Por: Javier Lajo ([email protected] Hotmail.com)

Presentación: La Visión indígena del Proceso Sud Americano

El Pacto de Cartagena, que da lugar a la Comunidad Andina es el único proceso que otorga la vía óptima para la integración de nuestros pueblos, pues la razón principal de la CAN no puede ser otra que la re-integración de los pueblos como proceso milenario fraguado por el hombre y la naturaleza en la cordillera andina, cuyas características al igual que los procesos de otras latitudes, han sido procesos asociativos, no solo económicos, ni únicamente políticos, sino procesos mayores que tiene dimensiones históricas y civilizatorias. Otra integración similar, por ejemplo, es proceso de la Unión Europea. A pesar que esto no lo pueden asimilar fácilmente las poblaciones inmigrantes de menos de 500 años en América, que en el mejor de los casos, conforman elites culturalmente occidentales, y en el peor de los casos conforman un mestizaje hibrido que como alternativa cultural deja mucho que desear (Delgado Díaz del Olmo, 1994, 1997 y Max Hernández, 1991); todo nos hace pensar que un auténtico y digno mestizaje esta aun por germinar. La CAN por otro lado, ha privilegiado además procesos económicos muy dependientes del comercio o del intercambio financiero con las metrópolis o países capitalistas del norte. Para que funcione como tal, la CAN se deberá sacudir primero de sus anclas “occidentalistas”, y buscar paradigmas propios o nativos. Para que nuestros países despeguen debemos poner en marcha nuevamente toda la potencia y la vitalidad de nuestra cultura local y de las fuerzas productivas autóctonas y originarias propias de estas latitudes, que tienen un desarrollo sui-generis, como producto de milenios de desarrollo autónomo; necesitamos poco la tecnología occidental que deja mucho residuo y emisiones contaminantes y depredadoras del medio ambiente. Es por esto y muchas otras razones que hay que dar al proceso de la CAN todo el potencial necesario, pues además de ser un proceso económico y político, debería tener un horizonte histórico y civilizatorio. La CAN es la llamada a poner en el tablero del juego mundial de las naciones, el mensaje de la civilización andina, que se puede sintetizar en la conquista de un “orden andino”, cuyo mandato científico y tecnológico principal –como lo pretendemos explicar en las siguientes líneas- busca “la recuperación del equilibrio del mundo”, un proceso necesario para que el ser humano pueda hacer permanente el principio andino del “Sumac Kausay”, o “Sumac Qamaña”, palabras quechua-aymaras, que significan la “excelencia de vida” o el “vivir bien”.

DESPEJANDO PRE-JUICIOS. El término “ciudadanía”, como vocablo común tiene un significado que indica la pertenencia a un “Estado Moderno” a través de un “carné” o “cédula” con un número o “cifra única” que garantiza deberes y obligaciones de la persona. Pero además, otra acepción importante es la posesión de “poder de compra” en el mercado. Este significado común ha ocultado otros significados que son mucho mas importantes para los que habitamos ‘fuera de las ciudades’, significados mucho mas simples, ‘ciudadano’ es el ‘habitante de la ciudad’ y como tal, es un antónimo de ‘campesino’, y este es casi sinónimo de “indígena”. Por lo tanto, no es un ideal de todos el convertirse en “ciudadanos”, pues este vocablo y contenido tiene una clara filiación cultural y esta referido a un “modo de vida” occidental y europeo. Además, el campo es el lugar donde se producen fundamentalmente alimentos, y que sepamos hasta hoy no se han podido sintetizar industrialmente alimentos (salvo algunas vitaminas y proteínas-aminoácidos básicos no aptos para el gran consumo) para la comida diaria que repone la energía de las personas después del trabajo. En la ciudad lo fundamental que se fabrica es: Dinero; y tal como dice ese anónimo pero sabio indígena Iroqués: “El dinero no se come”. Por lo demás, y puesto que las ciudades no producen alimentos, en ciudades como Lima con más de 10 millones de personas, Sao Paulo con 30 millones, y Tokio o Buenos Aires que superan los 35 millones, cabe preguntarse ¿Y quién produce los alimentos que consume tanta gente todos los días?, ¿Quién alimenta a tantos millones de ‘ciudadanos’ todos los días?; por tanto “el agrarismo” seguirá siendo, pese a quien le pese, el centro de la economía de cualquier país y de todo el