22-2-2010

Los grilletes mediáticos que proclamaron la “obligatoriedad” de Lourdes Flores de aspirar al sillón edil de Lima, han sido de tal magnitud que ella ha cedido y nada hay que se oponga a tal designio, por confesión propia, sino el acuerdo partidario ratificatorio en cónclave por venir en abril, es decir en pocas semanas. La jaula “doctrinaria” en que ha sido encuadrada Flores le han “persuadido” que es una pésima estratega, que su aspiración presidencial ya es cosa del pasado y que jamás ganará la justa a la primera magistratura.

¿Qué tanta verdad y cuánta mentira descarada y maniquea hay en el reciente cúmulo de mentiras desvergonzadas urbi et orbi? Recordemos la lección de esa madre y maestra: la historia. En Chile, Salvador Allende consiguió la presidencia –y por decisión del Congreso- en 1970 y a la cuarta vez. En buen romance Chicho hizo cuanto estuvo a su alcance para arribar a La Moneda y entrar por Morandé 80 y así ocurrió ese año plétora de esperanzas que derrumbarían su fragilidad el 11 de setiembre de 1973.

¿Hay un límite de chances a la postulación a la presidencia? No, no hay.

De algún modo, Lourdes Flores ha representado a las fuerzas conservadoras que siempre han temido organizarse en partido para competir. Hay, también, no podemos descartar el asunto, cientos de miles de votos que le han acompañado por el simple hecho de ser una mujer a la que se conoce por limpieza en su ejecutoria. Que se sepa, sus yerros políticos son muchos pero si se trata de faltriqueras, no hay nada serio en su contra. El tan cacareado asunto de la aerolínea de Cataño no encuentra pruebas contundentes. Además Flores es una empleada de alto nivel como presidenta del directorio. Nada más. Y si hay alguien que tenga pruebas de lo contrario, que no hesite, las muestre y demande respuestas inmediatas.

Lourdes Flores ha dicho que su campaña será el baluarte de la decencia. Es obvio que su cuestionadísimo rival Alexander Kouri, goza de un apoyo periodístico que sencillamente da asco. Se silencia el lado feo de dineros cuyo origen es cuestionadísimo o se asordinan los procesos judiciales que malas autoridades demoran y no sentencian por la simple razón de aceites coimeros de la más alta viscosidad en dólares o euros. ¿Acaso no hay un cinismo refinado hasta en disimular porquerías que aúpan a sillones ediles, legislativos y presidenciales, y que fungen de edificaciones periodísticas?

Es probable que no pocas encuestas hayan dictaminado que Lourdes Flores ya no debiera ser candidata a la presidencia. ¿Qué tan fiables son esas muestras que tienen límites muy marcados de ocurrencia y origen? Me atrevería a decir que en el adocenamiento actual que hiede y se huele a miles de kilómetros de distancia, eso sería cierto sin lugar a dudas. ¿Qué ocurriría si incorporaran los candidatos temas sobre geopolítica, destino y horizonte continental vía una agresiva política energética, gasífera y de desarrollo de mercados internos y renegociación de tratados de libre comercio y el inicio de una complementariedad con Chile?

La ignorancia plena de los candidatos, los antiguos o los nuevos, sobre cualquier materia de las antedichas es monumental. Y muy vergonzosa. A pocos parece indignar la última nota de Cancillería de Chile que cuestiona las opiniones del Tribunal Constitucional con respecto al Tratado de Libre Comercio con ese país que no refrendó o discutió el Congreso del Perú por la simple razón de su pusilanimidad y abdicación.

La desinformación, desapego a la historia, orfandad de conocimientos sobre el país, impera en la agenda actual de los candidatos. ¿Alguien cree que Castañeda Lossio pudiera hablar del tema de límites con Chile puesto en el cuestionamiento de algún programa periodístico, si existiera una especie así en Perú? ¿Qué respondería Kouri? ¿ha ahondado Lourdes Flores en sus enunciados epidérmicos sobre tan singular materia?

Lourdes Flores ha ingresado a la segunda división. Tiene que ganar la alcaldía de Lima y hacerlo de modo categórico para conservar vigencia. Otro destino será irse a su casa a leer y ejercer la abogacía y retirada por la fuerza de los fracasos, antes de los 60 años y vía la jubilación temprana de una señorita que está a tiempo de elevar el debate nacional hacia destinos vibrantes y polémicos, con decencia y brillo personal. Más que sacrificio, su alcaldía a Lima es un suicidio. Que, no hay que olvidarlo, sí producirá muchísimo a otros.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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