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Tribuna de Nicolas Sarkozy y Gordon Brown en el « Wall Street Journal »

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En 2008, fue Europa quien mostró el camino frente a la crisis financiera mundial y la primera que se implicó para reestructurar nuestro sistema bancario y reforzar el sistema financiero mundial.

La Unión Europea también mostró el camino abogando por la instauración de un nuevo foro de cooperación económica que congregara a los dirigentes del G20.

Desde el inicio de la crisis, Europa ha abogado por la reactivación presupuestaria –y se ha esforzado por coordinarla a escala mundial–, una intervención decisiva que ha impedido que la recesión se transformara en depresión mundial.

Hoy, hemos de liderar una vez más las iniciativas que prevén construir un nuevo consenso mundial.

Unos mercados financieros europeos competentes, abiertos y estables son indispensables para el crecimiento europeo y mundial.

Queremos para Europa servicios financieros competitivos a escala mundial y aspiramos al desarrollo en Europa de plazas financieras de nivel internacional como Londres y París.

Pero la forma en que los establecimientos financieros han operado plantea retos fundamentales que debemos encarar y que sólo podremos resolver a nivel mundial.

Hemos observado que el mercado bursátil mundializado, vasto y opaco, basado en productos complejos, una visión a corto plazo excesiva y primas desmesuradas demasiado frecuentes, ha entrañado riesgos de cuya amplitud pocas personas han tomado conciencia.

Asimismo, ahora sabemos que son los contribuyentes quienes asumen el coste cuando se produce una crisis. Sin embargo, es sencillamente inaceptable que asuman las pérdidas en período de recesión grave y que los accionistas y los colaboradores de los establecimientos financieros beneficien de todas las ventajas en cuanto la economía se recupera.

Una regulación mejor y una vigilancia más estricta permitirían reducir el riesgo para el contribuyente a más largo plazo.

En materia de regulación, la Unión Europea ha adoptado un conjunto completo de reglas nuevas destinadas al sector financiero para evitar que la crisis que hemos atravesado se reproduzca: control de las agencias de calificación, ratios de fondos propios más elevados sobre los productos complejos como la titrización, refuerzo de los dispositivos de garantía de depósitos. Hemos establecido reglas estrictas para que los mecanismos de primas no lleven a tomar riesgos excesivos. Asimismo, hemos instaurado reglas más estrictas en materia de fondos propios de los bancos.

En materia de vigilancia, hemos acordado establecer un sistema de vigilancia del sector financiero en Europa más eficaz para controlar mejor los riesgos sistémicos y que la regulación de la Unión Europea se ejerza de manera uniforme, para resolver las divergencias entre las instancias nacionales de regulación y para hacer frente a las situaciones de crisis.

Ahora los bancos deben contar con suficientes fondos propios, garantizar la liquidez, recompensar únicamente la creación de valor real y no asumir riesgos a corto plazo.

Esta crisis nos ha hecho entender que nuestra economía ya no es nacional, sino mundial, y que, por tanto, las normas financieras también deben mundializarse. Asimismo, debemos lograr que se instaure una buena regulación para que los establecimientos operen con armas iguales a nivel mundial.

Debemos establecer urgentemente un nuevo pacto entre los bancos internacionales y la sociedad por la que operan.

Un pacto que reconozca los riesgos para el contribuyente en caso de quiebra de los bancos y el desequilibrio entre riesgos y retribuciones en el sistema bancario.

Un pacto que garantice que los beneficios de una buena coyuntura económica no sólo favorecen a los banqueros, sino también a las personas para las que trabajan, un pacto que garantice que el sector financiero fomenta el crecimiento económico.

Un pacto que garantice que los establecimientos financieros no puedan recurrir a los paraísos fiscales para eximirse de la contribución que deben, justamente, a los ciudadanos del país en el que operan, un pacto que se fundamente en los progresos ya realizados para eliminar los paraísos fiscales y reglamentarios.

Proponemos un pacto mundial a largo plazo que tome en cuenta las responsabilidades del sistema bancario y el riesgo que conlleva para el conjunto de la economía.

Se han realizado varias propuestas que merecen ser analizadas: fondos de garantía, primas de aseguración, impuestos sobre las transacciones financieras y sobre las primas.

Entre estas propuestas, consideramos que deberá establecerse de forma prioritaria un impuesto excepcional sobre las primas, porque las primas de 2009 provienen parcialmente del apoyo que los Estados concedieron al sistema bancario.

No obstante, está claro que las medidas que deben tomarse no pueden tomarse más que a nivel mundial. Ningún país debe, o puede, actuar solo.

Si podemos alcanzar una solución y aplicarla de manera uniforme en las grandes economías, quizás sepamos cómo evitar que los contribuyentes paguen por los riesgos tomados por el sector bancario cuando se produce una crisis sistémica.

Quizás seremos capaces de financiar los Objetivos del Milenio para el Desarrollo y de hacer frente al cambio climático.

Por último, para alcanzar una coordinación mundial, hoy proponemos un nuevo proceso de análisis y de definición de la estrategia macroeconómica, empezando por el informe del FMI sobre las contribuciones globales y organizando un gran debate en el G20, presidido por Corea del Norte el próximo año. Para este proceso, prevemos corregir y evitar la acumulación de desequilibrios mundiales. Tenemos que reforzar la coordinación a escala mundial para que la inestabilidad de los intercambios no ponga en peligro la recuperación Todos los países deberán asumir su parte correspondiente en la reducción de los desequilibrios mundiales.

La búsqueda de la estabilidad y de la confianza requiere que pongamos en sintonía los mercados financieros con los valores de los ciudadanos y de los emprendedores: trabajo determinado, espíritu de responsabilidad, integridad y sentido de la equidad.

Las personas esperan, con razón, que el sistema bancario posterior a la crisis sea acorde con sus expectativas; no escaparemos a una reforma de alcance mundial.

Fuente
Wall Street Journal (Estados Unidos)

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