orbe. Como actividades del sector “primario” o extractivo de la economía humana, el sector agropecuario es y seguirá siendo por siempre el centro del conjunto de toda la economía. También el sector agrario ha sido en el proceso de invasión y ocupación del continente americano el lugar natural de repliegue de la resistencia indígena al colonialismo europeo. La ciudad, es pues vista por la mentalidad indígena como el lugar donde se va a “compartir el ocio”; en el campo por el manejo del agua y de los procesos vitales de plantas y animales no se puede dejar de laborar ni una sola hora, ni un solo día, a riesgo de deteriorar totalmente la economía. Y si a este prejuicio de la universalidad de la ‘ciudadanía’ le sumamos la denominación racista, con que se suele calificar a los indígenas y su hábitat: Primitivo, salvaje o arcaico, entonces se completa una visión colonialista que podemos resumirla así. Cualquier persona occidental puede usar la palabra “primitivo” para hacer alusión a “antiguo” o “cavernario” y por extensión designa el “atraso”, la “pobreza”, la “postración”, en resumen: La barbarie. Existen alusiones menos graves que son “ancestral”, “viejo”, “arcaico” u “originario”, pero el mas directo es pues “primitivo” o “lo que no esta desarrollado”. En definitiva: “civilización” es la cultura vencedora en el proceso de colonización y “bárbaros” son los derrotados o colonizados. Estos los condenados a desaparecer y aquellos la medida y único modelo con futuro y progreso. Frente a esta historia escrita según la matriz que impusieron los ganadores, los “civilizados”, podemos responder lo siguiente. La cultura occidental, industrialista, apoyada en su racionalidad exagerada ‘cientificista’, orientada pasionalmente por la codicia y el lucro, luego de la colonización de África, Asia, Oceanía y América, se convirtió en el modelo para juzgar el progreso y la modernidad de todas las otras culturas. Esta “civilización” surgida en Europa luego del llamado ”renacimiento” y mas precisamente luego del desembarco de Colón en América, impuso el capitalismo globalmente en el resto del mundo sobre toda otra forma cultural. Su corazón que es el lucro mercantilista, es el motor de toda su estructura y su dinámica. En razón de su crematística o acumulación compulsiva de dinero como obtención de ganancias ininterrumpidas y abundantes, el planeta entero ha cambiado en forma dramática. A la luz de esa racionalidad todo o casi todo deja de tener solo valores de uso para convertirse en valores de cambio, y como tal, materia prima posible de depredar y convertir en mercancía para la compra-venta. La ciencia y la razón “modernas” bajo la consigna del “saber es poder” del filósofo inglés Francis Bacon (Antonio Peña Cabrera, 1992) desarrollan el maquinismo como el arma para llevar a cabo el dominio total de la naturaleza, no importando a que costo. Recién hace pocos años se han incorporado a regañadientes las categorías de “costos sociales” y “costos ambientales” a las categorías económicas y contabilidades empresariales. La investigación “científica” de nuevas armas para la defensa y ataque contra nuevas colonias o contra potencias competidoras fue y es hasta la actualidad la razón principal y justificación del “avance científico”. Desde esta “modernidad racional” surgida en los países europeos, que fue erigida como fundamento de la nueva tecnología industrial que transformó sin retorno toda la realidad planetaria. Sin embargo esta cultura del “consumismo” que florece desde el mercantilismo capitalista es ahora insostenible, su mecánica de producir principalmente para la compra-venta y la obtención del lucro y no sólo en función de la satisfacción de las necesidades humanas, ya ha creado una situación insostenible en la depredación de recursos naturales, en las “emisiones” letales para la atmósfera y la biomasa, pues la elevación paulatina pero sostenida del llamado “calentamiento global” esta llegando a limites insoportables. Este es un modelo de acumulación y desarrollo cuya dinámica tiene fallas de origen, puesto que abundan bienes y servicios superfluos y cada vez mas se amplían los problemas y necesidades básicas de las sociedades humanas, tanto así que se ha empezado a poner en peligro la estabilidad y macro-equilibrio del planeta entero. El calentamiento global por las excesivas emisiones de la actividad industrial y extractivas, el