La constitución del 2008, en la Sección segunda: Control de Gobierno, Art.130, reza: La Asamblea Nacional Constituyente podrá destituir a la Presidenta o Presidente de la República en los siguientes casos:

1. Por arrogarse funciones que no le competan constitucionalmente, previo dictamen favorable de la Corte Constitucional. 2. Por grave crisis política y conmoción interna.

En un plazo de 72 horas, concluido el procedimiento establecido en la ley, la Asamblea Nacional Constituyente resolverá motivadamente con base en las pruebas de descargo presentadas por la Presidenta o Presidente de la República.

Para proceder a la destitución se requerirá el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros de la Asamblea Nacional. De prosperar la destitución, la Vicepresidenta o Vicepresidente asumirá la Presidencia de la República. Esa facultad podrá ser ejercida por una sola vez durante el periodo legislativo, en los tres primeros años del mismo.

En un plazo máximo de siete días después de la publicación de la resolución de destitución, el Consejo Nacional Electoral convocará para una misma fecha a elecciones legislativas y presidenciales anticipadas para el resto de los respectivos periodos. La instalación de la Asamblea Nacional y la posesión de la Presidenta o Presidente electo tendrá lugar de acuerdo con lo previsto en la Constitución, en la fecha determinada por el Consejo Nacional Electoral.

Según algunas encuestas, la aceptación de Rafael Correa bordea el 70%. ¿A qué se debe el alto nivel de popularidad? En mi concepto, Correa ha sabido capitalizar el esquema: “Amado u odiado pero nunca pasar desapercibido”. Los especialistas en marketing político saben que discurso e imagen construyen nuevos imaginarios y por eso no se habla de Rafael Correa únicamente como un fenómeno político sino como una marca comercial destinada al consumidor: en este caso al elector.

El periodista Augusto Alvarez Rodrich afirma: “La influencia de los medios de comunicación no radica en su poder de persuasión inmediato, sino en la capacidad de organizarle al público en un largo plazo los temas sobre los cuales debe pensar y la forma de reaccionar a los mismos”.

Los grandes medios de comunicación, no han dejado de ser portavoces y parlantes de la derecha ecuatoriana. Un análisis crítico de los noticieros de Ecuaviza y Teleamazonas conducidos por los presentadores de noticias: Carlos Vera y Jorge Ortiz, revela una violencia política solapada con comentarios sesgados, reiteración y machaque sobre temas trillados que distorsionan la opinión pública.

Echando mano de la tan cacareada libertad de expresión, persuaden y posisionan subliminalmente en el imaginario colectivo el discurso de los intereses de los grupos de poder a quienes se deben. El reiterado llamado a “moderar el discurso”, casi nunca es aplicado para sí mismos. Son incapaces de hacer un mea culpa pues al hacerlo, se victimizan tal como ocurrió cuando se planteó la necesidad de la democratización del espacio radioeléctrico.

De cara a las elecciones de Abril del 2009, no ha pasado desapercibido que la sociedad ecuatoriana atraviesa por un alto grado de conciencia y cultura política involucrándose cada vez más en el debate y en la actividad política.

Las agrupaciones políticas de derecha: Alvaro Noboa, pasando por Lucio Gutiérrez, Martha Roldós, entre otros; junto con los grandes medios de comunicación como las ya mencionadas televisoras, periódicos como El diario El Universo, Diario la Hora, Diario El Comercio; radios como Radio Democracia y EXA FM de Gonzalo Rosero, así como la Revista Vanguardia dirigida por José Hernandez, etc, sabedores que la oposición y la vieja partidocracia está herida de muerte, que Rafael Correa y el Movimiento PAIS muy posiblemente barrerán en los próximos comicios enterrando definitivamente la larga y triste noche neoliberal, esgrimen una estrategia. Apostar por la muerte cruzada para intentar recuperar espacios de poder al tratar de ocupar la mayor cantidad de escaños en la Asamblea Nacional para, al estilo del viejo Congreso Nacional, boicotear el proyecto de la llamada Revolución Ciudadana y forjar un complot para destituir a Rafael Correa que seguramente será el Presidente electo, por lo que los ecuatorianos debemos meditar muy bien a quien consignaremos nuestro voto.