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Fidel, sobreviviente de colosal cacería

En el abultadísimo expediente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra la Revolución cubana, ocupan lugar prominente los numerosos intentos de eliminación física del Comandante en Jefe Fidel Castro.

| La Habana (Cuba)
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Felix Rodriguez, Porter Goss, Barry Seal, Frank Sturgis (1963)

Con tal objetivo han recurrido a los más inconcebibles procedimientos: desde los clásicos y conocidos, hasta aquellos que parecen extraídos de filmes de ciencia ficción.

Para llevarlos a cabo contaron con un amplísimo abanico de ejecutores que permite identificar a oficiales y agentes de la plantilla de la CIA, especialmente entrenados para matar; militantes de grupos terroristas reclutados en Miami y elementos profesionales de la mafia norteamericana.

Un recuento de tales hechos recoge el serial de TV titulado "El que debe vivir", cuyo estreno se anuncia para este domingo.

En fecha tan temprana al triunfo revolucionario como el 11 de diciembre de 1959, el coronel J. C. King, jefe de la División de la CIA para el Hemisferio Occidental, presentó a Allen Dulles, director de ese organismo de inteligencia, un memorando en el cual argumentaba la necesidad de eliminar a Fidel Castro.

“Ninguno de entre los allegados a Fidel posee semejante influencia hipnótica en las masas. Muchas personalidades competentes –decía el informante –sustentan la opinión de que la eliminación física de Fidel aceleraría en grado considerable la caída del gobierno actual”.

A partir de ese momento la Agencia estudió y aprobó planes de atentados cuya cifra es hasta hoy un secreto, pues mientras la Seguridad del Estado cubana posee evidencias sobre 638, la Comisión senatorial norteamericana investigadora del asunto solo admite una treintena.

En agosto de 1960, después de varios fracasos, el asesinato del líder de Cuba adquirió categoría de “ urgente prioridad “, pues los más conservadores dentro de la administración yanqui estimaban la muerte del Comandante en Jefe como requisito indispensable antes de lanzar la entonces ya concebida agresión armada a la mayor de las Antillas.

En esas circunstancias fueron elaborados apresuradamente varios planes para ser puestos en marcha con la idea de que “alguno debía resultar efectivo”.

El 16 de agosto del 60, por ejemplo, personal de la Sección Operativa de la División de Servicios Médicos de la CIA le entregó a un funcionario una caja de los tabacos preferidos por Fidel y le ordenó impregnarlos con sustancia de efecto letal. Las cualidades del veneno eran tan fuertes que moriría con solo ponerse un tabaco en la boca, declaro tiempo después el especialista.

Vale recordar que el abogado norteamericano que obsequiaría esos tabacos era ajeno a esas intenciones, y a última hora decidió regalar al Presidente cubano otra caja de habanos.

Mientras esto ocurría, el coronel Edwards, jefe de la Oficina de Seguridad de la CIA, estableció contacto con elementos del hampa miembros del sindicato del juego que operó en Cuba hasta 1959.

En la documentación desclasificada de la Comisión senatorial estadounidense que investigó el asunto, son recurrentes los nombres de John Rosselli, conocido gangster de Chicago; Robert Maheu, ex agente del FBI y cercano a delincuentes cubanos radicados en la Florida; Salvatore Giancana y Santos Traficante, cabecillas de la Cosa Nostra, por citar algunos.

Largos debates tuvieron lugar entre ellos con argumentaciones favorables al empleo del veneno y otros favorables al uso de pistolas y subametralladoras.

Esta última variante tenía muchos oponentes debido a las dificultades para encontrar ejecutores dispuestos a correr tan altos riegos. Se trata de mercenarios interesados en sobrevivir para cobrar, factor que obró a favor del fracaso de varios intentos.

Como se aprecia, el asesinato de Fidel ha figurado en el accionar terrorista desde 1959 hasta nuestros días, pues no debe olvidarse que Luis Posada Carriles, indultado por la ex presidenta Mireya Moscoso y ahora procesado simplemente por mentir a las autoridades de inmigración acerca de su entrada ilegal a Estados Unidos, fue descubierto en Panamá cuando se disponía a dinamitar el paraninfo de la Universidad, donde hablaría Fidel ante estudiantes y profesores.

Nada indica que el magnicidio fuera desechado por las autoridades de Estados Unidos, que aún continúan brindando protección a los terroristas y mantienen en prisión a quienes luchan contra esas criminales conspiraciones.

Agencia Cubana de Noticias

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