derretimiento de los polos y del helado permagel (suelo congelado) en muchos países de territorios fríos, la progresiva falta de agua dulce, la degradación de bosques y suelos que intensifican la desertización irreversible, la emisión tóxica que inunda el planeta, el adelgazamiento de la capa de ozono que pone en grave riesgo la salud de la piel humana; etc., son algunos de los efectos de un modelo económico, “modo de vida” y cultura predadora, que de no cambiar o detenerse llevara al orbe a un cataclismo planetario a corto plazo. ¿Cuánto tiempo mas podrá la naturaleza soportar esta depredación inmisericorde?. Podemos concluir en que “la utopía arcaica” no está, precisamente, en los pueblos que no han seguido el modelo industrial europeo. Felizmente nuestros pueblos andinos y amazónicos, tienen reservas naturales, culturales, tecnológicas y científicas, que han probado suficientemente que son mucho más ‘racionales’ en su equilibrio con el medio ambiente y de sobra más eficaces para la satisfacción de las necesidades del ser humano. Podemos calificar de prejuicio la idea de que la civilización occidental y europea es la ‘modernidad y el progreso’ y que la nuestra, la andina-amazónica es “primitiva”, “atrasada” o “arcaica”. ¿Es civilizado seguir quemando intensivamente los hidrocarburos e incrementar la destrucción del planeta?; ¿Seguirá convencido el bate consagrado que escribió aquello de la “Utopia Arcaica”?, entrado ya el tercer milenio, ¿Alguien podrá tomar en serio el denominado “capitalismo salvaje” como modelo de desarrollo y progreso?. Tenemos pues en la subregión andina de Sud América, una diversidad de culturas, pero en lo fundamental dos civilizaciones: la Occidental y la Andino-amazónica. Será pues, una buena suerte el poseer estas dos civilizaciones, siempre y cuando las sepamos a ambas conocer bien y administrar, esto puede darnos la principal ventaja competitiva con respecto a las economías de otras partes del globo. Pero si seguimos privilegiando la civilización occidental y desconociendo y con esto tratando de destruir el “modo de vida” de nuestros pueblos indígenas, nos veremos pronto enfrentados a un mundo occidental cada vez mas contaminante, predador, mas mercantilista y mas discriminador. Y descuidaremos la otra civilización re-emergente, la Andina-Amazónica, que a pesar de todo sigue apostando a ganador; como son los exitosos emporios de “Gamarra”, o las ferias-taller de los “Unicachis”, en Lima, Perú; para citar solo dos buenos ejemplos de colectivos de comercio y empresas indígenas que facturan millones de dólares cada día. Finalmente un último prejuicio importante que debemos desterrar, es el que considera la superioridad de la cultura europea por el hecho de haber ganado la guerra de “conquista”. Esto puede ser una presunción, porque tal vez, nuestros pueblos originarios no hayan querido guerrear iniciada la llamada ‘conquista’, o mejor dicho, no hayan guerreado a la “manera occidental” y recién ahora se este produciendo el desenlace de esta ‘guerra a la manera andina’, con el copamiento de las ciudades desde el campo con las “barriadas”, o “pueblos jóvenes”, etc. Además de los procesos económicos aun no bien estudiados (aunque Hernando de Soto y su obra “el Otro Sendero” es una regular aproximación) pero también procesos de gobierno, como los que se están dando en Ecuador y Bolivia; son muy buenos indicadores de la hegemonía que esta ganando cada vez mas nuestra cultura local sobre la cultura “visitante”. Finalmente podemos apreciar brevemente la presencia colonial desde su lado más positivo y optimista: Como una migración mística. La incursión europea desde el siglo XV y XVI, la podemos caracterizar como un fenómeno más, de desplazamiento, peregrinación o emigración motivado por el misticismo y la religiosidad de los grupos humanos de todos los tiempos (Jorge Nelson Trujillo 1998), pues hay grandes antecedentes de estas “búsquedas de la utopía” que atrajo poblaciones migrantes a los Andes, cordillera que a lo largo de su historia ha sido un territorio o espacio geográfico de “convergencia multiétnica” de poblaciones de todo el orbe; lugar ocupado mas precisamente por la “tierra” o “El país de los Incas” –como señala el conocido y bonito reclame internacional de Prom-Perú-. Podemos apuntar brevemente dos anteriores migraciones masivas ambas amazónicas y precolombinas hacia los Andes