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- ¿Por qué elegiste el piano?

- A los 7 años mis padres me preguntaron si quería tocar un instrumento y no me acuerdo por qué dije piano. Ellos no son músicos pero igual me preguntaron. Y me compraron el piano y no paré más. Aún está en la casa de mis viejos, cuando voy a veces lo toco.
- ¿Cuáles fueron tus influencias musicales? Desde ese comienzo hasta ahora.

- Cuando empecé tocaba música clásica con mi profesora de barrio. Típico perfil. Luego me mudé a Banfield, y seguí en esa línea hasta que terminé el colegio. Intuía que me iba a dedicar a eso y cuando terminé la secundaria resolví dedicarme a esto. Sabía que la música clásica no iba a ser mi medio de expresión, aunque me encanta. Y empecé a escuchar música argentina y latinoamericana por una cuestión ideológica y de pertenencia. También folclore argentino y música afro-caribeña. Y al poquito tiempo me metí en el jazz, a mediados de los ’80. Y me fascinó sobre todo el lenguaje de la improvisación, estudiar y escuchar jazz.

Me atrevería a decir que mis influencia no son sólo de músicos sino de grandes referentes del arte en general. No puedo negar por ejemplo que Cortázar me influenció más que muchos músicos. Es muy importante además de estudiar música leer mucho, ver películas, teatro, etc. En cuanto a nombres, te puedo decir Thelonious Monk, Yupanqui, Cuchi Leguizamón, Pugliese, Chico Buarque, Rubén Blades, Joao Gilberto, Ávalos, Troilo, y un montón más. Hugo Díaz. Y los pianistas más modernos también, y seguro me olvido de un montón. También Juan Gelman como escritor, películas y el fútbol también.

- ¿Los músicos son demasiados competitivos e individualistas acá en Buenos Aires?

- La música es una manifestación de los que somos como seres humanos. Y la cultura actual -lamentablemente- estimula o alienta determinados valores de los cuales la música no está exenta. Hoy se vive así. En general el sistema no estimula el compromiso, sostener los proyectos, tener paciencia, el compartir. Vale decir también que hay montones de gente que sí lo hace.

Hay una gran presión social en tener éxito basado en parámetros económicos, no de reconocimiento o de prestigio. La gente -y obvio los músicos también- nos confundimos o nos distraemos. Hay un montón de manifestaciones musicales que están buenas y re bien tocadas pero que no dicen nada. Y así con todo. Cualquiera se da cuenta que alguien toca muy bien, pero darse cuenta que dice algo es más difícil. Eso pasa en la música y en la sociedad. Entonces hay que cambiarlo.

¿Cómo ves la relación entre la música y los medios de comunicación?

- Distante y desastrosa. Sobre todo los medios de comunicación masivos me parecen desastrosos. Porque hay medios que tienen otras búsquedas. Pero sobre los de consumo masivo podría decir que son hasta inmorales. La manera que tiene de informar, que en realidad es desinformar. No creo en el periodismo objetivo. Los medios masivos están cooptados por los intereses económicos, sólo los mueve la ganancia de dinero. Nadie está diciendo que las cosas tienen que dar pérdida, pero las cosas que tienen espacio son las más bajas, las morbosas, las que menos hace reflexionar a la gente, las que distrae. Todas pelotudeces. Y la manera que tiene de tocar los puntos importantes es inmoral, por que se dicen cosas que no se pueden decir. Y lo que se tiene que decir no se dice, y te indigna la manipulación y cómo manejan noticias a favor de grupos de poder.

- ¿Qué buscas en tus talleres de improvisación musical?

- Los doy hace como 13 ó 14 años, pero hace más de 20 años que enseño. Siempre había consultas acerca de la improvisación, entonces me pareció que para colaborar con esas inquietudes había que crear un espacio con otros instrumentos. Había que hacerlos bien prácticos, y con lo concreto de que yo no puedo enseñar otros instrumentos, pero sí puedo hacer que a través de determinada actividades los músicos puedan entrenar ciertas cosas que hacen que quien no improvise empiece a hacerlo, y quien ya improvise lo haga más y mejor.

- ¿Qué significó El Terceto en tu vida después de compartir tantos años juntos?

- Es toda una pregunta, porque El Terceto fue algo fundamental en mi vida musical y personal. Lo creé en el ’93 y duró hasta el 2006. Fue un lugar de encuentro. Independientemente de los músicos que han pasado por ahí, que no fueron tantos, pero básicamente un lugar de encuentro con un hermano musical que tuve, Norberto Minichillo. Un lugar de fortalecimiento de un mensaje. Una búsqueda musical y humana, ideológica, social, una forma de trabajo muy definida.

- ¿Cuándo El Terceto se termina nace el dúo con Facundo Guevara?

- No puedo dejar de decir que El Terceto se termina porque en el tiempo se transformó como algo muy de Norberto y mío. Él entró 2 años después que yo formé El Terceto, pero después se transformó en algo muy de los dos. Falleció en el 2006, entonces resolví ahí terminarlo. Después fue empezar a tocar con Facundo Guevara en dúo, que es una continuidad, pero es una vuelta de página en realidad porque sigo investigando, sigo abordando la música latinoamericana desde la improvisación y sigo con esa búsqueda, pero un poco más abierto y es una continuidad y creo que un paso delante de lo que era El Terceto.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

- Hace 2 años grabé un disco con Facundo, es un disco solista, mayormente tiene cosas tocadas en dúo, pero hay temas de piano solo, hay temas que canta mi esposa Silvana Reina, y grabé un material que resultaron ser 25 temas que resolví sacar en 2 discos y un DVD. Los dos discos van a tener los 25 temas repartidos. El disco se llama Camino -volumen 1 y 2-. El 1 salió al final y calculo que para principio del 2010 saco el 2 y el DVD. En abril voy a grabar un disco nuevo con Facundo Guevara.

Fuente: Revista El Ojo Que Arde.