Hoy arriba el ciudadano Alonso a los 19 años. Como algunos saben él es mi hijo y en esta fecha dejo cualquier comentario de esos que no arreglan el mundo o interesan poco porque son muy modestos, aparte, porque la prioridad la recibe él y sus banderas universitarias hacia la ingeniería industrial carrera en que está empeñado desde hace casi dos años. Su entusiasmo y pundonor, alegría contagiosa y risa inacabable retratan a un hijo bueno que se está preparando para la acción cuando a él toque responsabilidades. ¡Enhorabuena y feliz cumpleaños!

¿Qué mira un padre en su hijo? Muchas cosas. De repente la más importante consideración a tomarse en cuenta estriba en respetar cómo es él, qué quiere, cómo lo logra y de qué modo se abre paso si es que tiene talento, brilla con inteligencia y derrumba obstáculos en buena ley acudiendo siempre a la fuente ingeniosa de métodos limpios. Me atrevería a decir que Alonso, en medio del mare magnum desordenado que es su juvenilia militante, nos ha otorgado lampos que testimonian que transita por alamedas de futuro. Eso abona y mantiene vibrante el amor incondicional que le profesamos sus padres. Si de algo sirve el ejemplo de los mayores, estoy cierto que siempre halló este mozo acciones de las qué enorgullecerse y sentirse parte del difícil proyecto familiar que navegó por aguas procelosas, atravesó ventiscas chúcaras y, como todas las de su género, supo poner proa al norte de las más ambiciosas como honradas expectativas.

He recordado en sucesivas crónicas de años pasados cómo creció Alonso y algunas de sus divertidas travesuras. También he olvidado muchas otras. Pero del hondón de mis recuerdos rescaté, entre carcajadas, una que paso a contar por ser hilarante. Había ya aprendido a escribir y no perdía oportunidad para así demostrarlo. Entonces, una calaverada le ganó la reprimenda furiosa de ambos padres que le deportaron a su cuarto y le ordenaron dormir. Los códigos de esta naturaleza casi nunca son muy respetados, que digamos, entre los párvulos. Entonces, Alonso escribía en un papel cualquiera: “¿Quiero saber si me perdonan: sí o no?”, pasaba la hojita por debajo de nuestra puerta, tocaba la misma y se iba corriendo a esperar el dictamen. Fue la primera vez que me di cuenta de su tesón y constancia porque como no le dábamos respuesta, insistía, insistía, insistía. He olvidado si le respondimos algo. Pero no deja de ser notable la ofensiva literario-infantil del niño.

En Alonso saludo a todos los chicos que hoy alcanzan los 19 años. En ellos está la clave de regeneración moral y espiritual, cuanto que profesional y habilosa del país. Perú está infestado de pandillas que desde hace 187 años, desde el mismísimo 28 de julio de 1821, se pelean carroñeramente el derecho a expoliar la nación. Y muchos apellidos han perpetuado su “derecho” a formar parte de esa inenvidiable fauna de miserables. Tengo la plena seguridad que estos muchachos son parte de la regeneración urgente que el Perú demanda.

Querido Alonso: en el principio de tu día aniversario, llegue el tradicional saludo fraterno e invicto de tus hermanos mayores y padres a la vez, que vivimos en el orgullo de tus victorias y estamos junto a ti cuando hay que hacer de tripas corazón y volver a empezar la respuesta a los retos. En la unidad del núcleo familiar hay no poco del éxito que te acompaña y tú eres testigo de su avatar y forja en la que soy el más modesto de los soldados. No obstante no olvides que si quieres ser un buen capitán de tu nave en el océano de Nuestra Señora la Vida, tienes que aprender a ser un buen marinero. Y siempre hay tiempo, la desesperación es patrimonio del que no está seguro del puerto al que quiere llegar.

Con ánimo de vencedores, plenos en tu júbilo, felices como siempre, te reiteramos Alonso los parabienes por tus 19 años. ¡Buena caza y sigue como hasta hoy: firme y combativo!

¡Ciudadano Alonso! http://www.voltairenet.org/article1... 23-10-2007

¡Los primeros 17! http://www.voltairenet.org/article1... 23-10-2006

¡Los primeros 16 años! http://www.voltairenet.org/article1... 23-10-2005

Epístola a mi hijo http://www.voltairenet.org/article1... 25-10-2004