centrales: La de los pueblos Tucano, Omagua, Quijo y Cofán, por la conocida “Ruta de la Sal”. La otra y mas conocida que fue la masiva migración de las etnias guaraníticas, Chiriwuanos, Wichis, Tobas, y otras, desde la parte sur-este de Sud América, siguiendo la ruta mítica del “gran camino Inka” o Qhapaq Ñan en la búsqueda de la llamada “Tierra sin Mal”. Gran parte de los relatos sobre una región fabulosa o “país” de la abundancia material y las riquezas indescriptibles, se debieron trasladar hasta las costas atlánticas y a Centro América y quedar al alcance de los europeos desde el primer momento que llegan a la Dominica y a Panamá, tanto así que llenan el imaginario utópico europeo de aquel momento, con recuerdos como los mitos de “Ofir y Tarsis” de donde el bíblico rey Salomón recogía sus tesoros; mitos como el del mismo “paraíso terrenal”, etc, o nuevos mitos inventados o recopilados como de “El Dorado”, “El Paititi” o “Manoa”. Horizontes utópicos con los que los europeos encuentran las mejores y peores motivaciones tanto materiales de ambición y codicia, como espirituales o místicas como es la esperanza del regreso al “paraíso”, o la versión europeizada de “la tierra sin mal”. ¿Cómo administrar o domesticar las condiciones de vida mas diversas y cambiantes del planeta, como son las que se dan en el medio andino-amazónico?. Nuestras sociedades resolvieron en milenios de desarrollo autónomo este difícil problema creando una estructura de pensamiento sui generis, que tiene su base en el principio de la “paridad complementaria y proporcional” o “Yanatinkuy” en quechua, complicado sistema de pensamiento que nosotros hemos llamado “pensamiento paritario” o “pensamiento Qhapaq”, sobre cuyos orígenes y características reflexionaremos a continuación. La característica más saltante en el sub continente andino es nuestra riquísima diversidad. Somos diversos, pero somos también “pares”, poseemos dos civilizaciones. De nosotros depende el equilibrarlas y hacerlas complementarias. Algunos elementos de nuestra cultura Andina, son la extrema biodiversidad de nuestro medio geográfico y la variabilidad climática y demográfica de nuestros países. Todo esto nos ha dado una inmejorable disposición y métodos para “incluir” al forastero conservando sus características culturales, pues para subsistir en una naturaleza extremadamente biodiversa y de incertidumbre climática también extrema, es preciso crear, perfeccionar, manejar y conservar una ‘cultura de la inclusión’, nadie con hábitos excluyentes puede supervivir continua y permanentemente en un medio como el andino-amazónico, tan variable y tan difícil para producir y reproducir la vida. El hombre andino para poder domesticar y “criar” su difícil y variable medio natural aprendió a través de la historia que tenía que asociarse y vivir en comunidades cada vez mas organizadas, que era su única garantía de eficiencia ante la adversidad. Pero esta diversidad tenía que tener parámetros y sistemas de organización, el hombre andino las busco y encontró una característica general: El hombre del llano o tierras bajas o “Hurinsayas” y el de la altura o de tierras altas o “Hanansayas”. En la bipartición de las “SAYAS” vio reflejada su filosofía “paritaria”, ambos necesitaban intercambiar productos, experiencias y afecto. Y cuando ya tuvo la organización vertical de las Sayas, busco la partición horizontal de los pueblos en la tetrametría de los Suyus, los cuatro Suyus o los cuatro pueblos, que es la base de los sistemas confederativos en todo el planeta, como por ejemplo el de la confederación y “cruz cuadrada” helvética. Y con las ‘sayas’ y los ‘suyus’, marco la gran cruz del Tawantinsuyu sobre su territorio sagrado, teniendo como ‘eje’ principal la llamada ‘Ruta de Wiracocha’ o Qhapaq Ñan. La civilización andina resolvió o “produjo” una conciencia diferente que la occidental no solo en su relación con la naturaleza, sino con sus semejantes, en donde su espacio vital es “sagrado” y por tanto todas sus actividades son “ritualizadas”, sometidas al tiempo cíclico en un ritmo permanente de “renacimiento”, en donde el sentido de la vida en el “Ayllu” es parte de un proceso amalgamado de “actuar juntos y bién”. Esta diferencia es radical, la visión de “actuar juntos y bién” como una actualización que se repite dentro del cosmos, pero que en cada ciclo siempre aparece algo nuevo y que existe