- ¿Cómo se da tu acercamiento a la música?

Se da desde muy chico, cuando tenía cinco años. Mis viejos eran ambos profesores y fueron ellos quienes desde las ganas de que aprendiéramos a tocar un instrumento, tuvieron la gran idea de mandarnos a mi hermano, Claudio, y a mi a estudiar al conservatorio del barrio de Villa Luro, una academia de un violinista del teatro Colón.

Yo me formé en la guitarra y mi hermano en el piano. Desde ese momento, es que en el presente ambos abrazamos la música con mucha pasión, y hago hincapié en el “ambos” porque Claudio también lo siente de la misma manera. Él arrancó su carrera en los medios como pianista del “Agujerito sin fin” con Julián Weich. Después lo que todos conocemos.

Yo por mi parte, siempre me dedique a la música, laburando desde chico dando clases y formándome con tipos realmente grosos. Estudie en el Nacional Buenos Aires, egresé en 1976 y desde el 74 que empecé a dar clases, por lo que llevo 33 años dando clases.

-¿Desde los primeros momentos sabías que te querías dedicar a la música?

Por supuesto que no tan desde chico. Al principio lo tomaba como un juego, íbamos todos los pibes del barrio. Después, una vez que ingrese en el secundario, viniendo de un primario solo de varones, me di cuenta que en los bailes, una vez que apareció una guitarra y me puse a tocarla, las chicas se quedaban escuchando y me daban bola. A veces era contraproducente porque me quedaba tocando dos horas y las pibas ya se habían ido con otros muchachos (se ríe). Una vez terminada la secundaria, por mandato paterno, empecé a estudiar psicología pero seguía dedicándome a la música dando clases.

- ¿Trabajás mucho dando clases?

Si, bastante, también estoy tocando con el cuarteto, y solo. Todos los sábados sigo en “clásica y moderna”.

- Reorientando lo de las clases, ¿seguís dando clases después de tantos años por una cuestión económico-laboral o tiene que ver con poder transmitir determinados conocimientos o determinada forma de ver y entender a la música?

Hay épocas donde mi entrada económica más fuerte son las clases y otras donde tengo varios shows diagramados y eso me da un piso económico importante. No obstante, siempre mi interés fue el de formar gente. Es, por un lado una cuestión familiar que heredé de mi abuelo, que era docente. Después continuó con mis viejos que también eran docentes y por otro lado, la verdad es que me encanta dar clases. Tengo un método desarrollado, hay una biblioteca llena de biblioratos con arreglos de música popular. Vienen alumnos y me piden de sacar un tema de cualquier músico, independientemente de que a mi de guste o no, y yo le hago los arreglos, así aprenden a tocar con música que les gusta, básicamente es enseñar con la motivación del alumno. Sino es complicado, hay chicos que vienen porque los mandan los padres sin demasiada motivación y lo peor que uno puede hacer es aparte enseñarles con partituras que no les interese o que les parezcan un embole. Tengo cerca de mil arreglos hechos. Uno de mis proyectos para este año, es editar esos arreglos y armar unos cuadernillos. Primero voy a empezar con los de tango ya que es la especialidad de la casa.

- ¿Cómo se da esa vinculación tan especial con los espectadores en tus recitales?, ¿Es algo que se genera solo, o vos propones esa relación donde un poco se pierde la clásica relación de artista con espectador pasivo?

Es algo que genero yo. Tanto cuando toco solo como cuando toco con el cuarteto. Hago entre ocho y diez temas con el cuarteto, después quedo solo y le pido a la gente que me pida temas, y yo, como contraprestación le pido a la gente que cante. Pueden salir cosas realmente delirantes, pero está buenísimo, se arma verdaderamente el living de la casa. Después armo dúos con el resto de mis compañeros y por ultimo vuelve el cuarteto. Finalmente los recitales pueden llegar a durar unas tres horas y medias.

Lo mismo pasaba cuando tocaba en el bar “36 billares”. Los recitales duraban tres horas y un ciclo que iba a finalizar al cabo de un par de meses se extendió por tres años, era fascinante, la gente venia a comerse una picada con unas cervezas, se iba y volvía a las dos horas a tomarse un café y yo todavía estaba tocando.

-La especialidad de la casa es el tango, pero, ¿es lo que más escuchás?

