Siempre preocupado por desmitificar el concepto de la aldea global y la denominada sociedad de la información, Aníbal Ford reflexionaba denunciando la existencia de una brecha digital “donde mucho de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestra memoria está siendo o va ser borrada”.

Tenía respuesta para aquellos que sueñan con la rápida democratización de la comunicación, sin tener en cuenta la complejidad que conlleva llevar a cabo tan loable deseo. Ford destrozaba el paradigma que equiparaba fácilmente ( con dosis de ingenuidad e ignorancias) Sociedad de la Información con Democratización de la Comunicación.

Literalmente, su pensamiento, sus fundamentos, le clavaban un puñal a la ingenuidad de la época y sentenciaba: “la socio-cultura de nuestro tiempo no puede explicarse sino se tiene en cuenta que las diversas "industrias de lo simbólico", de la informática a la producción audiovisual, constituyen uno de los ejes centrales de la masa crítica de la economía mundial.

Y también uno de sus soportes: sin las llamadas nuevas tecnologías no podrían entenderse el complicado y oscuro juego del capitalismo financiero internacional. Como también las nuevas formas de control social, identificación y espionaje, ni la presencia de los "grupos de inversión" en la comunicación y la cultura contemporánea que han dado una vuelta de tuerca a la transformación en mercancía de todo tipo de práctica social crítica.”

Si queremos pelear, luchar por una comunicación democrática debemos primero comprender sostenía Ford que “la situación de América Latina es claramente crítica en ese sentido. Y se acentúa con la generalización del uso de las nuevas tecnologías en los sistemas escolares, laborales y e institucionales en general.

La masa de software, de información, de sistemas que hoy mueve el mercado internacional desplaza, muchas veces groseramente, no sólo la cultura o la sociocultura de los países pobres (basta analizar una enciclopedia en CD-ROM para comprobar esto) sino los posibles y adecuados ingresos de las nuevas tecnologías en sus proyectos y sistemas de vida, en el perfil de –como diría Herbert Schiller "la información socialmente necesaria" que necesitan para sobrevivir.

Si "lo que no está en Internet no existe" como a veces dice el despiadado marketing de la red, la conclusión es que mucho de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestra memoria, de los conocimientos sobre nuestros recursos, de aquello que precisamos no sólo para recordar sino para salir de la crisis, ha sido borrado, está siendo o va a ser borrado. Este es nuestro desafío.”

Ford fue un profundo conocedor de las comunicaciones, y uno de los teóricos que más profundizó en el análisis de las nuevas tecnologías, aunque siempre a anclaba a su presentación como investigador la afirmación "Yo no soy un especialista en nuevas tecnologías, sino en los problemas culturales que ellas generan".

Su vida profesional y militante marca por sí misma sus rasgos más destacados. Egresado de Filosofía y Letras, fue uno de los fundadores del Centro Editor de América Latina. Se desempeñó en varios medios, como la revista Crisis y el diario La Opinión (que marcaron época). Su extensa obra cruza la ficción, el ensayo y las investigaciones.

Investigador en semiótica, literatura y comunicación. Autor de ensayos que proliferaron en las distintas facultades de Comunicación. Viajero incansable. En cuanto a sus relatos, se puede decir que se inscriben en lo mejor de la tradición cuentística argentina y latinoamericana. "Tal vez cada cuento, y esto no significa para nada que esté razonando una poética, es una especie de autobiografía profunda", dice en "Haiku".

Sin lugar a dudas, este multifacético intelectual que se apoltronaba en los bares de buenos aires para charlar y debatir, muchas veces, con desconocidos interlocutores, juglar de viajes, entre los que se encontraba el detallado relato por su visita al Faro del Fin del Mundo, de ese mundo, de este mundo, que tiene “la marca de la bestia”, de esa bestia (sistema) que Ford describía con conocimiento, siempre buscando la respuesta a la complejidad y en su justa dimensión- aportando generosamente a quienes deseamos luchar contra la bestia para vivir, claro está, en un mundo mejor. Que tus sueños, Aníbal, se hagan realidad no virtual. Esa era y es la marca de tus ideas.

El brindis que me propusiste por tu nueva antología de cuentos, El orden de las coníferas, cinco relatos, lo haré en tu honor en esa encrucijada desde donde podías amasar pensamiento crítico amalgamando literatura, investigación y periodismo gráfico.

Y adoraron al dragón que había dado la potestad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante a la bestia, y quién podrá lidiar con ella?
Apocalipsis 13:3-5
De la Marca de la Bestia, libro de Aníbal Ford.