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La empresa rusa Gazprom controla el 15 por ciento de las reservas mundiales de gas y una considerable cantidad de petróleo, lo que la sitúa como la tercera corporación más grande del planeta. La pujanza de ese coloso eslavo arroja nueva luz al debate energético, en donde el gobierno mexicano apuesta “modernizar” la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) a partir de la inversión privada, fundamentalmente internacional.

A pesar de que Gazprom y Pemex operan bajo la tutela del Estado, los contrastes entre ambas son evidentes en cuanto a su visión, estrategia y desempeño. En el ranking mundial de la revista estadunidense Fortune (en su edición de julio pasado), Pemex ocupa el lugar 42 –con una planta laboral estimada en 141 mil 146 empleados–, ingresos por 103 mil 961 millones de dólares, pero con déficit de 1 mil 675 millones de dólares; es decir, 140 por ciento menos respecto a 2006, por lo que descendió del sitio 34 al 42. Entretanto, la rusa Gazprom –con más de 445 mil empleados– tiene el sitio 47, ingresos por 98 mil 642 millones de dólares y ganancias por 19 mil 269 millones de dólares.

El poder global de esta empresa, y de sus homólogas gaseras en otras latitudes, resulta del posicionamiento mundial del gas natural como la alternativa inmediata al petróleo. Gazprom produce al año 540 mil millones de metros cúbicos de gas, cifra superior a la estadunidense, casi el 20 por ciento del total mundial. A ese contexto se suma su eficiencia operativa, explica Francisco Olguín Monroy, experto en las exrepúblicas soviéticas.

“Gazprom, de manera estratégica, funge como paraestatal, (aunque) da pie a pensar que también funciona como una empresa privada; como paraestatal hace acuerdos con trasnacionales, como ocurrió en el Ártico, en donde contrató a una empresa privada para perforar yacimientos”.

En el mundo de los negocios, Gazprom es una open joint company, es decir, una compañía conjunta de capital abierto que produce y comercializa gas natural y gas condensado, además realiza prospección o búsqueda de yacimientos petrolíferos, produce, transmite, procesa y comercializa ambos recursos, dentro y fuera de Rusia. Los beneficios que recibe por estas actividades se derraman a ese país en forma de impuestos, que representan el 20 por ciento de su presupuesto, de ahí su significado estratégico para la economía.

En octubre de 1992, el Consejo Supremo del Presidium de Rusia decretó transformar a Concern Gazprom en una compañía de reserva conjunta, y se fundó RAO Gazprom, aunque en 1998 sufrió la ola privatizadora del gobierno de Boris Yeltsin. Olguín Monroy compara ese proceso con el que promovió Carlos Salinas de Gortari desde la Presidencia de México: “Comenzó un proceso de privatización que benefició a colaboradores y amistades cercanas. En la Federación Rusa de Boris Yeltsin operó algo parecido y las empresas se fueron para el jefe de gabinete o sus amigos que amasaron grandes fortunas”.

En la presidencia de Vladimir Putin, la Federación Rusa compró acciones de otras subsidiarias; ahora posee el 51 por ciento de esos instrumentos, el resto (unas 500 mil) es propiedad de inversionistas extranjeros y particulares rusos –empresarios metalúrgicos, de la industria del cemento y ciudadanos comunes–.

También se eliminaron las restricciones para que los no residentes rusos adquieran sus acciones, con lo que en 2007 el precio de las acciones aumentó casi el 13.6 por ciento en los mercados de valores, tanto internos como externos. Como los accionistas de toda empresa de valores, los de Gazprom tienen derecho a voto y a recibir dividendos, a nominar candidatos a la Junta de Directores y a la Comisión de Auditoría y a proponer temas en la reunión de accionistas. Desde 2002, fue una de las primeras firmas rusas en adoptar el Código de Conducta para la Gobernanza Corporativa y, desde 2006, ZAO Price Waterhouse Coopers Audit es su auditor.

“Tenemos gas, mercado y socios”, dijo Dmitri Medvedev cuando dirigía la compañía. Y es que Gazprom se comporta con agresividad en el mercado.

Estado rector

En 2007, las ventas anuales de Gazprom ascendieron a 75 mil 800 millones de dólares y su valor en el mercado, estimado en mayo de 2008, fue de 348 mil millones de dólares.

En el ámbito mundial, Gazprom es vista como “el arma estratégica del Kremlin”. Desde el 27 de junio pasado, Víctor Zubkov, exprimer ministro y exdirector del Servicio Federal de Monitoreo Financiero –el órgano de vigilancia contra el lavado de dinero– preside el Consejo de Administración, cargo que ocupó Dmitri Medvedev, actual presidente ruso.

