por Alfredo Grados; [email protected] 31-3-2009

(N. de E.) Un día como hoy en el 2001 cayó abatido por balas asesinas y por encargo criminal, el gran patriota que fue Godofredo García Baca. Su lucha, ejemplo, valentía e incorruptible figura han perdurado por encima de los tiempos y ha superado las inmorales campañas mediáticas que el dinero de las mineras promueve y así lo ha querido destacar Alfredo Grados quien desde Australia escribe este magnífico homenaje a su memoria. Al año siguiente, el 2002, tuvimos la oportunidad desde el diario Dignidad que dirigíamos entonces, de librar una batalla a brazo partido por los campos de Tambogrande y fuimos los únicos que dimos cuenta cómo el 95% de la población local había votado contra la minería. Con Ulises García, Vicente Zapata y muchos otros establecimos desde entonces una férrea amistad que hoy reconoce un día aniversario pero en el recuerdo de un varón fuera de serie cuyo nombre ya está inscrito en la lista de héroes del pueblo: ¡Viva Godofredo García Baca! (hmr)

He conocido a través de la historia agraria del Perú a muchos luchadores que dejaron sus vidas para luchar contra la desposesión y viene a mi memoria el caso de un ayacuchano de San Miguel, Guillermo Rojas Prado quien valientemente se enfrentó a las tropas del ejército y de la guardia republicana que le arrebataban sus tierras para entregárselas a un terrateniente y minero. Guillermo Rojas Prado fue hecho prisionero en 1929 y maltratado por muchos meses como si se tratara de un enemigo que nos robó Arica hasta que gravemente enfermo por los puntapiés en sus anatomías, un grupo de amigos, también defensores de sus tierras, lo trasladaron a Lima y lo llevaron al Hospital Dos de Mayo donde dejó de existir a causa de las lesiones de las botas, los látigos, las varas y las culatas.

La historia del ayacuchano Rojas Prado se repite y reverdece diariamente. Era un hombre que hablaba con la tierra y que dejó una bandera que luego enarbolaría un hijo de Piura que tenía el tamaño del Perú: Godofredo García Baca. Godofredo demostró desde su llegada a los desiertos de San Lorenzo en 1964 que el peruano tiene que ser una persona emprendedora con tesón y terquedad suficientes para cambiar la naturaleza y ponerla al servicio de los seres humanos; una persona resuelta para enfrentarse a las dificultades del clima y lograr cosechas que nunca permitió que se las arrebataran; una persona activa y decidida que dio un ejemplo que otros siguieron; un propagador de sus conocimientos entre las humildes personas de la tierra; un peruano de gran valía poseedor de un ilimitado espíritu emprendedor. Ese gran peruano fue Godofredo García Baca.

Nacido en el pueblo agrario de Chulucanas aprendió que la vida no se podía mantener comiendo piedras de oro sino que se nutría con los productos de pansembrar y al encontrarse con tierras desérticas y abandonadas las retó y se fue encima de ellas para darles la vida que la haraganería gubernamental le había negado. Algunos se mofaban de Godofredo pero con su tenacidad y persistencia siguió adelante con sus investigaciones hasta que obtuvo los primeros resultados prometedores. Comenzó las canalizaciones y encontró a las personas tesoneras que deseaban participar en esta empresa de cambio del arenal en fuente de alimentos y comenzaron a trabajar de sol a sol; roturando la tierra a veces con herramientas rudimentarias; cada uno llevando agua en baldes hacia cada una de las plantas que cada vez se alejaban de la fuente líquida; y, comiendo lo poco que había. Después de la jornada los colonos llegaban desde todo punto para sus reuniones diarias donde Godofredo atendía los problemas de sus colegas con interés y seriedad ¿Cómo hacía un profesor universitario para poder llegar a las mentes de esas personas? Muy simple; todos hablaban el lenguaje de la tierra. Estaban tan adentrados a la tierra que a nadie le interesaba si hoy era sábado o jueves.

Cierto día llegó al Perú la Manhattan Minerals Co. of Canada con un paquete de proyectos que puso delante de Alberto Fujimori quien, al igual que Godofredo, había sido profesor en la Universidad Agraria de La Molina. Esa compañía se había presentado a la regional de minería respectiva para presentar un denuncio para la exploración y explotación de mineral aurífero lo que, como es natural en el Perú, no tuvo ningún impasse ni objeción, a pesar que los planos de denuncio indicaban que:

1. Que el lugar donde se ubicaba la mina estaba ocupado por el pueblo de Tambogrande; y, 2. La supuesta mina se encontraba a menos de 30 Km del borde con el Ecuador y la empresa no era peruana.

