El hecho reviste gran interés para la población camagüeyana, conocedor de sus valores morales, bondad y humildad de una extraordinaria vida que constituyen elementos consustanciales de su patrimonio.

En marzo siete de 1889 un anciano fraile se debatía entre la vida y la muerte en el hospital San Juan de Dios de la ciudad de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, en el edificio en que por más de 50 años se dedicara a la atención de enfermos y heridos de cualquier estrato social.

La gravedad del religioso había corrido de boca en boca entre los pobladores, quienes ya para entonces lo llamaban Padre Olallo, porque sin ser sacerdote, su ejemplar y virtuosa acción con los pobres y desvalidos, y sus conocimientos de la enfermería y la cirugía, lo habían hecho popular.

José Olallo Valdés había nacido el 12 de febrero de 1820 y fue depositado un mes después en la Casa Cuna Valdés, de La Habana, sin conocerse nunca quienes fueron sus padres.

A los siete años pasó a la Casa de Beneficencia de la propia capital cubana y a los 15 años ya profesaba en la Orden de San Juan de Dios.

La primera epidemia de cólera en la Isla se registró en 1833 y la Casa de Beneficencia fue convertida en hospital donde Olallo comienza a relacionarse con la enfermería a partir de la labor que los juaninos desarrollaron allí.

Poco después el Prior José de la Luz Valdés lo llevó con él hasta Puerto Príncipe, hoy Camagüey, donde inició en el hospital San Juan de Dios, atendido por la Orden, tarea que se convertiría en la razón de su vida: el cuidado de enfermos.

VIDA CONSAGRADA A LA ATENCIÓN HUMANA Su llegada en marzo de 1835 coincide con la extensión de la epidemia a la localidad. Trabajó en el hospital de Puerto Príncipe, inmueble monumental que para los primeros años del siglo XIX constituía el más grande de la comarca con dos plantas y grandes salas muy ventiladas para la atención de los pacientes.

Al lado una iglesia favorece la realización de sus votos y todo ayuda para que además Fray Olallo, como le conocen, dedicara también su tiempo no solo a cuidar los enfermos, bañarlos, limpiar las habitaciones y lavar incluso las ropas del hospital en el cercano río Hatibonico, sino también a enseñar a leer y escribir y atender religiosamente a niños pobres y sin amparo.

Para 1856, con 36 años, su desarrollo y consagración lo llevan a que sea nombrado Enfermero Mayor de la Orden y administrador, a la vez que aumentaba sus conocimientos sobre medicina y farmacéutica. Más tarde es designado Prior.

La mayoría de los enfermos allí eran pobres, incluso negros esclavos y Olallo los atiende, al igual que a los infestados con cólera.

Cuando se inicia la guerra independentista de 1868 contra los colonizadores españoles, el centro sanitario es convertido por las autoridades hispanas en hospital militar. Fray Olallo defiende el derecho a tener al menos un área para los civiles necesitados de atención médica.

En 1873, tras un cruento combate desigual contra el enemigo, cae en los campos de Jimaguayú, al sur de Puerto Príncipe, el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, diligente abogado local, convertido en líder de los insurrectos cubanos en el territorio de Camagüey.

CONTRA EL ULTRAJE A IGNACIO AGRAMONTE

El cuerpo inerte de Agramonte es transportado por las tropas enemigas para exhibirlo; atravesado sobre un caballo, en la gran plaza frente al hospital. El cadáver fue tirado al suelo para que la población tuviera constancia de su muerte.

Ante el ultraje del cuerpo del héroe se presenta Fray Olallo, quien lo recoge junto a otro hermano para lavar la injuria, y ya dentro del hospital limpia con su propio pañuelo la sangre y el fango.

Poco después los restos fueron quemados por los españoles y enterrados en lugar desconocido para evitar el homenaje de la población.

Hacia 1888, viejo y solo, Olallo enfrenta una nueva epidemia, esta vez de viruela. Cuenta con la ayuda de un joven que crió desde niño por no tener familia, y a quien él llamó siempre Vicente.

Muchos habitantes locales en agradecimiento a sus atenciones como enfermero y cirujano, le donaban parte de sus bienes, sin embargo, jamás utilizó alguno para bien común y lo que hizo fue testificar su entrega total al hospital, una vez fallecido.

A los 69 años, enfermo, posiblemente del corazón y ya agotado, se mantiene cuidando sus enfermos.

En la noche del siete de marzo fallece por un aneurisma de la aorta abdominal, tras más de medio siglo dedicados a atender al prójimo.

Príncipe acudió masivamente hasta el hospital donde fue expuesto en un ataúd de madera y vestido con su capa y capucha de fraile juanino.

Más tarde fue trasladado a la Iglesia y posteriormente sale el cortejo fúnebre hasta la Parroquial o Iglesia Mayor, hoy la Catedral local, desde donde una banda de música acompaña el sepelio hasta la necrópolis.

A lo largo del trayecto se congregan personas de todas las capas sociales, unos queriendo llevar en hombros el féretro y otros, para tocarlo con sus manos.

En todos había el dolor y el sentimiento por la pérdida de un hombre entregado enteramente al cuidado de los enfermos y la atención de los más pobres, al amor al prójimo.

Llamado por todos Padre Olallo, el humilde religioso nunca fue considerado como tal por la jerarquía eclesiástica.

PROCESO DE BEATIFICACIÓN

En diciembre de 1989 el Postulador General de la Orden Hospitalaria , Fray Félix Lizaso, comunicó a Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, Obispo de Camagüey, la disposición de la Orden DE San Juan de Dios de realizar el proceso de santidad de Fray José Olallo Valdés, y para 1990 se inicia el Proceso Diocesano, aceptado como válido un año después por la Congregación vaticana para la causa de los Santos.

El 27 de noviembre de 1999 la Orden funda en la ciudad de Camagüey un Hogar para Ancianos, dedicado al padre Olallo.

La institución caritativa, de conjunto con el Ministerio de Salud Pública de Cuba, presta servicios internos, de hospital de día, y consulta externa de fisioterapia.

Para el 2004 se realiza el proceso diocesano sobre el presunto milagro atribuido a la intercesión del Venerable Padre Olallo, dado en el caso de la curación “científicamente inexplicable”, de un linfoma abdominal, no Hodgkin, tipo Burkitt, estadio III-IV’, de la niña Daniela Cabrera Ramos de tres años, natural de Camagüey, hecho ocurrido en septiembre de 1999, según aceptaron los médicos que la atendían y reafirmado en la consulta médica efectuada en Roma, como parte del proceso seguido en la Causa de Beatificación.

En diciembre del 2006 el papa Benedicto XVI firma los decretos que proclaman a Fray José Olallo Valdés como Venerable, en reconocimiento a sus virtudes heroicas.

El Vaticano anunció en marzo de este año la decisión del Papa de aprobar un decreto de reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión de Olallo Valdés para dejar abierta la beatificación del religioso cubano.

Agencia Cubana de Noticias