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Lodos y promesas en Iraq

Washington parece sumamente entusiasmado con las elecciones parciales realizadas el domingo último en Iraq.

Se ufana junto a otros aliados de que poco más del 60 por ciento de los votantes acudieran a las urnas y las acciones armadas contra la votación no hayan tenido mayores efectos, según sus consideraciones particulares.

| La Habana (Cuba)
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Nouri Al-Maliki

A partir de esa experiencia en las urnas, hasta los altos mandos militares subrayan que va llegando la hora de salirse de la añeja Mesopotamia, porque “la democracia local y las fuerzas armadas”, creadas al amparo gringo, están demostrando que “pueden hacerse cargo de la situación.”

Desde luego, nadie piense que los militares norteamericanos, si finalmente se van, volverán tranquilamente a casa. Les espera a muchos de ellos el arisco Afganistán, donde la más reciente ofensiva general contra la resistencia no parece arrojar las metas propuestas, al punto que el alto mando norteamericano en el país fue investido de mayores poderes.

Pero volviendo a Iraq, tampoco largarse resultará fácil para las tropas Made in USA y sus acólitos. Según analistas locales, la posible salida militar norteamericana tendrá lugar sin haberse cumplido uno de los principales objetivos de los ocupantes, a saber, eliminar la inseguridad en el país.

No olvidemos ante todo que la mayor carencia de seguridad local son los propios invasores, pues la tarea asignada de pacificar a la nación a cualquier precio está totalmente inconclusa y resulta evidente: las nuevas autoridades impuestas en Bagdad para nada cuentan con los recursos necesarios para lograrlo por ellas.

Explican los estudiosos que al destruir al ejército iraquí, los ocupantes acabaron con un factor elemental para la estabilidad interna, y ahora existe el gran vacío nacional en materia de factores que puedan garantizar paz y sosiego.

Los propios invasores han estimulado las divisiones internas por cuestiones de credo dentro de la población iraquí en su intento de desmembrar a la resistencia, y esas fisuras abiertas por la nociva actividad extranjera también conspiran contra la unidad nacional que antes de la intervención resultaba importante y amplia.

De tal suerte Washington no hizo otra cosa en Iraq que establecer el más absoluto caos, y no habrá loas ni ruido de trompetas que oculten la obra destructiva de los ocupantes. Al fin y al cabo, 60 por ciento de votantes resulta bastante poco a la hora de decidir el futuro de un país tan vapuleado y artormentado.

Agencia Cubana de Noticias

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