Desolación nacional y la conferencia de prensa. Idas y venidas. Acusaciones. Algunas graves, sin pruebas. Hasta que el Hombre –como tantos otros como él- dijo: “lo que pasa es que si ustedes no nos atienden nosotros tenemos que imaginar”.

La sala -colmada de periodistas- quedó atónita.

¿Fue una amenaza? ¿Un reclamo histérico? ¿El exabrupto de un señor mayor embriagado de dinero? ¿O la confesión del estado real del periodismo actual? ¿El ABC del “periodismo” no es ir a la fuente? ¿Desde cuándo la fuente es la imaginación de los editorialistas de las grandes empresas recomunicación?

El Hombre tenía más escenas de su show.

Seguía la discusión. De un lado el equipo argentino, derrotado en buena ley. Del otro un ejército de comunicadores obligados por sus jefes a llenar sus espacios con una información, una frase, una palabra o un gesto. O con algo. Lo importante es decir algo, si es imaginado no importa. Hay que decirlo, y luego venderlo, claro. Esto también es libre mercado.

El Hombre pide la palabra y brama nuevamente: “aquí somos dos o tres los periodistas prestigiosos…”

La sala -colmada- quedó atónita, aún más que antes.

Ética es una palabra que el Hombre desconoce o no reconoce. Ni en la profesión ni en la vida.