La prensa de Miami dio el “palo periodístico” al anunciar el permiso para que este longevo militante de más de siete organizaciones terroristas que operan en el sur de la Florida contra Cuba, avitualle a los presuntos “damnificados mercenarios” que dentro de la Isla sirven a los dictámenes hegemónicos de Washington.

Académicos, diplomáticos y periódicos como The New York Times han calificado severamente la actitud del gobierno norteamericano, negado a suspender al menos por seis meses el bloqueo económico, comercial y financiero que desde hace casi medio siglo aplica contra las familias cubanas, en momentos dramáticos, cuando dos huracanes han arrasado la ínsula.

En ese contexto, amanuenses solo hayan espacio para criticar la no aceptación del ofrecimiento envenenado.

La ecuación es simple: ¿quien admitiría limosnas condicionadas de alguien que sistemáticamente ha trabajado para estrangular a su familia durante 10 lustros?

El rechazo se erige sobre bases de dignidad y respeto.

La decisión de proclamar a un criminal como repartidor de dádivas deviene una burla más en el contexto de las agresiones al pueblo cubano.

Ramón Saúl Sánchez Rizo nació en Cuba en 1954. Reside en Estados Unidos desde muy joven. Se vincula en 1970 a los grupos terroristas Frente de Liberación Nacional Cubano, Abdala, Alpha-66, Jóvenes de la Estrella, CORU (autora del sabotaje al avión de Cubana de Aviación en 1976), Organización para la Liberación de Cuba, Omega 7 y Cuba Independiente y Democrática (CID).

Su expediente público incluye la participación en ataques piratas, planes de atentados y de secuestro y actos terroristas con explosivos.

También el personaje constituye promotor de las “flotillas” provocadoras contra Cuba de la organización terrorista Movimiento Democracia, la que preside, cómoda pantalla para obtener beneficios económicos de los presupuestos millonarios que anualmente destina el gobierno de EE.UU. para la subversión en la Antilla Mayor.

El abultado expediente delictivo de Sánchez Rizo incluye su participación el 10 de mayo de 1970 en un ataque pirata de Alpha 66 contra las embarcaciones pesqueras Plataforma I y Plataforma IV, de la cooperativa Capitán Miguel Ángel Rojas, de Caibarién, en la actual provincia de Villa Clara.

Esa “proeza” añadió la destrucción de los barcos de pesca y el secuestro de los 11 humildes pescadores cubanos en un islote de las Bahamas durante una semana, a quienes después abandonaron sin prestar atención a dos de ellos que estaban gravemente heridos.

También Sánchez Rizo ha participado en secuestros de personalidades de Florida, Nueva York, Caracas y México y con sus cómplices colocó una bomba bajo el auto de Raúl Roa, ex embajador de Cuba en la ONU, en un fallido intento para asesinarlo el 25 de marzo de 1980, hecho constatado por el Buró Federal de Investigaciones de EE.UU.

A partir de 1995 aparece públicamente como paladín de los derechos humanos y funda el Movimiento Democracia, cuya finalidad número uno apunta a recaudar dinero, invocando todas las causas innobles posibles, incluida la defensa del asesino Luís Posada Carriles y otros terroristas.

Otra de sus recurrentes “iniciativas” ha sido la de convertirse en “almirante” de flotillas de yates que realizan la travesía desde Miami hasta aguas jurisdiccionales cubanas, en procura de publicidad para recaudar más dinero y provocar acciones de confrontación militar entre Washington y La Habana.

Es solo una muestra de lo que acostumbra a hacer el hombre de los espejuelos de aros redondos y bigote de cepillo de dientes, comisionado ahora por Bush como Santa Claus otoñal para repartir papel higiénico, toallitas sanitarias y aspirinas a selectos asalariados de la oficina de intereses de EE.UU. en Cuba.

La licencia a un asesino es un intento más de burla por parte de un Presidente en cuenta regresiva. Se añadirá a su larga lista de “bushismos” tragicómicos y acentuará su candidatura a figurar en el libro de récord Guinnes, como el mandatario más impopular y sanguinario en la historia de Estados Unidos.

Agencia Cubana de Noticias