Zubkov admite que su tarea será lograr el balance óptimo entre los intereses del Estado y el desarrollo del monopolio gasero. Por su parte, Alexei Miller, presidente ejecutivo de la empresa, dijo al Financial Times: “Hoy, la idea de inversión más relevante en el sector energético es invertir junto al Estado”. Ambos funcionarios buscan elevar la capitalización de la empresa, de 348 mil millones de dólares a 1 millón de millones de dólares, para superar a la trasnacional petrolera Exxon Mobil, líder mundial en el rubro energético y valuada en 463 mil millones de dólares.

Por ese dinamismo, explica el especialista en derecho internacional Olguín Monroy, a Gazprom no le conviene cambiar su estatuto de paraestatal, sino que prefiere ser una empresa estratégica. “De lo contrario no podría ser utilizada como un arma política” por el Estado ruso.

Actualmente, la gasera construye el Sistema de Oleoductos del Báltico (BTC-2), a lo largo de 1 mil 300 kilómetros, para diversificar sus fuentes de exportación y reducir su dependencia de las zonas productoras, situadas desde Turkmenistán hasta Ucrania.

Influencia y soberanía

Gazprom posee la mayor riqueza natural de reservas de gas en el mundo con sus subsidiarias, lo que le permite actuar a través de una amplia esfera de influencia. Su eficiencia geopolítica es tal que provee el 40 por ciento de gas natural que consume Europa, a través de una red de ductos de 150 mil kilómetros. Así, todo el gas que consumen Finlandia, Estonia y Lituania es suyo; nutre el 60 por ciento del gas que consume Austria y el 35 por ciento del gas que compra Alemania –donde tiene subsidiarias, cuyas acciones controla el Estado ruso al 50 por ciento– y el 20 por ciento del gas que compra Francia.

Para Francisco Olguín, experto en valoración estratégica de Transcaucasia y Asia central, esa capacidad de Gazprom radica en que sus ductos pasan por las exrepúblicas soviéticas Bielorrusia, Kazajstán, Ucrania, y “si ellos se proponen subir los precios del gas o sus derechos de tránsito, las exrepúblicas no pueden pagar y Rusia cierra el grifo”. Además, esa paraestatal funge como arma política, pues países como Polonia, Alemania e Italia dependen de ella para sobrevivir el invierno; “Gazprom tiene a Europa bajo la bota”, dice.

El sistema de ductos de Gazprom forma parte del llamado Sistema Unificado de Aprovisionamiento de Gas de Rusia, lo que le permite total autonomía sobre el abasto y precios del gas que distribuye dentro y fuera de la Federación Rusa. “La Unión Europea debe comprender que, si necesita gas, tiene que crear condiciones para que el ruso le llegue a tiempo, porque si no, nadie más lo va a suministrar”, declaró el presidente Medvedev.

En contraste con la amplia red de ductos de Gazprom que le permiten dominar el mercado gasero de Europa, el maestro Olguín Monroy estima que, si Pemex tuviera la misma estructura de oleoductos hacia Estados Unidos –California o Texas– y ramificaciones hacia Centroamérica, “sería tan poderosa como Gazprom”, pero apostó a ser proveedora unilateral del país del norte. Agrega que durante los gobiernos neoliberales, Pemex ya no produce el gas que se consume en México. Estados Unidos depende de este recurso para casi una cuarta parte de su oferta energética total.

Olguín dice que Pemex tiene demasiadas deficiencias administrativas, de mantenimiento e infraestructura: no reinvierte. “Antes teníamos cisternas, buquetanques, ahora todo está en pésimas condiciones y sus ingresos van a Hacienda. Cuando estos ingresos se destinen a ampliar su infraestructura, Pemex será tan valiosa y estratégica como cualquier otra trasnacional”.

Durante la visita de Putin a México, en junio de 2006, declaró: “Nuestras compañías ya trabajan en el mercado energético mexicano y, en el campo de la electricidad, participan activamente en la realización de un proyecto para construir dos centrales eléctricas. El agregado comercial ruso en México, Serguei Fiódorov, señaló a Fortuna que ese proceso actualmente está en estudio.

