Es que una cosa es la proyección, y otra la realidad. Ciertamente, el panorama global, y en particular de las naciones convocadas a la localidad lusitana de Estoril, cercana a Lisboa, marca hitos vitales y enormes riesgos que no pueden quedar fuera de la tribuna.

Se trata de una crisis mundial que afecta tanto a Portugal como a España, en la vieja Europa, y a la vez hace estragos en el llamado Nuevo Mundo, donde los males ya vigentes se transforman en más complicados y terribles.

No puede olvidarse que en l99l, cuando se llamó a la Primera Cumbre Iberoamérica, en Guadalajara, México, el neoliberalismo trascendía para muchos de los allí reunidos como el paradigma en la esfera económica, tal vez sin sospechar siquiera su carga de doblez, explotación multiplicada, y desastres por venir.

Ahora es evidente que el modelo idílico resultó enorme fraude, y quienes desde el Norte opulento patrocinaron semejante engendro, no hicieron otra cosa que crear las bases para la masiva debacle de nuestros días. Pero el asunto es que en América Latina la acción injerencista del gran promotor norteño no cesa. La Cumbre de Estoril no podrá soslayar, por ética y sentido de responsabilidad, episodios tan alarmantes como el golpe fascista en Honduras y su prolongación contra todo criterio internacional y contra la propia voluntad popular interna.

Tampoco el respaldo nada solapado de los sectores reaccionarios de Estados Unidos a semejante violación de las más elementales normas legales y democráticas.

Los mandatarios no podrán hacer silencio frente a la apertura de siete nuevas bases militares norteamericanas en Colombia, virtual anexión de ese país cuya oligarquía ha asumido el papel de punta de lanza de Washington contra sus hermanos regionales.

La Cumbre deberá, además, hacer referencia a la prolongación del bloqueo económico estadounidense contra Cuba, país presente en todas las reuniones iberoamericanas desde el propio surgimiento de ese mecanismo, y sede de una de sus citas años atrás.

De manera que junto a las tradicionales temáticas que previamente se acuerdan antes de cada encuentro entre las naciones del sur de este hemisferio y sus dos fundamentales troncos europeos, deberá abrirse el espacio necesario para el análisis de las coyunturas que se imponen a nuestros pueblos.

No puede soslayarse que, a cuenta de la agresividad gringa y derechista, se ponen en riesgo, entre otras cosas, las sanas intenciones de trabajar en paz y colaborar creativamente entre todos los convocados a la cita de Portugal.

Agencia Cubana de Noticias