por sí mismo. El ser humano no esta separado del orden natural, el hombre no es un “observador privilegiado” con relación a una conciencia de la vida que palpita en todo el orden natural; no es un “ser estático”, que esta fuera, como observador de una “realidad dinámica”. Como si la situación de un observador atemporal estático que caracteriza al “ser occidental”, creara realidades y fenómenos opuestos y antagónicos como “bién y mal”, “objeto-sujeto”, “verdadero-falso”, “vida y muerte”, “sano-enfermo”, opuestos que se excluyen en lo que han denominado “dialéctica”, que pre-determina la exclusión de “el Otro” de un “todo par”; concepto “paritario” que es la clave de la visión andina. Es decir, la conciencia occidental que utiliza categorías opuestas y excluyentes, tiene diferencias radicales con la visión Andina-Amazónica, cuya “manera o forma de pensar” es a través de un orden compuesto por ‘pares incluyentes’, que según el momento y la circunstancia comparten sus valores en un equilibrio existencial, y que hace de la existencia un: “cuidar el proceso de la vida óptima” o “amar y crear el buen vivir”; la “suma-existencia” (o Sumac Kausay, en runa simi) donde los “pares se proporcionalizan” o equilibran entre si, como “complementarios” en un “hacer las cosas juntos y bien”. Veamos las características principales y de origen de esta “nuestra” forma de pensar. Fundamentalmente podemos distinguir dos características principales de nuestra economía andina ancestral; pensamos que son principios imprescindibles para toda economía “sostenible” y futurista: La preeminencia e ingerencia de la familia extensa (Ayllu) desde la base de los procesos económicos, y la hegemonía que debe tener la economía agraria o el “agrarismo”. El primero determina la relación “sacra” que tendrá el núcleo humano fundamental con su “entorno natural familiar”, económico y hasta político, sea cual fuere el tamaño de las unidades productivas a analizarse, pero también este núcleo guardará la unión indisoluble de las actividades productivas-reproductivas de la sociedad humana, lo cual traerá como consecuencia -en cualquier sistema económico que tenga como plataforma esta sujeción familiar de los medios de producción- la correspondencia permanente entre producción-consumo y lógicamente entre la oferta y demanda agregadas, además de garantizar que los excedentes sociales sean de uso gratuito y redistribución obligatoria. La razón simple, es porque “los valores” del capital, como son el lucro y la ganancia o el simple trato mercantil o comercial, no pueden por razones obvias introducirse o darse en el interior familiar, en donde la gratuidad y reciprocidad del afecto humano siempre serán los regentes del reconocimiento y el “vínculo” entre los humanos. En cambio el individuo occidental en todos sus procesos económicos esta regido por una relación asimétrica entre el sujeto y el objeto, en donde solo el “sujeto” tiene conciencia e impone esta como ‘medida’ sobre todo “objeto” o mercancía. Hasta hace poco, con el esclavismo se había reducido a muchos seres humanos a esta condición, convirtiéndolos en mercancías, fenómeno que subsiste hasta hoy como formas ocultas y novedosas de esclavitud y semiesclavitud. El “agrarismo” será siempre el sector hegemónico en un economía que privilegia la “seguridad alimentaria”, que es la clave de la libertad y la dignidad del genero humano, cualquiera sea la unidad que queramos analizar. La autarquía alimentaria, unida a la acumulación de alimentos para la seguridad social son principios que jamás ninguna sociedad, cultura o civilización debe de abandonar. Nuestros antepasados andinos tuvieron un sistema hidráulico y agronómico inmejorable para nuestra geografía, con el que producían alimentos para más de veinte millones de habitantes y los guardaban en las famosas “Collcas” o “Pirwas”, que es lo que garantizaba la abundancia de alimentos, que es también de donde procede el nombre de los “Pirwanos” o “Peruanos” y como tal, el nombre del “Perú”. Frente a la pregunta de cómo los abuelos y las abuelas, integraron y organizaron el Espacio andino y continental, hay una única respuesta de inicio: A través de los medios de comunicación y principalmente por medio de los caminos. Y el camino ancestral de nuestros antepasados ha sido la Gran Ruta Inka o Qhapaq Ñan: El camino de los Justos. (http://machaqmara.googlepages.com/j...)