Pemex, sin visión

La paraestatal mexicana maneja el gas de modo diametralmente opuesto a Gazprom. De acuerdo con el Sistema de Información Energética de la Secretaría de Energía, aunque la producción de gas natural aumentó 13 por ciento en los primeros siete meses del año, respecto al mismo periodo de 2007, el volumen de importaciones creció 45.6 por ciento y el valor de las compras de ese combustible en el extranjero prácticamente se duplicó, al pasar de 537.4 millones de dólares a mil 50.8 millones.

Francisco Olguín estima necesaria una reforma de Pemex, sin perder la tutela del Estado: “Si va a haber alguna suerte de participación extranjera, que sea como lo hizo Gazprom, siempre bajo control estatal, así podría contratar a cualquier empresa extranjera para perforar o explorar, sin perder la rectoría”.

El especialista en cooperación internacional no cree que la paraestatal necesite la asistencia extranjera para salir avante. “Pemex tiene los suficientes recursos para hacerlo, se requiere tener la visión estratégica para hacerlo y más cuando se acerca el fin del petróleo”.

Ante estas dos visiones en el rubro del gas –la de Gazprom que nació de un modelo imperial soviético, y la de Pemex, que pretende mantenerse como parte de la periferia estadunidense–, el maestro en derecho internacional concluye: “No me imagino a un Putin mexicano con la intención de reestructurar a Pemex, haciéndonos más dependientes de una economía como la estadunidense. Él no lo permitiría. Pemex debe mantenerse financieramente independiente, reestructurarse, pero en función del interés nacional, como lo hizo Gazprom”.


Red de convenios

La firma rusa Gazprom teje desde hace años una red de convenios y acuerdos de cooperación en todo el planeta, para mantener su liderazgo energético. En enero de 2005, Pemex y Gazprom firmaron una carta de intención para comprar gas natural licuado, con el objeto de regasificarlo en México y venderlo en el mercado norteamericano. En esa ocasión, Gazprom anunció que, de acuerdo con sus datos, las reservas mexicanas de gas natural eran de unos 420 mil millones de metros cúbicos. El maestro en derecho Francisco Olguín Monroy aprecia que Gazprom, como toda empresa trasnacional importante, debe tener estudios sobre yacimientos estratégicos petroleros en todo el mundo. Olguín Monroy no descarta que la firma rusa esté muy pendiente de la reforma energética, pues “el tema les concierne porque a la larga afectará los precios del crudo y eso repercute en el mercado”. Con Petróleos de Venezuela, SA, Gazprom firmó, en enero de 2005, un memorándum de entendimiento para identificar potenciales, proyectos energéticos e hidrocarburos con tecnologías de desarrollo sustentable, así como para modernizar las refinerías de cada una de las partes. Dos años después, el 29 de junio de 2007, ambas empresas comenzaron nuevos proyectos en extracción y transporte de crudo y gas. El 23 de febrero de ese año, acordó con Petrobras –la empresa estatal petrolera de Brasil– identificar áreas de cooperación en gas natural. A Brasil le interesaba construir ductos y reducir su dependencia del gas boliviano. La mitad del gas que consume ese país proviene de la nación andina, que le sirve para generar electricidad y combustible. El 22 de junio de 2007, la British Petroleum vendió su participación a Gazprom del campo Kovykta, Siberia. El 22 de diciembre, Gazprom asignó 1 mil 260 millones de dólares para su proyecto Sakjalin 1, que producirá 10 millones de toneladas de petróleo con participación de Exxon Neftegas Limited, la rusa Rosneft, la india ONGC y la japonesa Sodeco. Este año le ha significado la diversificación y expansión: el 28 de junio lanzó su proyecto para reconvertir el uso de gasolina en los automóviles europeos por gas natural. El consorcio ruso, en voz de Alexei Miller, expresó que “el uso del biocombustible condujo a la crisis alimentaria”, por lo que el gas es una alternativa contra la alza del precio de los combustibles fósiles. En julio, acordó con la petrolera venezolana la prospección del bloque “Ayacucho 3”, en la faja petrolífera del Orinoco. Estos pactos, opina Olguín Monroy, signan la “alianza estratégica” entre Hugo Chávez y Vladimir Putin para asegurar el Orinoco, en donde vigila una flota estadunidense. Ese mes Gazprom se lanzó a África y a Asia: manifestó interés por comprar gas natural a Libia y algo de su petróleo, a través de la Corporación Nacional de Petróleo de Libia. Gestionó con Nigeria el desarrollo de campos y ductos hacia Europa. Con la Compañía Nacional Petrolera Iraní acordó desarrollar campos de petróleo y gas, a través de una empresa conjunta que explorará y desarrollará campos en Pars, Azedegán y el Mar. (NE)