Si hay algo de que carece, en grado sumo, por responsabilidad propia y ajena, la señorita Ingrid Suárez, es de credibilidad. Es decir, no debiera haber esperado tanto para hacer lo único que debe hacer antes de retirarse a sus cuarteles de invierno si es que no la enjuician penalmente: renunciar a un cargo que le queda muy grande, demasiado voluminosa la carga, la Contraloría General de la República. ¿Quién o qué pandillas han manipulado a la susodicha para llegar al ridículo de afirmar que sus cursos libres de ingeniería le otorgan un título que no tiene? Sólo un Congreso anémico de inteligencia y cuasi nulo de cualquier dinamismo puede ser tan concesivo.

Hay un precedente nefasto: Genaro Matute. Sus siete años son el largo túnel de impunidades, ocultamientos, canje de influencias y sortilegio de investigaciones empantanadas, aherrumbadas en óxido fétido, en suma el reino de la ineficacia más aterradora. Matute se calló en el asunto del sobreprecio de las mangas del Aeropuerto Jorge Chávez, tema que la empresita perseguidora de periodistas, Lima Airport Partners, LAP, acometió hasta por un exceso de US$ 2 millones de dólares. También se hizo el bobo cuando la propia CGR consideraba que había mérito penal para enjuiciar y eventualmente engrilletar a la ex ministra Verónica Zavala Lombardi quien tuvo la graciosa ocurrencia, cuando era directora del Fonafe, de depositar la suma de US$ 5 millones de dólares en un banco que luego quebró. Y así como estos ejemplos hay múltiples de como un valido y aprovechador puesto por favores políticos, difundió la mordaza, obstruyó o dificultó el escudriñamiento exhaustivo de robos y estafas. ¿Quién o qué pandillas querían hacer lo mismo con la señorita Ingrid Suárez?

No hay que victimizar tampoco a la mencionada contadora. Ella no es ninguna menor de edad como para no poder discernir claramente lo bueno de lo malo. No obstante aquello sus errores son de tal calibre que un elefante en cristalería a su lado, queda como un novato de ignorancia al 100%. ¡Ni a propósito se podría haber confeccionado el rosario de tantas bestialidades a la vez! ¿Entenderá en qué se ha metido esta persona?

No sólo eso. La fallida, torpe, absolutamente frívola comisión Webb, integrada por Gastón Garatea, Cecilia Blondet, Beatriz Boza y Richard Webb, dio muestras al país que una cosa es con guitarra y otra con cajón. El amiguismo, la compadrería, el uso indebido del Estado, dieron dos resultados, el primero fallido y el segundo ídem. Y hasta metieron en el yerro al presidente García Pérez que apuntaló a la Suárez de cuya suerte fracasada no hay la más mínima hesitación. ¿Cuándo sale la resolución por la cual se ordena que estos individuos devuelvan hasta el último centavo por un trabajo que no hicieron y la sanción correspondiente para que no puedan volver a cometerlo? A otros más modestos hasta les echan de su puesto de trabajo. A los tagarotes, blancos, amiguísimos de los de arriba, no les pasa nada. ¿Hay que aceptar semejante aberración?

Los que anhelaban otro Matute, esta vez con faldas, han generado groserías de todo calibre y desverguenzas indigestas. El sólo hecho de haberse dejado usar en esta etapa da cuenta de cómo Ingrid Suárez no constituía –y ya no lo será felizmente- un freno eficaz a los desmanes delincuenciales de burocracias, ejecutivos y pillos afincados en el aparato del Estado. Este interregno no es más que una opereta de ridículos a cual peor que el anterior. Y hay responsables al más alto nivel.

Categórica y objetivamente, la Suárez ¡De todo, menos Contralora!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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