Se ha comprobado que, al menos catorce países europeos tienen una indisimulable relación con la existencia de cárceles clandestinas –dependientes de la CIA– en las que, por indicaciones del gobierno de EE.UU., en la etapa Bush, se torturó, se desapareció temporariamente –¿y también de manera definitiva?– a gentes por el sólo hecho de ser árabes. Atroz.

Se sabe que en EE.UU. más de sesenta millones de personas viven en la pobreza, que cuarenta millones de esas sesenta millones no tienen asistencia de salud, y que de ellas aproximadamente treinta millones no tienen con qué garantizarse una comida al día, a pesar de que a cambio de una paga miserable hacen lo que ahora, en el nuevo lenguaje de la explotación, algunos llaman “contra prestación de servicios”. Humillante.

Millones y millones de mujeres, hombres y niños de Europa del Este sufren la condena de “vivir” en un infierno económico-social, ahondado por la actual crisis del capitalismo –neoliberalismo global–, luego que se les prometiera que con la caída de la Unión Soviética irían al paraíso. Desastre.

Crímenes y hambre, promovidos por el neoliberalismo, se expanden. Muestran al capitalismo en su estado salvaje, programando y reprogramando violencias. Y muestra a sus medios y periodistas protegiendo, con su accionar, los bienes de los ricos, abocados a salvar el pellejo. Se multiplican la crisis, matanzas y caos que trituran a millones y millones de seres humanos y, en tal escenario, la noticia y la nota de los periodistas neoliberales es: Cuba.

Existe un holocausto global, promovido desde hace más de treinta años por los maestros y discípulos del neoliberalismo y, sin embargo, la noticia y la nota es que dos deportistas cubanos se fueron de Cuba a vivir a Uruguay. Como contrapartida vale recordar que millones de niñas y niños en Cuba realizan actividades deportivas ajustadas a planes de atención integral de la salud, como ocurre en muy pocos países del mundo.

Marcelo Longobardi es un periodista argentino, neoliberal, amante del libre mercado, que trabaja –entre otros medios– en C5N, un canal de televisión de la Argentina, que, con gusto especial, golpea a la Revolución cubana sistemáticamente.

En esta ocasión, Marcelo Longobardi convocó a los telespectadores poniéndole a la entrevista con los dos deportistas cubanos –Aguelmis Rojas, corredor de media y larga distancia y Rafael Díaz, entrenador– un título extravagante: “Viaje a la libertad”. ¿La entrevista?: pobrísima. Con el agregado de un tal Roberto (sin apellido), también cubano, quien hacía el discurso político contrarrevolucionario, al estilo de un “gusanito” de Miami, un poco burdo y bastante contradictorio.

Frente a tal ejercicio periodístico, más de una pregunta se caen de maduras: ¿Dónde está la libertad? ¿En los países que han sido utilizados para montar centros clandestinos de tortura, al servicio de la locura guerrerista de EE.UU.? ¿En EE.UU. convertido en una caldera en la que se hambrea a millones de seres humanos, se rescata de la crisis a estafadores y se ejecutan controles agobiantes a la vida laboral y social de las personas? ¿Dónde está la libertad? ¿En EE.UU., donde, en medio de la crisis global del neoliberalismo-capitalismo, se rescata al banco más grande de ese país –y del mundo– el Citibank, famoso durante décadas por ser una institución vinculada al lavado de dinero, proveniente de todas las áreas “sucias” de la economía?

¿Dónde está la libertad? ¿En Europa del Este, donde crece la desesperación frente a innumerables y gravísimas privaciones económicas y sociales? ¿Es que, acaso, hay libertad y bienestar en todos los lugares por donde pasó la epidemia neoliberal, la peste neoliberal, el holocausto contra diversos pueblos del mundo?

En Uruguay, lugar elegido por los deportistas mencionados para continuar sus vidas, todavía se procura saber dónde están los desaparecidos por la dictadura militar, que en la década del setenta respondía, al igual que otras dictaduras en otros países de Latinoamérica, al catecismo económico, social, político y cultural, impuesto a tiros por las bestias neoliberales tipo Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Ambos, líderes de las políticas de libre mercado y socios –o mandantes– de dictaduras militares sanguinarias que, como en el caso de Uruguay, crearon las bases para la instalación de un modelo de exterminio predominantemente mafioso. Más de treinta años de oprobio neoliberal; un holocausto global contra la humanidad toda, y la noticia, vaya inmundicia periodística, es “dos deportistas cubanos abandonaron Cuba”. Farsantes.

Hoy se siguen viendo y viviendo las consecuencias de aquel festival de muertes, estafas, desocupación, miseria, atomización y violencia social. ¿Esa es la libertad? ¿La libertad de unos pocos, sobre los cadáveres y las ruinas de los más, es la libertad? ¿Es libertad el consumismo alienado de las grandes masas y el miedo paralizante de esas mismas masas cuando todo huele a desempleo, desalojos, despedazamiento familiar y a enfermedades de la miseria?

Dos deportistas cubanos se marchan de Cuba. Millones de gentes –entre ellas deportistas participantes de las más exigentes competencias olímpicas y mundiales– se quedan en Cuba. Estudian, crecen y defienden su dignidad y la de su país. ¿Cuál es la noticia? ¿Qué se entiende por “viaje a la libertad”?

Contar con el poder de los medios de comunicación es una ventaja. Es verdad. Aunque eso no será garantía sin fecha de vencimiento para el abuso periodístico. Ya mismo, hoy, también en nuestra región, se viven experiencias que demuestran que correr con ventaja mediática no lo es todo. La lucha por un nuevo periodismo, al igual que la lucha de ideas y por una nueva sociedad, no ha concluido, ni mucho menos. El neoliberalismo, y los neoliberales tienen demasiadas cuentas pendientes con la sociedad mundial, demasiados crímenes en su haber. La impunidad no les será eterna.

- Nota publicada en el portal www.felap.info
- Periodista, Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP)