por Luis Alberto Salgado; [email protected]

Compañeros:

Este martes 16 de junio saldrán a las calles los apristas en una marcha, o caminata, en una ratificación pública colectiva de su vocación histórica por la paz y por la justicia para todos, por sus convicciones democráticas, para demostrar cuan consistentes y consecuentes son nuestros principios y valores que buscan, desde siempre, la fraternidad entre todos los peruanos, la integración nacional de nuestro fragmentado país, que lo es desde antes de la independencia política formal de España. Y está bien que así sea.

Este acto público se realiza pocos días después que miles de peruanos en distintos lugares del Perú salieron también a expresar sus convicciones en torno a lo que consideran el resultado de un mal manejo político, un grave error en el intento de restaurar el orden público y, sobre todo, por lo que estiman es una sucesión de desaciertos por parte del Ejecutivo y del Legislativo en relación con lo sucedido en Bagua, Amazonas, durante los días 4 y 5 de junio. Esto, como secuela de meses de conversaciones y negociaciones que derivaron en gravísimos hechos de sangre que nunca debieron ocurrir y que pudieron perfectamente evitarse, comenzando por la horrorosa muerte de miembros de nuestra Policía Nacional y de la muerte de un número aún no preciso de compatriotas amazónicos, aparte de cientos de heridos.

¿Existe contradicción o enfrentamiento de posiciones entre los dos actos públicos? Esperemos que no. Deseemos que no y no tiene que serlo. Pues de ser así, se estaría profundizando la brecha de separación, distancia y antagonismo entre el APRA e importantes y numerosos sectores de las poblaciones del Perú. Pero ello depende del ánimo y actitud con las cuales se salga a las calles.

El Poder Ejecutivo, a través del presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simon, ha anunciado que solicitará la derogatoria de los decretos legislativos 1064 y 1090 que están en el origen de la masiva protesta amazónica, pues nunca fueron consultados a nuestros compatriotas, y que derivaron en lo que todos ya conocemos en su dimensión más sangrienta y que esperamos haya quedado allí. El anuncio oficial es el inicio e intento de una rectificación de los errores cometidos y es un primer paso importante como señal de querer entenderse con nuestros hermanos de la Selva. Nos alegramos que así sea.

Por ello, considerando lo anterior, me parece una clara muestra de inteligencia ética que en el espíritu de los compañeros, prevalezca la voluntad, el deseo y la reafirmación principista de la vida y de la paz, como motivación e inspiración central y fundamental para organizar y participar en el acto del martes 16 de junio. De ninguna manera ver a quienes marcharon la semana pasada como adversarios nuestros y mucho menos como enemigos. Esto, dicho con toda fraternidad aprista, sería un grave error. Y especialmente me dirijo a los css. jóvenes que no experimentaron lo vivido en los años 80 y las negativas consecuencias de ello para nuestro Partido.

Es muy importante tener presente que, en lo que a nosotros concierne, es preciso no ahondar las heridas y, por el contrario, creo que nuestra voz de orden presente es el llamado, debe serlo, a la armonía nacional.

De allí que no podemos renunciar a invocar, a instar, a exigir, serenidad y responsabilidad en todos, - todos -, especialmente en quienes tienen algún poder de decisión. Por ello, me permito asumir, entender y desear que los apristas seguidores del pensamiento humanista y justiciero de Haya de la Torre, pero, sobre todo, de su poderoso, imbatible mensaje ético construido sobre la base de la fortaleza moral que atrajo a miles y miles de jóvenes a lo largo de su vida, han decidido marchar y expresar nuevamente ante millones de peruanos esa convicción.

En buena hora, si ello es así.