Ciertamente el tango realmente me gusta pero escucho de todo. Me encanta el folclore, la música brasilera, el jazz. También es verdad que comencé a trabajar en la música, por fuera de las clases, siendo arreglador de tangos para Adriana Varela, cuando Adriana recién empezaba, allá por los `90. Fue todo una experiencia porque a mi me permitió hacer arreglos tangueros de temas que a mi me gustaban y tocar con gente muy grosa como Jaime Roos, Hugo Fattorusso, y el polaco Goyeneche.

- ¿Qué proyectos venís planificando?

Estamos armando un disco y un dvd en vivo con el cuarteto que producimos en la Viruta. Por otro lado, lo que te comentaba antes de empezar a editar y armar los cuadernillos con los arreglos de casi treinta años de docencia. También estamos con el ciclo con Silvina Chediek en Radio Nacional (el programa que hacíamos en “Canal á”).

- Existe una idea o una necesidad de ciertos sectores entorno a separar al arte respecto de la política. En tu disco “Cuesta arriba” hay una bajada con un tono político muy evidente, ¿Cómo tomás vos esta idea preconcebida que disocia al arte de la política?

Absolutamente creo que son cosas que no se pueden disociar, en el disco “Es lo que hay” también hay una bajada que es como una declaración de principios de lo que yo pienso. No concibo el compromiso artístico sin un compromiso político, un compromiso social, es decir, un compromiso con la realidad cotidiana. Si bien creo que la realidad se cambia desde la política de manera organizada, desde la música uno puede acompañar un proceso, de trazar una trayectoria coherente con lo que uno piensa y actuar en consecuencia. Por supuesto que también, siempre que uno, desde lo que hace, pueda colaborar en recitales a los que a uno lo convocan y que tengan que ver con causas que a uno le parezcan justas (festivales por los derechos humanos, por la reivindicación de la lucha de los `70) está bien estar presentes. Siempre que me invitan a ese tipo de eventos, intento participar, no es cierto que las ideologías hayan muerto, que nos hayan derrotado, todo lo contrario. Lo que hoy se ve en materia de derechos humanos yo lo apoyo fervientemente, en función del “nunca mas”, que se sepa lo que pasó.

-¿Cómo se dio tu relación entre la música y la política en los `70?

Yo empecé a militar en el `74 en la Juventud Comunista. Me metí ahí porque tenía una novia que militaba en la Fede. Estuve a punto de entrar en la UES (la rama secundaria de los Montoneros) a partir una compañera que luego desapareció. Viví una secundaria con una efervescencia propia de lo que era el país en esa época, con la esperanza de que transformar la realidad estaba ahí, al alcance de la mano. Después con el cachetazo tremendo de la dictadura todo cambió. Yo en el `77 dejé de militar en desacuerdo con la línea que se bajaba desde el partido y entré en la colimba. Dentro de la desgracia tuve suerte ya que caí en manos de un teniente coronel que era músico y a su vez era el encargado de coordinar una banda del ejército.

-¿Cómo ves la política cultural del actual gobierno porteño?

Te soy sincero, si bien estoy en las antípodas ideológicas del macrismo, yo con Hernán Lombardi (ministro de Cultura y Turismo) tengo una buena relación y nos ha abierto muchas puertas, por lo que en este punto me encuentro en una contradicción ideológica. Él siempre ha entendido a la cultura vinculada al turismo, lo que básicamente sería, poder exportar las manifestaciones porteñas al mundo. Esto no es nuevo ya que él también estuvo en la época de la Alianza. Tampoco han habido grandes cambios a nivel cultural con lo que venía sucediendo con (Aníbal) Ibarra y (Jorge) Telerman. Más ampliamente, no es un gobierno con el que coincida y no sé si los sectores más pudientes, a los que Macri representa, estarán conformes con su gestión.

- Esta bien llevar las manifestaciones culturales al exterior pero también hay que resolver la cultura en los barrios.

Por supuesto, yo hablo desde lo que a mi respecta. Yo quiero que en los barrios se mantengan las conquistas que se consiguieron en los gobiernos anteriores. Tengo amigos que daban clases en algunos centros culturales barriales y se quedaron sin laburo porque les bajaron el presupuesto. La verdad es que tampoco estoy demasiado al tanto de la integralidad del desarrollo cultural del gobierno porteño, pero seguro que sino se mantienen los trabajos que se venían haciendo en las villas a nivel de armado de orquestas típicas juveniles, por ejemplo, es una cagada porque es muy necesario porque ese tipo de desarrollo cultural no es sólo a nivel oficio sino también a nivel espiritual y a nivel de interactuar con otros.

Nota publicada en el portal de la revista Despierta Buenos Aires (http://www.despiertabsas.com.ar/)