En el panel de lujo, expresión cordial que usó el director de El Perro del Hortelano, César Hildebrandt, para aludir al equipo periodístico que opinó sobre lo mejor y peor del 2008 e integrado por Marco Zileri, Caretas; Patricia del Río, RPP; César Lévano, La Primera; Alberto Adrianzén, La República, se tocaron temas de diverso calibre y las consideraciones emitidas dan cuenta de análisis y reflexiones múltiples. Es de notarse, sin embargo, que ninguno de ellos discurrió sobre el delicadísimo tema de cómo Cancillería ha manejado la difícil vecindad con Chile a pocos meses que se dé comienzo al contencioso en La Haya y que sobre delimitación marítima ha llevado Perú al país del sur. Esta omisión clarísima da idea de cómo llega el periodismo al campo de combate con los meridionales que todos los días se encargan de recordar cómo anda su parque de armamentos, colección de satélites y cuan majaderos pueden ser cuando se lo proponen y como fuera desde antes de 1879 habida cuenta del precedente de 1836-39, la primera invasión chilena al Perú.

La ignorancia, la desidia, el temor a lo ignoto y de descubrir que la historia contada por historiadores plásticos, palafreneros de linajes y apellidos; escondedores de traiciones aleves y complicidades atroces, marca el espíritu periodístico nacional. No estamos frente al periodista de la resistencia Andrés Aramburú y su terca, porfiada, indomeñable lucha contra la pezuña invasora sino en tiempos en que la globalización y sus esbirros han conseguido “vender” la idea que el patriotismo, el apego al terruño y al patrimonio, son “cosa del pasado” y que ahora mejor es vender, vender, vender porque eso nos coloca a la vanguardia de las naciones. Obvio que la premisa indudable apunta a que éstos son los que custodian las operaciones, empujan las transacciones y forman parte de los miserables que roban bajo forma legal de los dividendos. El pueblo es tan solo pretexto simpático de discursos y convidado de piedra eterno que todo lo paga y que nada puede reclamar porque hasta ese derecho le ha sido conculcado con los TLCs que prevén tribunales especiales por encima de la ley nacional.

¿Cómo explicarse tanta estupidez institucional? ¿hay alguna manera de agarrar al toro por las astas y vencer esta pusilanimidad antaña que se instala definitivamente luego de la derrota aciaga y vergonzosa de 1879-1883? El camino del odio es el derrotero de los bárbaros Atilas que enuncia el inmortal Vallejo. Basta con tener dignidad, estudiar la historia y aprender de sus lecciones para no repetir los yerros monumentales que signan y oscurecen el devenir peruano casi desde que nació y necesitamos que, especialmente los genuinos periodistas, aprehendan que si el porvenir nos debe victorias, éstas no llegarán solas o caerán de los árboles: ¡hay que conquistarlas con el sacrificio y al amor a las causas de justicia!

A nadie pareciera inquietar cómo es que Cancillería ha llevado por torpísimos caminos el contencioso con Chile. Encargado del equipo nada menos que un chilenófilo de larga y lamentable trayectoria mediocre: Allan Wagner. Y en su equipo hay “escritores” que han puesto en blanco y negro textos que favorecen la tesis de Chile, como es el caso del traidorzuelo Fabián Novak Talavera quien junto a Luis García Corrochano son parte de esa dinámica proditora que nos hará pasar momentos indefendibles. No obstante esas taras, hay que recordar cómo el gobierno del presidente García y él mismo, en múltiples veces, se han encargado de dar “lecciones” de un cipayismo repugnante con respecto a La Moneda, olvidando que los socialistas que ocupan el gobierno en Chile son más chilenos que socialistas. Pero gallina que come huevo, aunque le rompan el pico......

¿A quién conviene esta indefensión doctrinaria, histórica, periodística? Es obvio que a los quintacolumnas que representan en Perú los intereses ajenos. ¿Hay que soportar, sin desenmascarlos, su presencia letal y mutiladora del espíritu nacional? Me temo que la respuesta es clarísima: ¡de ninguna manera! Pero hay que combatirles con las armas de la ciencia y la tecnología, la historia, el derecho y las ganas de vivir en y para la dignidad de las naciones. Si hay traidores ¡allá ellos! ¡Aquí sólo puede primar el interés genuino, la defensa del patrimonio natural e industrial de 28 millones de habitantes y el designio de liderazgo que nos viene por ancestros, con cinco fronteras, el mar más rico del mundo e ingentes riquezas inacabables y que son ¡precisamente! lo que el guano y el salitre fueron en 1879!

Los medios de comunicación hablados, escritos y radiales no pueden seguir eludiendo chapuceramente lo que es el deber contemporáneo de pelear por la patria. Al público corresponde exigir de sus hombres de prensa: compromiso y limpieza. Será interesante ver como cada quién da cuenta de su responsabilidad o cómo disimula sus cobardías. Y entonces habrá que verles retratados en la comisión de sus actos. Es hora que el Perú y sus periodistas se pongan de pie, el 2009 llega pleno en nubes cargadas. Hay que estar preparados. Es mandato de la historia. ¿Quién pesca el reto?

¡Atentos a las historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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