El próximo 20 Perú presentará la demanda por delimitación marítima a que ha llevado a Chile ante la Corte Internacional de La Haya. El acto administrativo estará a cargo del responsable Allan Wagner Tizón. Ningún peruano, por razón alguna o pretexto manido de cualquier especie, puede mantenerse neutral o lejano. El respaldo a una acción de Estado supera el episodio de los gobiernos quinquenales y convoca multánimemente a los 28 millones de habitantes. ¡Unidad nacional, así de simple!

No obstante hay un enorme desconocimiento acerca de qué y cómo y por cuáles razones Perú ha tomado la acción jurídica ante la Corte Internacional de Justicia. He allí una primera dificultad que erosiona, con malignidad de temer, el concepto de unidad nacional. ¿Debe existir esta noción potente como símbolo del actuar peruano? ¡Por cierto que sí! Pero una premisa fundamental para robustecer la doctrina y el cuerpo ideológico de esta simbiosis cívica la constituye el conocimiento informativo sobre porqué se adoptan patrones de comportamiento jurídico y político. Cualquier tesis en contrario, como la reserva mal entendida e increíblemente arguida por diplomáticos y políticos representa una irresponsabilidad culposa y traidora.

¿Basta que los millones de escolares lean la Demanda peruana ante la CIJ? ¿Y si los profesores carecen de mejores herrramientas sobre el tema, estarían impedidos de ir más allá del texto literal? ¿no es cierto que una de las características de los jóvenes, primarios y secundarios, es la de preguntar con energía irreprimible?

¿Para qué sirven los medios de comunicación? Hasta hoy con excepciones contadas con los dedos de la mano, han sido muy pocos los que han otorgado espacio, minutos para el ilustramiento de qué se está tratando en La Haya y del porqué de la participación peruana nada menos que como demandante. Sostiene el canciller García Belaunde, con fragilidad endeble, que los temas especializados hay que dejárselos al “profesionalismo” de la Cancillería. La última vez que a nivel de conversaciones importantes y que Perú sostuviera con Chile por asuntos pendientes desde el Tratado de Lima del 3 de junio de 1929, una pandilla capitaneada por Fernando de Trazegnies e integrada por Jorge Valdez, Carlos Pareja, el traidorzuelo Fabián Novak Talavera y algún militarcito patán con aires de sabihondo, produjo el fiasco bochornoso de noviembre de 1999 con lesivos y proditores resultados para el Perú. ¡Ningún Congreso se ha atrevido a ratificar aquél adefesio que ahora la ministra Aráoz pretende hacer pasar como parte válida del andamio que afianza el TLC con Chile que ni siquiera tiene el pase congresal!

De manera que hay motivos más que suficientes como para aguzar el oído, ponerse en alertas y contribuir a que no se cometan errores o complicidades a que son tan afectos algunos elementos conocidos y de triste recordación en los hechos y actos y de los que hay registro periodístico y oficial. El 95% de aquellos pertenece al profesionalismo de la Cancillería. Y eso lo sabe el titular de Torre Tagle.

La pregunta reflexiva deviene por tanto válida en su contenido más puntual: Unidad nacional: ¿se la invoca o construye patrióticamente? Estoy cierto y vibrante que hay que edificarla sobre nociones muy claras y sobresalientemente patrióticas. El presidente y el canciller explicarán en su momento ante el Congreso y el país cómo evoluciona la demanda luego de su presentación administrativa. Mientras tanto, amalgamados, otorgando fuerza y solidez a la posición nacional, el Perú es un todo militante frente a un Chile que se arma hasta los dientes. Nadie sabe para qué concretamente, pero son miles de millones los que emplea en esa clase de artefactos.

¡Caminemos positivamente y pongamos todos de nuestra parte!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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