Miguel Jara es un artista de la calle, un poco extraño, silencioso y tímido; se lo encuentra los fines de semana junto a sus compañeros, los pintores del parque El Ejido, y se lo ve, también, haciendo danza o teatro, a veces con guitarra en mano, en actos culturales de carácter popular organizados por instituciones educativas o gremios de trabajadores o maestros. También se lo ve, descalzo, en calentador y camiseta, realizando ejercicios de expresión corporal, en el local del Instituto Nacional de Danza, su lugar de trabajo y meditación.

Miguel es el personaje de actualidad en los medios culturales y artísticos, porque hace dos semanas ganó el Primer Premio Adquisición, en el Cuarto Salón “Arte en el Ejido”, que organiza la Asociación de Pintores de El Ejido, quienes exponen sus obras, al aire libre, desde hace treinta años.

- ¿Qué son los “Salones” Arte en la Calle?
- “La intención fundamental de estos Salones (exposiciones-concurso de pintura, acuarela, escultura, etc.) es la de lograr que los artistas de El Ejido que, por una u otra razón, no quieren participar en los salones oficiales o institucionales, tengan un lugar para exponer sus obras y concursar con ellas, puesto que si no fuese por los salones Arte en el Ejido, muchos de los artistas que están exponiendo en este salón no expondrían sus obras en otros salones, yo personalmente tampoco lo haría, porque es una decisión política el no hacerlo y porque tengo otros intereses y otras circunstancias que hacen que mi actitud, mi trabajo en el arte, sea diverso. Esta afirmación no desmerita ni niega a otros salones, es un aporte, una ventana más para lo que significa mirar la sociedad e interpretarla de otra manera. El IV Salón, sin ser excluyente, tiene alguna dedicatoria, pues podemos participar, exclusivamente, sólo quienes hacemos arte en la calle; esta vez hemos dejado abierta la posibilidad de participación de otras instituciones de Guayaquil, Cuenca, Loja, artistas que están en las mismas condiciones que nosotros, exponiendo nuestro trabajo, de domingo a domingo, en las condiciones que da la calle, un arte que todavía se lo trata en forma peyorativa, pues se supone que es un arte relegado, discriminado, de menor categoría, aunque esto no es así, pues estamos atentos para que nuestro arte vaya mejorando y sea un fiel reflejo de lo que somos y de la sociedad a la que nos correspondemos”.

-¿De lo que has dicho se puede colegir que el Arte en El Ejido es arte popular o va hacia lo popular?
- “Lo popular es un concepto muy grande y suscita diferentes interpretaciones, porque lo “popular” tampoco desdeña lo conceptual u otras posibilidades, lo que se intenta es lograr un lenguaje más cercano al común denominador de quien mira una obra de arte. Yo pienso que todo artista hace arte, en los parámetros que lo haga, pero tarde o temprano es popular”.

-¿Pero, hay un arte para las élites, sin duda alguna, y hay un arte que está dedicado al Pueblo, a las grandes mayorías?
- “En este sentido yo diría que no hay precisamente un arte para la élite, sino que es un arte que está supeditado, que está vigilado, interpretado, condicionado por la gente que está en la élite, es decir aquellos que tienen el poder económico y político, entonces, en el momento en que comienza a haber otros protagonistas, con otros puntos de vista, ahí es más interesante, más equitativo; sea lo que sea el arte es arte, y no es reconocido por equis personas, sino que se lo reconoce en el devenir histórico, entonces hay un reconocimiento o un olvido”.

-¿Pero hay diferencias, una cosa es exponer en El Ejido y otra exponer en los salones de la Chancillería...? -“Siempre hay diferencias y, en nuestro quehacer, eso de confrontarnos a las situaciones climatológicas, a las vicisitudes psicológicas, enfrentarnos cara a cara con el público que desdeña, o con el público que aplaude, que se solidariza con nosotros, es otro asunto. Es más, estamos en una etapa de cotizar nuestra obra, para que se entienda que, por el simple hecho de estar en la calle, en el parque, no es una obra que se la puede conseguir así no más, y bien que sea así, ojalá que el arte sea más asequible a todo el mundo, pero adquiriéndolo en su valor real y debo decirte que el concepto de lo que es el arte ha mejorado: de lo que yo me acuerdo, en mi niñez, en mi juventud, en las casas, en los barrios de donde yo vengo, barrios populares, lo usual eran los calendarios, los cromitos con mayor o menor gusto, o alfombras y apliques que a lo mejor mandó alguien del extranjero, hasta ahí era el arte; ahora ya no, eso va cambiando: en más de una casa popular, en más de un barrio popular, ya hay alguna posibilidad de acercarse a la obra original, a la obra hecha por un artista y no hecha en máquina, como es un calendario; en ese sentido hemos mejorado y eso es una cuestión de educación más profunda a nivel del país. Sin embargo, hay gente que tiene mucha plata pero que no sabe disfrutar de ese dinero y no sabe consumir arte pues se conforman o llenan su necesidad de consumir arte, comprando copias, por ejemplo”.

