padre del entonces diputado por Lima, Fernando Belaunde Terry, había dicho que “las masas se combaten con las masas” aludiendo a que a retos políticos, respuestas de ese mismo tipo. La destrucción perversa porque sí o porque sale de los forros exaltados sólo lleva al vacío más oscuro y desesperanzado. Comparé la tesis del caos con el salto a la nada que promovió el terrorismo violentista que produjo la muerte de miles de inocentes, trauma del cual Perú aún no se recuperaba y del cual sí medraban pandillas políticas rufianescas.

En ocasión de celebrarse un aniversario más del Combate de Angamos y habiéndose mencionado con unción y respeto la figura heroica de Miguel Grau, debí subrayar que aquél había sido diputado y tuvo la chance de advertir a los gobiernos de su época cómo el desbalance militar nos empujaba en desventaja como se demostró a partir de 1879 y especialmente aquella mañana desgraciada a las 9.50 en Punta Angamos un día miércoles como ayer en que Perú perdía definitivamente cualquier presencia en el mar. Incidí en que Grau constituyó una prueba de la crónica anunciada que no tenía otro destino que el que tuvo.

Pedí al público oyente a que hiciera un ejercicio crítico y severo con los periodistas y no les creyera a rajatabla. Que sopesase las pruebas y las ejecutorias públicas, que aquilatara si valía la pena seguir oyendo, viendo por televisión o leyendo a perfectos imbéciles cuyas vidas apenas eran jirones los 15 y los 30 y para cobrar pero ¡jamás! para decir u opinar con entereza, responsabilidad o valentía. Sólo entonces el radioescucha debía otorgar crédito o censurar a los vectores y esto significaba una práctica hoy poco pensada y menos aquilatada: la posibilidad de dudar y luego creer o aborrecer.

Cuestionado sobre el sistema partidario sostuve que éste se hallaba en ruinas destempladas y que el trabajo de reconstrucción del Perú comenzaba en espacios radiales como el que nos invitaba sin guíones ni fábrica antelada pero para escuchar los llamados, críticas y toda clase de intervenciones que, felizmente, se produjeron con bastante intensidad. Constituyó pues la intervención en una radioemisora en AM una experiencia aleccionadora y se abrió la invitación a quienes quieran ir y exponer su denuncia o pensamiento. Sólo democracia fue, sin duda alguna, una puerta franca y de calidad sobresaliente. Muchas gracias colegas.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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