La Manhattan se esmeró para presentar un estudio ambientalista que fue motivo para todo Tambogrande reaccionara contra ese monstruoso proyecto. La Manhattan para convencer a las autoridades del gobierno apuntó que el proyecto generaría 3,000 puestos de trabajo y el pueblo de Tambogrande respondió que la agricultura que comenzó allí con Godofredo García Baca ya daba trabajo a cerca de 40,000 personas. Acosada la Manhattan por los argumentos y conocimientos de Godofredo y el pueblo de Tambogrande fue donde Fujimori que aprobó, sin consulta a los interesados, conceder a Manhattan Minerals las tierras denunciadas donde se encontraba la villa de Tambogrande. Fujimori declaró luego “La minería en Tambogrande va a contribuir al desarrollo peruano” y balbuceando más estupideces dijo “Vamos a ser los primeros productores de oro en el mundo”. Los agricultores respondieron al ignorante “Las legumbres de Tambogrande se comen, el oro no se come; los mangos de Tambogrande se comen, el oro no se come; los limones de Tambogrande sirven para nuestro cebiche; el oro no nutre.”.

Entonces le tocaba a Godofredo asumir su responsabilidad para representar a toda la comunidad en la defensa de Tambogrande, del Valle de San Lorenzo, del Bosque Seco y de todos los lugares aledaños. También asumió valientemente la responsabilidad de conducir a los agricultores que no estaban dispuestos a dejarse arrebatar de sus manos la cosecha. La única condición que impuso fue que todo se hiciera de manera pacífica porque así provocarían la reacción de los vendepatria. Llegaron a todos los fueros y la corrupción hizo oídos sordos a sus demandas y por eso decidieron llegar donde el directo responsable de la usurpación: “rambo” Fujimori. Los pueblos por donde marcharon los recibieron con el más puro patriotismo y gritaron con ellos “¡AGRO Y VIDA SÍ, MINERÍA NO!”

La Manhattan empleó mil y una triquiñuelas para frenar el ímpetu de los pueblos de San Lorenzo y ofreció para cada agricultor una casa pero estos se preguntaban “¿Dónde voy a trabajar si yo soy de la tierra y nada sé de minería? ¿Qué hago con una cadena de oro en el cuello” Efectivamente, basta echar una mirada a lo que hoy es todo ese gran valle para apreciar el esfuerzo humano en la transformación de la naturaleza para el provecho de todos. Lo que antes era un lugar de suelos estériles, hoy es un emporio fecundo donde mana la vida. Nada fue fácil allí pero la felicidad llegó cuando vieron sus primeros logros.

Pero ganó el pueblo; ganó Tambogrande y ganó Godofredo García. Un 31 de marzo de 2001, un oficial del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea Peruana (sífigura en los documentos escritos y filmados), Meléndez Zapata Atocha, le disparó al pecho haciéndose pasar por un asaltante en las carreteras. Nunca quiso declarar quién lo envió para que sirviera de verdugo pero dejó entrever que “había sido mandado”.

Hoy rendimos nuestro homenaje a este ilustre agrarista, colono y hombre emprendedor de los que hacen falta en el Perú y lo hacemos porque supo defender nuestras fronteras oponiéndose a que inconstitucionalmente y a solo 30 km de la frontera con el Ecuador, se le concediera a una empresa extranjera un emporio minero que implicaba la desaparición de varios pueblos y de extensas áreas de cultivo. Se opuso a que mataran de hambre a los pueblos piuranos y defendió los derechos de los humildes. Por eso lo odiaba la Manhattan. Por eso lo mataron.

Desde entonces, “los días de campo” –delegaciones de estudiantes, agricultores o personas que buscaban estudiar la agricultura— se habían convertido en parte de la rutina de la parcela, un espacio donde viven en armonía, frutales, legumbres, algarrobales, jirones de bosque seco tropical, y aún hay espacio para toda una granja de lombrices que producen humus, corrales de ganado y hasta una micro-ciénaga donde viven patos y se asolean perezosas iguanas.

“Una de las habilidades de mi hermano era que podía enseñarle a los campesinos sin mayor formación cultural, y en los mismos términos podía dirigirse a los auditorios de saco y corbata”, recuerda Ulises García Pérez, profesor de la Universidad Agraria La Molina, en Lima.

En 1993, ganó el premio San Luis Pro Conservación de la Naturaleza, junto a sus hijos Godofredo y Ulises por su aporte a la conservación de la naturaleza, armonizando el agua y aplicando los modelos con los que experimentaba en su parcela

“Por eso, a mi padre lo invitaban a conferencias, exposiciones, llevaba gente a la parcela”, dice Ulises García, el hijo de Godofredo, “incluso le criticábamos el hecho de que iba a esos encuentros y nunca pedía que le pagaran pasajes, siempre lo sacaba de su bolsillo”.

Cuando estalló el conflicto por la pretendida explotación minera de San Lorenzo, Godofredo se convirtió en un tenaz opositor, que supo capitalizar sus habilidades para advertir a todo el mundo sobre lo que iba a suceder. “Siempre la gente le ponía atención, pero no sólo eso: le creía”, apuntó en una oportunidad la periodista Margarita Rosa Vega, una de sus amigas. “Fue el primero en dar la voz de alerta”.

