28-10-2009

Amparado en su notable e indiscutible opacidad, el canciller José García Belaunde, declaró desde el Vaticano que ese Estado tiene especial interés en la limitación de venta de armas lo que haría que la visita, a fines de noviembre, del presidente Alan García podría devenir en la obtención de un claro respaldo. Infiérese entonces que el titular de Relaciones Exteriores se dio un paseíto con ese propósito. ¿Nada más hay en la agenda?

Demandar que nuestros descerebrados políticos o periodistas descoyuntados indaguen más allá del simple enunciado, puede resultar un disparate. Sobre todo en el conocimiento que no se logrará gran cosa. Verbi gracia: ¿no hay, a nivel de Estados, entre Perú y el Vaticano, un tratado internacional, jamás refrendado por Congreso alguno desde 1980 y que se llama Concordato en virtud del cual la Iglesia Católica, el resto no existe según los fundamentalistas cucufatos, no paga impuestos, tiene privilegios y favoritismos? ¿Cuántos impuestos paga la Iglesia Católica? http://www.voltairenet.org/article1...

O, ¿de repente en jugada audaz, el presidente García va al Vaticano a hablar fuerte con el papa Benedicto y le comunicará que Perú ya no desea esa clase de convenios porque el Estado es laico y no confesional y no puede seguir dispendiando dinero en planillas que no tienen retorno y por tanto son improductivas? ¿no estaremos juzgando desdeñosamente la inteligencia zahorí del canciller García en su tarea de ablandamiento a los ensotanados de la Santa Sede?

La imaginación creadora en Cancillería es portentosa. Plantean la consecución de aliados en Europa y descuidan a los vecinos con los que casi no hay mayor vínculo y más bien choques o enfrentamientos frecuentes. Los estrategas de Torre Tagle estiman que los del viejo mundo y, sobre todo, el Vaticano, acudirán en ayuda nuestra cuando las papas alcancen temperaturas ebullentes. Me temo que más rápido pueden llegar aviones, barcos y tropas.

En mayo de 1923 los estudiantes de San Marcos, los obreros y pueblo de Lima protestaron contra la consagración del Perú al Sagrado Corazón de Jesús. Líder indiscutible de la protesta fue un señor llamado Víctor Raúl Haya de la Torre a quien jamás se le habría ocurrido agacharse para besar el anillo de un soplón, hipócrita y anti-cholo acérrimo. (Advirtamos que cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia). Y aquella sinergia cívica nació de las Universidades Populares creadas en el Congreso Universitario de Cusco de 1921. A posteriori y en homenaje al gran prócer civil, esos claustros adoptaron el nombre de Manuel González Prada.

¿Habrán decidido los capitanes de la ilustrísima diplomacia peruana y el gobierno del señor García consagrar Perú a alguna secta religiosa? ¿No basta el Concordato que es ilegal, espúreo y carente de cualquier validez? ¿con cuántas divisiones apoyará el Vaticano en caso de invasiones y usurpaciones e irrespetos a veredictos internacionales?

El Concordato entre Perú y el Estado Vaticano constituye una figura extraña. Atenta contra los tributos y divide a la sociedad, porque unos están facultados a no pagar impuestos y ese privilegio es absolutamente discriminatorio. No sólo eso, carece de la única posibilidad de legalidad: el refrendo congresal que obliga a cualquier convenio que modifique presupuestos o límites a la obtención del respaldo legislativo. O sea que ante los ojos y mirada impasible de Establos, desde 1980, este tratado NO es válido.

Hay voces que claman en el desierto lo que equivale a arar en el mar y no obstante un profundo sentimiento de rebeldía, reclamo y dignidad persuaden a continuar con estas señales de alerta. El tiempo dirá.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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