Pensé que el argumento había sido ya desechado, por infundado; ya que los artículos correspondientes del nuevo texto constitucional ni tan siquiera se refieren al tema; pero, en las últimas semanas he escuchado una renovada prédica, ya no solo del sector ultrista de la Iglesia Católica sino de unos "pastores" evangélicos que pretenden, sofismas mediante, encontrar que hay "una puerta abierta" a esta práctica ciertamente antinatural.

Lo primero que se me ocurre preguntar es si, como con seguridad va a ganar el SÍ, ¿nuestras mujeres están esperando que abran la puerta para lanzarse al aborto, estén o no embarazadas? ¿O sospechan esas "almas puras" que en nuestras mujeres se ha perdido el instinto maternal por tener hijos, los que sean, incluidos los hijos DP, solo porque la nueva Constitución va a abrir la puerta para el aborto?

De lo que yo sí puedo dar fe (igual que seguramente los propios objetores constitucionalistas) es de que desde tiempos inmemoriales, millones de millones de hembras en edad de concepción debieron recurrir al aborto clandestino (ilegal, inconstitucional o como quiera llamárselo) por no pocas razones; pero, principalmente, por escapar a ese horrendo deporte del adulterio o porque la iglesia no perdona que una jovencita tenga guaguas cuando le dé la gana. En Quito, por ejemplo, muchos de los y las que pasan de sus primeros 40 años, recordarán (hasta con una sonrisa en los labios) a la popular abortera Carmela Granja, que impidió la llegada al mundo de miles de nonatos (no nacidos);o de ese otro profesional médico que atendía en su clínica privada a cuanta hembra trataba de "desembarazarse" de su pecado sexual, a cualquier precio. Y como ese médico era de izquierda, los chistosos decían que él no podía encabezar ninguna revolución porque "la haría abortar a los tres meses".

Y otra pregunta sobre esa persistencia en que como la Constitución no dice que "garantiza la vida desde su concepción" (aun cuando lo dice de otra manera) entonces se deja abierta esta puerta abortiva: vuelvo a preguntar (porque ya lo hice en otro texto de hace meses) ¿Quién o quiénes van a certificar o van a dar fe de que una mujer ha concebido (ha quedado preñada) y en qué instante de su vida sexual? ¿Cómo van a certificar: mediante vista de ojos, por referencias de la interfecta, por dimes y diretes, por simple sospecha?, ¿cómo?, pregunta un amigo y sugiere que debe haber una equivocación en el término concepción por el término erección.

Y otra inquietud: si para los antiabortistas el Estado debe garantizar la vida desde la concepción, entonces ese Estado ha estado cometiendo en el mundo entero crímenes de lesa humanidad porque solo registra a los nacidos vivos. ¿Acaso los nonatos (nacidos muertos) o los fetos de los abortos espontáneos (que deben sumar muchos millones) no tenían derecho a la vida desde la concepción? ¿Acaso no estaban vivos en los vientres de sus madres?

Este problema del aborto (arbitrario, ilegal, inconstitucional) va a seguir; y con mayor empeño, si desde la nueva Constitución se lo anatematiza, se lo penaliza (como ya es). Es algo similar al narcotráfico: mientras se pretende prohibirlo, perseguirlo, más narcodependientes aparecen en este mundo cruel. Si no lo creen, pregunten aquí cerquita, al parapresidente Uribe; si desde que iniciaron la lucha sin cuartel contra el narco tráfico (aspersiones mediante), ha disminuido o aumentado la superficie de cultivos de alcaloides. O pregunten a míster Bush (un antiabortista imperial) si ha disminuido o aumentado la "feligresía" de las substancias sicotrópicas desde cuando él le declaró la guerra sin cuartel a esta endemia. O averigüen si en Holanda (Países Bajos), uno de los poquísimos países que desde hace rato despenalizó la droga, aumentó el número de "aficionados" o no, si disminuyó o no el tráfico de drogas en el país.

Igual podría suceder con el aborto; y más, si por "filosofías" que nos llegaron del primer mundo (Estados Unidos, preferentemente) nuestras poblaciones deben controlar al máximo el crecimiento poblacional (la famosa "planificación familiar" made in USA). Pero nuestros varones y nuestras mujeres (comenzando por nosotros mismos) no nos hemos allanado a la cultura del preservativo (mejor dicho, condón) porque aquello es como querer oler flores con mascarilla o chupar caramelo con todo y papel.