Que importante es que en los momentos actuales la idea de revolución este al orden del día, importante porque hace pocos años la misma idea, la sola mención a la revolución, era asumida como un discurso extraño, de otro mundo. Una gran ofensiva terminó por prácticamente proscribir esta palabra.

Desde hace poco más de dos años, este término volvió a legitimarse al entrar en el lenguaje gubernamental, que asocia sus acciones con el lema: la “Revolución esta en marcha”, que se replica en las distintas áreas de la acción gubernamental como salud, educación, comunicaciones, y otras. Para el gobierno, un punto culminante de esa revolución fue reformular el viejo andamiaje jurídico con la entrada en vigencia de la nueva Constitución, que tiene su continuidad en la elaboración de nuevas leyes; en la implementación de una política de asistencia social y de redistribución de la riqueza.

Todas estas realizaciones que engloba la revolución gubernamental han tenido dos actores fundamentales: las fuerzas populares, sus organizaciones sociales y políticas y el liderazgo de Rafael Correa. En el caso de las fuerzas populares, su accionar por los cambios tiene un acumulado que viene de atrás y que ahora está más calificado por su nivel de conciencia y mayor claridad de objetivos, que han sido ratificados en las movilizaciones y en las urnas. El liderazgo presidencial ha sido ratificado en la última votación, a nadie le cabe duda que un actor fundamental en esta contienda electoral fue el presidente Rafael Correa, sin cuyo concurso el Movimiento País hubiera tenido más dificultades que las que tuvo para lograr un número importante de asambleístas, que a la final no alcanzó lo necesario para tener una mayoría propia en la Asamblea.

En todo proceso político es necesario tener en cuenta que estos dos actores fundamentales tengan y ejerzan sus roles específicos, es decir, que los trabajadores y pueblos tengan el protagonismo principal, que desarrollen el debate sobre los más importantes aspectos de la vida del país, que tengan la posibilidad de critica frente a la acción gubernamental y la potestad de plantear y exigir rectificaciones ante posibles desviaciones en el proceso, que se garantice, se respete y se promueva el derecho a la organización. Es necesario afirmar la concepción de que son los pueblos los que producen la riqueza social, los hacedores de la historia, de los cambios, son los hacedores de la revolución.

En todo proceso político, en todo proceso revolucionario es necesaria también la presencia y acción de los líderes, es decir, de personalidades que cuenten con la capacidad política de conducir y contribuir a que esos procesos alcancen la victoria. De la manera como se conciba el rol de los pueblos y de los líderes en los procesos históricos sociales, en los procesos de cambio depende de que estos avancen o tengan dificultades y se detengan y aún más se produzcan retrocesos.

Los pueblos del Ecuador han alcanzado interesantes niveles de cultura política, producto de su participación en el debate, se han pronunciado en las urnas por las fuerzas progresistas y de izquierda, lo que quiere decir que han desarrollado un nivel de conciencia política, hay mayor claridad en los objetivos del cambio. Si esto es así mal haría el Presidente de la República en restarle importancia a los hacedores de la historia, a quienes hicieron posible su nuevo triunfo presidencial a quienes son el único soporte y garantía de todo proceso revolucionario.