La periodista le ha reconocido al también científico no sólo su afán por diversificar cultivos, sino también sus estudios para tecnificar el mango desde el enfoque de una agricultura ecológica, y perspectivas de industrializar y exportar el banano piurano.

“Godofredo, con sus investigaciones, logró desarticular la falta de transparencia en los petitorios y concesiones mineras, empezando con ‘la Chancadora’, ubicada en el cerro Somatillo, a la que le habían denominado San Juan, para despistar a los agricultores de San Lorenzo”, agrega en el prólogo del libro Tambogrande: ¿despensa o minería?

Para Ulises García hijo, este caso fue una suerte de entrenamiento para lo que vendría después. La contratista yugoslava Energoprojeckt pretendía convertir un sector de bosque seco en cantera para construir una represa ubicada en la ciudad de Sullana, sobre el río Chira. Padre e hijo acumularon pruebas, tomaron fotos y se presentaron casi intempestivamente en la presentación del EIA.

Ante el grupo, y debido a las pruebas, se desistió dar la concesión del cerro, aunque la empresa siguió operando ilegalmente unos meses más hasta que se fue. Los García habían ganado la batalla.

Godofredo repitió el plato cuando Manhattan presentó su Estudio de Línea de Base Ambiental (ELBA), en julio de 2000. Aprovechando su cargo como presidente de la Asociación de Productores de Mango, cuando aún era una institución transparente, emitió una respuesta técnica al entonces gerente Jorge Lanza, lo que se intentó minimizar.

“Comenzó a hacer artículos, a escribir a todo el mundo, a llamar a sus amigos, a sacar documentos, se quedaba hasta tarde haciendo sus papeles”, dice Ulises.

Godofredo García Baca resumió en cuatro las razones por las que no se debía aceptar el proyecto minero, que básicamente son los impactos negativos con los que desbarató el ELBA:

• Enajenación de la propiedad privada, puesto que los terrenos sobre los que se asienta el valle fueron comprados por sus colonos a través de procesos de ventas libres entre 1962 y 1965, lo que atentaría contra la misma constitución del Perú (artículo 70º); por último, la agricultura tiene más criterios de necesidad pública que la minería, pues satisface de modo inmediato las necesidades de la comunidad. • Pone en peligro la actividad agropecuaria, que sustenta la zona. Según la Constitución (artículo 88º), “el Estado apoya preferentemente el desarrollo agrario” y garantiza la propiedad. • Desaparición de la cubierta vegetal (formada por los bosques y las áreas de cultivo) por su paulatina muerte a causa de la construcción u operación de los tajos abiertos, a pesar que se obliga al Estado a proteger la biodiversidad (Constitución, artículo 68º) Obviamente, las poblaciones de fauna y humanos serán irremediablemente afectados. • Deterioro de la calidad del aire y del agua por la contaminación con explosivos, gases, así como el ruido y las vibraciones, en un área de 60 kilómetros a la redonda desde el tajo abierto.

Estas razones fueron y aún son utilizadas por la resistencia para sustentar su oposición al proyecto minero, y hasta ahora Manhattan ni nadie ha sabido replicar convincentemente.

“Godofredo García Baca cayó bajo las balas asesinas de quien tal vez no le gustó su liderazgo, porque incomodaba o porque quizás sería un estorbo para otros planes nada halagüeños del futuro del departamento”, dice la periodista Margarita Rosa Vega.

En una oportunidad, el líder fue invitado por Manhattan para reunirse en sus oficinas en Piura, a lo que García accedió. Su hijo Ulises quiso acompañarlo pero ante la negativa de su padre se limitó a seguirlo a prudente distancia preocupado por los peligros que implicaban tal reunión. Varios minutos después, Godofredo salió muy contrariado, siendo abordado por su hijo con ávido interés. “No darán su brazo a torcer”, le explicó, y arreció sus ataques.

Nunca se pudo conocer lo que trataron en esa reunión, pero según Ulises no descarta que intentaron ganarlo y no lo lograron.

Godofredo García jamás denunció si era seguido o amenazado, al menos no públicamente, pues su hijo admitió que frecuentemente cambiaban de ruta para llegar a su propiedad en Somate Bajo.

Una clave del asesinato parece ser la fecha del crimen, exactamente un mes después de los sucesos de Tambogrande, y un año después de la instalación de la Mesa Técnica de Apoyo a Tambogrande.

Para entonces, había comenzado el juicio de Manhattan y sus aliados locales contra los dirigentes tambograndinos, y se estaba esperando una reacción pública de Godofredo respecto a lo ocurrido el 27 y 28 de febrero.

Medios independientes lograron establecer que el plan era ligar el asesinato con posibles actos terroristas que habrían desencadenado lo ocurrido un mes antes en el campamento de Manhattan.

La rápida reacción de Ulises, el hijo, permitió descartar esa treta, y llegar a una conclusión: detrás del asesino, hay una conspiración muy grande que quería callar a Godofredo, porque éste tenía la clave final para deshacerse de la amenaza minera sobre San Lorenzo.