Saberlo antes, intuirlo antes, propalarlo antes, de eso se trata. Y, entre otras “maravillas”, de cómo inventarlo antes. Pero en estos días no fue tan así. Por ejemplo, los agentes de bolsas fueron más que de prisa en una dirección y enseguida -ellos mismos- marcharon a contrapelo de la dirección inicial: en milésimas de segundos. Por su parte la gran mayoría del periodismo fue a la cola, buscando algo que perdurara, aunque más no fuera unas horas.

Con la lupa puesta en el comportamiento de los medios, durante la crisis desatada en Wall Street, el Observatorio de Medios de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), pudo establecer que en el caos financiero, con impacto en la vida cotidiana de la gente, el grueso de los periodistas acabaron prisioneros de la incertidumbre, mientras los medios más poderosos fueron retocando, hora a hora, sus editoriales, no apenas para analizar en caliente el cadáver, sino para, en algunos casos, influir en la toma de decisiones de la sociedad de consumo. Incluso sobre los gerentes de la globalización.

Pocos profesionales de la prensa pudieron asociar la crisis con el despilfarro de miles de millones de dólares puestos al servicio de las guerras. Sin embargo, una amplia mayoría no hizo demasiado para enmascarar a EE.UU., en su rol de actor principal de esta nueva obra del terror.

Como ocurre todos los días, unos medios jugaron, supuestamente independientes- a defender sus intereses en las bolsas, mientras que los de menos poderío económico estuvieron –lo están- tratando de saber si sobrevivirán.

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