Por esa razón señalamos que los micrófonos están sufriendo “fallas técnicas”.

Si usted pone atención a las voces que aparecen en los medios de comunicación notará la expansión de este curioso fenómeno.

Para corroborar nuestra sospecha alcanza con hacer el simple ejercicio de repasar algunas expresiones que aparecen a todo volumen en cada rincón del territorio...

“El que mata tiene que morir. Terminenla con los derechos humanos y las estupideces”, grita la diva de la tele, y los micrófonos funcionan, y las repercusiones se multiplican al infinito en otros micrófonos que también funcionan...

Otras voces, las que sobreviven entre las sombras, distantes, despojadas... parecen condenadas a gritar su pesar en micrófonos descompuestos, que no alcanzan a registrar el tamaño de su tragedia.

Estas voces no encuentran el rebote de las otras. Estas voces se pierden en el olvido.

Esa situación es la que padece María José Moyano, que a mediados de febrero de 2008 fue víctima de un incendio que causó graves daños a su vivienda del barrio Villegas, ubicado en la localidad de Trenque Lauquen, dejándola desprovista de todo lo necesario para vivir dignamente con sus seis hijos. Además, uno de sus pibes sufre una enfermedad terminal que lo obliga a atravesar reiteradas asistencias médicas para hacer más llevaderos sus días. María José no tiene trabajo y sobrevive con la solidaridad de sus vecinos. La situación que sobrelleva con su hijo Andrés es el más fiel retrato de la angustia.

Andrés tiene cuatro años. Desde su nacimiento su organismo presentó serias complicaciones que, con el tiempo, fueron agudizándose.

“Él sufre de desnutrición crónica, es decir, que es algo que siempre le va a afectar. Lo más problemático es cuando se deshidrata. El techo de esta casa no tiene cielorraso. Después de bañar a Andrés, lo saco afuera para que se refresque, pero ocurre que a la noche, se concentra mucho calor adentro de la vivienda y él transpira mucho. Le doy agua fresca todo el día porque cuando se deshidrató, hace como dos o tres semanas, se puso muy mal. Si no lo hubiese llevado esa noche, al otro día no lo tenía”.

Los micrófonos, tan eficaces, ante los reclamos de pena de muerte o cuando reproducen voces que piden la baja de imputabilidad para los menores, pierden toda su aptitud cuando deben registrar las voces de la exclusión.

Algo pasa con los micrófonos.

María José pide ayuda para su pibe de cuatro años.

María José cuenta que “los tirantes de lo que quedó de la casa están quemados y el techo se puede venir abajo en cualquier momento y aplastar a todos los chicos...”

María José suplica, y los micrófonos de los grandes medios de comunicación no multiplican su reclamo.

Algo está pasando con los micrófonos...

Tienen que ser fallas técnicas. Solo los poetas, los locos y los niños pueden sostener que los micrófonos son parciales y se desentienden de algunas voces.

Lo extraño es que el silencio siempre sucede con las palabras de quienes agonizan en la miseria más feroz.

Nota publicada por la Agencia Pelota de Trapo (http://www.pelotadetrapo.org.ar)