Para nadie es desconocido que la Central de Inteligencia Americana (CIA), con el afán de eliminar el pensamiento socialista y comunista en América Latina, ha encabezado los golpes de Estado en el siglo XX. Una de las estrategias del gobierno gringo para fortalecer la ’democracia norteamericana’ ha sido mantener en sus filas a las autoridades de los gobiernos de la región, especialmente a militares, quienes han sido deliberantes ante procesos de cambio político, económico y social.

El golpe de Estado ocurrido el pasado domingo 28 de junio en Honduras mantiene en alerta al mundo, especialmente América Latina, ante la arremetida y reaparecimiento de las estrategias imperialistas para asumir el poder por la vía militar. Para el analista político Esteban Mejías, en su artículo: “Vázquez Velásquez, un esbirro de la Escuela de las Américas”, Honduras fue sede de las operaciones militares y de inteligencia de Estados Unidos en la llamada guerra de los contras en Nicaragua, cuando se le llamaba “procónsul” al embajador estadunidense de ese tiempo, John Negroponte. “En 1975 fue un egresado de la Escuela de las Américas, el general Juan Melgar Castro, quien se instaló como dictador de Honduras. De 1980 a 1982 otro egresado de esa escuela, Policarpo Paz García, gobernó el país. El Batallón 3-16, fundado por egresados de la misma escuela junto con egresados argentinos, se convirtió en uno de los escuadrones de la muerte más temidos en América Latina. Otro egresado hondureño de esta Escuela fue el general Humberto Regalado Hernández, quien encabezó las fuerzas armadas y dejó impunes las acciones del Batallón 3-16”. A estos nombres se suman una veintena de jefes militares de varios gobiernos, tal como lo afirma Gustavo Castro Soto en su artículo: “Escuela de las Américas”, donde asegura que de este centro de formación de dictadores han egresado militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Nicaragua. Se estima que más de 60.000 soldados latinoamericanos se han preparado en técnicas de contrainsurgencia, francotiradores, guerra de comandos y psicológica, inteligencia militar y tácticas de interrogatorio.

Vázquez y Prince: discípulos de la escuela golpista

Cientos de militares hondureños han participado en los programas de capacitación militar estadunidense (casi mil sólo entre 2005 y 2006) y la relación bilateral militar es una de las más extensas entre los países latinoamericanos. Así lo confirma el analista político Kristin Bricker, quien indica que el Pentágono ha mantenido una presencia constante en Honduras con la sede de su Fuerza de Tarea Conjunta Bravo del Comando Sur, encargada de coordinar ejercicios conjuntos y otros esfuerzos de cooperación castrense con militares de la región centroamericana. Esa instalación, una base de la fuerza aérea hondureña, es compartida con las tropas de ese país. El mismo autor denuncia que, según una base de datos de School of the Americas Watch compilada de información obtenida del gobierno de EE.UU., el Jefe de las Fuerzas Armadas hondureñas Romeo Orlando Vásquez Velásquez estudió en la SOA (Escuela de las Américas, en inglés) por lo menos dos veces: una vez en 1976 y otra en 1984. El jefe de la Fuerza Aérea, general Luis Javier Prince Suazo, estudió en la SOA en 1996. Estos dos jefes militares han sido partícipes fundamentales en el golpe de Estado al Gobierno de Manuel Zelaya.

Según lo denunció el mismo presidente hondureño, la crisis se inició cuando los militares se negaron a distribuir las urnas de voto para el sondeo de opinión sobre la posibilidad de incluir una urna adicional en las elecciones generales que permitiera conocer si los hondureños estarían de acuerdo en convocar a la instalación de una Asamblea Constituyente que reforme la carta política de su país. El Jefe de Estado dijo que las urnas fueron recuperadas junto a cientos de pobladores en una base de la Fuerza Aérea. Kristin Bricke agrega que la crisis se aceleró cuando el presidente Zelaya despidió al jefe del Estado Mayor Conjunto, Romeo Orlando Vásquez Velásquez, quien se negó a dimitir. Los jefes de todas las ramas de las fuerzas armadas hondureñas renunciaron en solidaridad con Vásquez y, gracias a un dictamen de la Corte Suprema, se reincorporó a sus funciones para llevar a cabo el Golpe de Estado. Manuel Zelaya, luego de los hechos, denunció al mundo que los militares de su país arremetieron en su vivienda y lo trasladaron secuestrado hacia Costa Rica mientras en el Congreso, que apoyó a los militares, nombraron a Roberto Micheletti, presidente del Congreso, como nuevo Presidente de la República de Honduras.

Hasta el cierre de esta edición, Telesur informó que fuentes cercanas a Washington confirmaron que el Pentágono, a través de la misión militar de Estados Unidos en Honduras, ha estado trabajando con los militares golpistas involucrados en el golpe de Estado contra el presidente Zelaya. Esta incursión se habría originado sin aprobación de la Casa Blanca.