-¿Podemos concluir entonces que el Arte en la Calle de El Ejido es una Escuela para enseñar arte popular? -“Y es una escuela para hacer arte, pero yo intento hacer un arte que en lo posible tenga un lenguaje que se acerque a lo popular; esto es también un devenir, una evolución por decirlo así, cualquier persona por más sencilla que sea, en tanto y cuanto se acerque al arte, va cambiando su forma de interpretar, su forma de reaccionar ante el arte. Es más, yo soy un hacedor de objetos, hago objetos a partir de materiales tomados de la basura, un reciclaje, y es muy interesante ver cómo un material que está en calidad de basura, luego de un proceso se transforma y adquiere la calidad de arte. Y el público que va a El Ejido está en ese proceso de entender, y eso es lo bueno, que entiendan que las cosas sencillas y maravillosas que cada uno tiene en su casa son cosas valiosas, como una piedra de moler, cosa linda, y va más allá de decir “está piedra fue de mi abuelita”, no, es la belleza de la piedra, o de esos molinitos antiguos a los que se los ve como una cosa artística. Es decir se está avanzando, se está reconociendo la belleza en todos los objetos y, si tenemos los medios, ya no adquirimos el calendario, y si lo hacemos el calendario tiene que ser de buena calidad y contenido. Entonces, es necesario intentar una definición: “el arte es un contenido, es una emoción, es una herramienta”; yo me quedo con esto último. Si digo que es una herramienta, me dirán: “¡Ah! es un político, no es artista”, pero prefiero ser político porque en el arte, lo feo, lo bonito, lo práctico, lo útil, lo inútil, son categorías que cambian, pero la herramienta, siempre la necesitaremos; ¿para qué?, para mejorar la condición humana, para cambiar este mundo, para ser más felices, para que las relaciones ya no sean solamente a nivel personal, sino a nivel de sociedad”.

-¿Toda esta disquisición sobre el arte, qué relación tiene con tu obra que acaba de ganar el Primer Premio en el Cuarto Salón “Arte de El Ejido”? -“Yo como artista, como cualquier otro artista, tengo una metodología: pongo en limpio el cuadro y me sumerjo hacia adentro; uno de los procedimientos es manchar el cuadro, no a lo loco sino con cierto cuidado, dirigiendo la mancha, quizás con alguna idea: un claro oscuro, un contraste de color, pero ahí queda el cuadro, me alejo de él; es como la piedra para el escultor, ahí está la piedra y, se ha dicho, siempre hay un espíritu dentro de esa piedra, entonces el escultor solamente tiene que quitar lo que estorba, en la pintura sucede algo similar, las manchas que he pintado son para intuir lo que quiero hacer, para quitar o poner, y cuando ya termino me conmueve el producto, porque sé que viene de lo más profundo, viene de un inconsciente personal y, sobre todo, colectivo; esto en cuanto a mi obra en general. Pero esta vez no fue así: es la primera vez que tengo una posición extremadamente consciente y política de qué es lo que quise hacer; no me puse a divagar, como se dice: a dar palos de ciego, esta vez no, sabía precisamente lo que tenía que hacer, sabía a donde iba y, cuando ya acabé el cuadro, dije: yo sí puedo.

- ¿Algo especial te llevó a escoger el tema? - “Esta vez fui preciso, sabía lo que quería, me refiero al momento histórico que vivía el país: el referéndum, el sí y el no, esa lucha aparente o real entre izquierdas y derechas, y los artistas somos como una esponja, un filtro, por donde absorbemos todo y por donde pasa todo y el cuadro lo hice en una época de felicidad momentánea, porque había ganado el SI, y créeme, incluso en el nombre que le puse, “Viva la papa chola”, desde mi punto de vista, es una expresión de que ganó el SI, “no podía decir, “viva, ganó el SI, sino que dije: VIVA LA PAPA CHOLA. Entonces mi cuadro corresponde a un momento feliz en la vida del país; es una posición política mía, es una posición ideológica mía. Desde el momento en que elegí el tema fue una posición política, y espero que no sea una posición panfletaria, porque a veces como que tenemos esa tendencia a lo panfletario, cuando hablamos de las vicisitudes por las que está atravesando el país.