Si yo alguna vez hubiera pensado que hay que hacer un cambio a la Constitución, habría mandado un proyecto de ley que hubiera entrado en vigor desde el próximo gobierno en adelante…”
Michell Bachelet. Presidenta de Chile

Esta afirmación llena de asombro y espanto, demuestra la indiferencia de los que llegan a ser presidentes del país, ellos que son los encargados de administrar el sistema político y económico chileno, que se heredó de la dictadura, y que tiene sus referentes en la OMC. FMI, y el Banco Mundial. Lo expresado por la presidenta Bachelet constituye un violento atropello a la voluntad popular, a esa inmensa mayoría que sostiene que un país así como está, no es posible.

Es muy respetable lo que la presidenta piense, ella es la autoridad. Eso no es lo que se pone en duda ni se cuestiona, lo que desborda lo entendible, es que ella está en ese lugar porque el pueblo la eligió para que asuma la más alta magistratura, y ese pueblo no ha sido nunca consultado, NUNCA. Se vive en un país con una Constitución que emanó de un régimen ilegalmente iniciado, con la conocida secuela de dolor, tortura, muerte y exilio; a menos que la doctora Bachelet no cuestione el asalto a La Moneda, ni el quiebre institucional como una cosa grave.

Chile es según los publicistas del sistema y la Concertación, un ejemplo a seguir, por su estabilidad y progreso, pero en realidad las contradicciones internas son dramáticas. Hay miles de chilenos viviendo en la marginalidad más absoluta. Problemas estructurales en la educación y los recursos energéticos que hipotecan el futuro, en el sentido literal del concepto. Un sistema de pensiones que le asegura al empresariado, millones de beneficios y que está agotado. Una visión de país de los concertacionista, que tiene que ver más con el acomodo de sus orgánicas partidarias, y el bienestar personal, que con hacer las transformaciones sociales que son impostergables.

En las elecciones presidenciales cuando salió elegida la actual presidenta Bachelet, (1) se le escuchó decir que terminaría con la exclusión política, haría esfuerzos para generar las condiciones necesarias para elaborar una nueva Constitución. Nada de aquello sucedió. El país se encuentra en el mismo engranaje limitado y estrecho dejado por las Fuerzas Armadas. Luego del ejercicio presidencial de algunos elegidos post dictadura, hemos sostenido siempre, que a la Concertación no le interesa cambiar el sistema constitucional porque así se lo exigieron los militares, y es económicamente rentable a la clase dominante, a los sectores que siempre han mandado en Chile, los sostenedores de la centro derecha en el gobierno, porque con ellos fue sin duda la negociación.

Si no hubiera existido un acuerdo entre las FFAA y la Concertación, se habría avanzado en la urgente necesidad de dotarnos de un nuevo modelo que hubiera posibilitado el ejercicio democrático de todos, un país sin excluidos. El que Chile se encuentre viviendo en idénticas formas legales, igual que durante la dictadura, hacen irrefutable que hubo acuerdos y pactos “no escritos” entre ellos, como lo dijo Eduardo Frei, por lo tanto debemos asegurar ante la evidencia que dejan los hechos, que la traición, la mentira, ha sido la tónica de este bloque que no puede seguir conduciendo Chile, de manera tan fácil y regalada. De los acuerdos, eso se sabrá en algún momento…, en política suele pasar el tiempo, pero en los anaqueles de la historia están esas verdades.

Lo expresado por la presidenta, legitimando la actual Constitución significa mantener a miles como excluidos; decir que no necesita cambios, es un golpe duro para todos aquellos que lucharon contra la dictadura, los que entregaron sus gestos y voluntades para terminar con la larga noche del oscurantismo militar. Las movilizaciones y la lucha de aquellos años llevaban implícito el devolver un país, a su normalidad institucional y a un estado de derecho.

Y no habrá cuarta urna en las elecciones, y será así porque aquello alteraría el acuerdo Concertación/FFAA.

Claro que después de estas elecciones Chile no volverá a ser el mismo. La izquierda construirá nuevos referentes, nuevos interlocutores al estar los actuales ya agotados, y cautivos del modelo y del sistema. Los movimientos sociales deben avanzar, y el ejemplo de la calle en estos días, será una constante.

Para miles de chilenos exigir una ASAMBLEA CONSTITUYENTE es indispensable. No se aparcarán nuestras demandas pasadas las elecciones. Eso deja constancia del poco interés por el país, y los que en el habitan por parte de la Concertación.

Nota : Se recomienda leer el diario La Nación algunos días antes el 15 de enero del 2006

Fuente : Piensa Chile