¿Han sido categóricas, contundentes, tajantes, las condenas, de haber sido emitidas, por las organizaciones que dicen defender los derechos humanos, ante la masacre de 13 soldados en el VRAE-Ayacucho en días recientes? ¿bastan, si es que existieron, esos poemas de boca para afuera? Me temo que los derechos humanos en el VRAE, hasta de modo burocrático y peor si son las vidas de elementos de las fuerzas del orden, las heridas y asesinadas, NO existen. En Perú pandillas han hecho creer que estos derechos se refieren sólo y en exclusiva a civiles, muchos de los cuales están metidos en el terrorismo demencial que no tiene nada de revolucionario y es parte de un conjunto criminal de acciones.

Afirma el primer ministro Simon que esto ha ocurrido como respuesta a las medidas del gobierno contra el terrorismo. Más elemental no pudo haber sido su verdad de Perogrullo. El señor de marras justifica cualquier medida, tornó en un acrítico oportunista y nadie sabe qué reflexionó y que obtuvo de sus largos años en la sombra cuando estaba en la otra frontera por la comisión de actos violentistas. No obstante su absolución judicial sus pecados políticos presentes son de alto voltaje permisivo.

¿Qué se puede decir del ministro de Defensa? Poco y aquello para censurar su ineficacia rotunda. No sólo eso, Antero Flores fue puesto en ridículo ha poco con el tema del museo de la memoria y en lugar de irse, por mínimo decoro, optó por la conversión automática denigrante de subirse a la marea ganadora. Si alguna vez pensó en futuro político, es obvio que hará de aquello un ejercicio en los confines limitados de sus propiedades. Más allá, sólo incurriria en el ridículo absoluto.

Las organizaciones de derechos humanos parecen notarías que dan fe de un tipo de violaciones que ellos reputan como tales. Cuando los heridos son militares los pretextos para evitar la condena a los fautores, menudean las excusas y explicaciones de todo jaez. Lo peor de todo es que en la capital, y desde cómodos escritorios, con aire acondicionado, fondos a granel, sí que es fácil “luchar” por los derechos humanos. Ha poco la revista Caretas publicó el reclamo que hizo una viuda que acudió a solicitar ayuda a Aprodeh porque vivía en condiciones infrahumanas desde que su esposo había sido asesinado por los senderistas reaccionarios en 1998. Y la respuesta fue la increíble expresión que “sólo ayudaban a las víctimas del Ejército”. Es probable que la ignorancia de cuanto ocurre en el VRAE les empuje a decir tamañas estupideces, entonces, hay que demandar para que la ciudadanía compruebe que sí hacen su trabajo de modo sincero y humanitario, que instalen oficinas de defensa de los DDHH en Ayacucho y en todas las zonas de peligro en que actúa el terrorismo.

No es mucho pedir. Total el edificio de publicaciones que suele repartir loas al mérito que ostentan, de modo real o mentiroso, las organizaciones de derechos humanos, les regala elogios múltiples. Que se hagan acreedoras a las mismas desde el escenario conflictivo de las ocurrencias resulta en una necesidad fundamental. ¿O se ha visto corresponsales de guerra que hablen del conflicto desde las muelles poltronas de sus lindas oficinas en San Isidro o Miraflores y por celulares satelitales? ¡Ya es hora de demandar acción y certidumbre!

Y aunque pareciera no haber conexión alguna, sí que la hay porque un país al sur del Perú que está hoy en medio de un conflicto en base a una controversia jurídica por delimitación marítima, obtuvo la rara presea de tener asiento en la Comisión de DDHH en Naciones Unidas. ¿Y saben por causa de qué?: por haber puesto a disposición del gobierno peruano a Kenya Fujimori. Chile que nunca enjuició al criminal sanguinario que fue Augusto Pinochet Ugarte, lavó sus manos, gracias a la grita desaforada de elementos que se dan el lujo de acusar al Estado peruano ante tribunales internacionales.

Fue increíble ver cómo un gordo burócrata de derechos humanos bramaba porque “no se permitiera” a Kenya Fujimori o a su defensa, la apelación o recursos contra la sentencia de días pasados. ¡Eso sí es perturbar el debido proceso porque, nos guste o no, a eso tiene derecho el japonés! Si, como empiezan a pergeñar voces más o menos enteradas, la sentencia no se ajusta al proceso por el que fue extraditado desde Chile, es hasta probable que aparezcan sorpresas poco halagueñas que desnudarían la ignorancia torpe y la tremenda ineptitud de quienes hasta hoy gozan de una fama no cuestionada.

Que las organizaciones de derechos humanos den demostración in situ y de veras y que van a hacerlo en las zonas donde las papas queman. Los derechos humanos no son recurso burocrático para obtener fondos pingues y vivir a cuerpo de rey mientras que los soldados o militares son acribillados por el terrorismo criminal.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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