¿Sería lícito presumir que los Reglamentos de las Cámaras de Diputados y Senadores de Chile comprueban escrupulosamente los procedimientos que brindan sus respectivos cuerpos para la ratificación en Congreso de los tratados internacionales? Ilógico debiérase considerar que cualquier parte de ese u otro Congreso deseeara caminar por rutas distintas a las usuales e internacionales reconocidos en la materia. Por tanto ¿a quién pide conformidad, si se trata de la ratificación de un tratado, el gobierno de Chile con el respaldo legislativo de su Congreso? Evidentemente al o a los gobiernos con los que contrata o institucionaliza.

Digamos que ha comenzado un TLC entre Perú y Chile. En el país del sur, el Senado y Diputados brindaron su aquiescencia formal, votada democráticamente y comunicada al Ejecutivo de La Moneda. Deviene interesante preguntar a quién inquiere el gobierno de Chile para que las normas encuentren el refrendo común, acostumbrado, insospechable de pillerías o trucos procedimentales. Es indubitable que en algún momento requerirá la ratificación del gobierno del Perú que, así como lo posee el de Chile, obtuvo el pase en votación afirmativa de Senadores y Diputados. Aquí hay un problema, me digo yo, profano ilustre que pregunta como ejercicio de campaña lógica: ¿lo que se exige allá no es idéntico acá, en legislación internacional sobre todo cuando se involucra a Ejecutivo y Legislativo de países contratantes? Aquí, según ha explicado con sesuda capacidad intelectual el canciller José García Belaunde, este TLC prescindió de esa acción congresal porque era una simple extensión de un acuerdo firmado muchos años antes. En buena cuenta nos dijo, así lo entendí yo, que el Congreso está de adorno. La verdad que ya sabía esa verdad de Perogrullo, sólo que éste apellida ahora García Belaunde.

El palurdo arguirá o berreará y caminará por setos inválidos para echar concreto con ventilador al santificado TLC con Chile entre el congreso de ese país y su ejecutivo y el gobierno episódico del Perú porque urbi et orbi se ha dicho y comunicado que el Establo de la Plaza Bolívar no ha intervenido en el convite. Es decir que ha consagrado su condición de inutilidad pagado con el dinero del pueblo peruano y ha ratificado su absoluta, incondicional y estupenda capacidad prescindible. Que los esfuerzos tardíos de un grupo pretendan corregir lo que ya fue consumado asemeja al dicho aquél: después de burro muerto, pasto.

Acabo de leer en un diario local y en columna a cargo de un ex ministro de Agricultura del régimen delincuencial de Kenya Fujimori que a lo avanzado con el Acuerdo de Complementación Económica con Chile que años atrás ya reunía el 98% de lo compilado hoy con el TLC, debían agregarse los acuerdos de la traidora y sucia claudicación en Arica, noviembre de 1999, en supuesto cumplimiento de lo estipulado en el Tratado de Lima del 3 de junio de 1929 y su Protocolo Complementario. Entonces Jorge Valdes, desde la Cancillería, Fernando de Trazegnies, alfil reaccionario enquistado en la administración del japonés, el traidorzuelo Fabián Novak Talavera y varios uniformados que hoy se disfrazan de patriotas cuando entonces eran entreguistas convictos y confesos, siguieron el curso de acción empujado por Chile por caminos de trampa y mañosa elusión de lo genuinamente estipulado en el Tratado de 1929. O sea que no sólo estamos ante el monstruoso yugulamiento de la voz de un Congreso mediocre, silencioso, aherrumbado, sino que aprovechando de su total ignorancia, un vivo empieza a destilar la especie que hay que, al caballazo, dar patente de corso a lo que desde 1999 quedó como una de las traiciones más sucias que, por alguna suerte mínima, ningún Congreso se ha atrevido a convalidar. Ya saltó la liebre y los apaches que muy bien comercian sus cultivos de exportación están dispuestos a entrar al agua con voracidad de pirañas con dieta de largos años silenciosos.

No está demás preguntarse por causa de qué el silencio atenaza no sólo a los congresistas.Los hombres de prensa callan violando su propia existencia cotidiana. No hay más de dos o tres periodistas enterados in extenso de lo acontecido en temas geopolíticos. Creo que hay que hacer esfuerzos para superar esta patética anomia improductiva. Aunque los dueños de los miedos de comunicación amenacen y recuerden que son empresas chilenas las que en mayoría impresionante colocan el avisaje, es decir, el candado de qué se promociona. Y también que se silencia o ignora.

Mientras tanto da asco ver cómo los políticos creen que éste es un asunto judicial, de tribunales, de papel sellado. No entienden, no les da el cerebro que aquí hay historia, convocatoria, calor popular, homenaje y coherencia con el sacrificio de los que murieron por la patria. Los payasos sólo hacen reír. Los traidores cobran el fruto de sus productos con muchos pretextos. Pero el pueblo es más sabio que todos los sabios.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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