Red Voltaire

Discurso de Cristina Fernàndez en la VI Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe

| Madrid (España)
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Muy buenos días a todos y a todas.

Señor Presidente del Gobierno de España y titular de la Unión Europea, amable anfitrión a quien, en nombre de todos los países de la América latina y del Caribe, agradecemos cálidamente su hospitalidad; señor presidente del Consejo Europeo; autoridades de la Comunidad Europea; señores Jefes y Jefas de Estado; jefes de delegación: realmente estamos en un momento muy especial celebrando esta VI Cumbre del ALC-UE.

Quienes me han precedido en el uso de la palabra, han podido resaltar, y por cierto lo son, importantísimos logros que van a concretarse, algunos, ya en el día de mañana, cuando se celebren los acuerdos entre los países de Centroamérica y la Comunidad Europea; los acuerdos que también alcanzarán las hermanas repúblicas de Colombia y del Perú, y también el importante acuerdo de relanzamiento de las relaciones del MERCOSUR y Unión Europea que ha tenido lugar en el día de ayer y cuya primera reunión va a tener lugar en la primera semana de julio del corriente año.

Sería bueno porque constituye un gran desafío. Todos han señalado lo difícil que van a ser las negociaciones entre Unión Europea y MERCOSUR, fundamentalmente, porque se va a poner en juego la tan meneada y mentada cuestión del proteccionismo, algo que muchas veces desde un reduccionismo de intereses o mediático, se enclava únicamente una cuestión arancelaria o de aduanas pero, realmente, y tal cual lo firmamos ayer en el comunicado conjunto, debemos abordar el problema del proteccionismo en todas sus formas, sean estas de carácter arancelario, sean estas de carácter bajo la forma de subsidios, promociones fiscales, exenciones fiscales, promoción de exportaciones, dumping y distintas formas que también contribuyen a crear proteccionismo y barreras muchas veces no tan visibles como las aduaneras. Por eso creo que va a ser un gran desafío que estamos dispuestos a darlo.

Las economías de la región de la América del Sur, han tenido un comportamiento más que notable durante esta última crisis que comenzó a insinuarse en el 2007 y que explotó, literalmente, durante el último trimestre del año 2008 y que nuevamente tiende a resurgir esta vez, tal vez, ubicada en Europa, con lo cual la primera conclusión a la cual deberíamos llegar, que no es una crisis que, si bien ha nacido en tal o cual lugar, pueda dejar alguna región o algún país fuera de los problemas que toda crisis económica global financiera finalmente termine impactando en todas las economías.

En este sentido, me gustaría señalar, como uno de los países integrantes del G-20 -hay aquí varios países integrantes del G-20-, que necesariamente, la próxima reunión que se llevará a cabo en Toronto, Canadá, deberemos abordar problemas que hasta ahora se han articulado discursiva, verbalmente como regulación de capitales financieros, regulación de bancos de inversión, regulación de fiscalizadoras o calificadoras de riesgo, regulación de paraísos fiscales, pero que, en realidad, no se han llevado a cabo a fondo y, por lo tanto, seguimos recurrentemente en situaciones de crisis.

Por eso, creo que el realismo, al que varios de los que me han precedido en el uso de la palabra han hecho como una necesidad de dirigir nuestras discusiones, va a tener que imperiosamente imponerse, no ya como una cuestión, digamos, de dádiva por parte de quienes integran estos grupos sino, fundamentalmente, como una necesidad de abordar las verdaderas causas de las crisis y darles una respuesta porque la prolongación no hace más que agravar la situación de todas las economías y, finalmente, terminarán impactando más que negativamente.

Yo quiero también referirme a cuestiones que, como representante de la América latina y de la región del Caribe, también siento que debo decir y manifestar en este encuentro entre nuestra región y la Comunidad Europea, y que es también una observación, un pedido y una solicitud hacia todos los países del mundo en cuanto a evitar conductas y sanciones de leyes discriminatorias contra la inmigración.

Yo sé que en los momentos de crisis económica, yo sé que en los momentos de desesperación social, la historia de la humanidad lo demuestra, las sociedades, la condición humana tiende a encontrar culpables de las crisis y situar en determinadas comunidades, podemos tener numerosos ejemplos en la historia de la humanidad, como causantes de los problemas.

Realmente, vemos con mucha preocupación de los países de la América latina, el trato discriminatorio que se está dando en distintos países, sobre todo en los más desarrollados, acerca de la inmigración y colocar al inmigrante como un adversario, un enemigo o alguien a quien separar de la sociedad cuando todos sabemos que las inmigraciones hacen, en los países a los que van, lo que normalmente los ciudadanos de esos países son empleos y tareas que no están dispuestos a desempeñar.

Lo digo, y acá me permito un ejercicio no ya institucional sino personal, como un país, la República Argentina, que ha sido y es un ejemplo en materia de recepción de inmigrantes. Esta Presidenta es nieta de españoles; de mis cuatro abuelos, tres son españoles.

También, la comunidad italiana, en fin, múltiples comunidades de Europa que encontraron en la Argentina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX un lugar seguro donde poder trabajar o un lugar, apenas, donde poder obtener un trabajo y un plato de comida.

En esta segunda etapa, también mi país ha recibido una ola inmigratoria de los países limítrofes de la región. Y podemos hablar con el ejemplo, porque hace pocos días sancionamos y reglamentamos la nueva Ley de Migraciones que permite la regularización de más de 700.000 extranjeros con absolutamente todos los mismos derechos y las mismas responsabilidades que los ciudadanos argentinos. Residen en mi país uruguayos, paraguayos, bolivianos, etcétera constituyendo la segunda ola de inmigración de los siglos XX y XXI diferente a la europea de los siglos XIX y XX.

Por eso, hago una especial llamada en nombre de todos aquellos compatriotas latinoamericanos que han debido abandonar sus países, no porque hayan querido, sino porque las condiciones, precisamente, de subdesarrollo, de falta de oportunidades, los ha obligado a buscar otros horizontes.

También y en ejercicio de ese multilateralismo que tanto necesitamos en el orden político y económico mundial, pedir, en nombre de mi país y de los países de la América latina también, que el Reino Unido y, especialmente, saludando a su nuevo Primer Ministro, por favor, reanudemos nuestras negociaciones con relación a la soberanía de las Islas Malvinas tal cual lo impone la resolución que se dictó desde el año 1965 en Naciones Unidas y que aún sigue incumplida. (APLAUSOS)

Somos un país de paz, no se nos puede cargar en nuestra cuenta, y cuando hablo de nuestra cuenta hablo de aquellos ciudadanos que hemos militado toda la vida en partidos democráticos y populares y accedido al poder únicamente a través del voto, lo sucedido en dictaduras militares que nada han tenido que ver con la idiosincrasia de nuestros países y en las cuales también, nuestros propios connacionales han sido víctimas de esas dictaduras.

Pretender cargar en la cuenta de Argentina lo ejercido por gobiernos dictatoriales que no eran reconocidos por su propio pueblo, pero sí por allí eran reconocidos por los países desarrollados y algunos, incluso, recibidos como algunos ex dictadores en el caso de la hermana República de Chile, también recibidos en países aquí de la Unión Europea, nos pone exactamente en el lugar no de victimarios, sino de víctimas.

Pero, fundamentalmente, reivindicamos la necesidad de que todos, absolutamente todos los países del mundo, quedemos sujetos a las resoluciones de Naciones Unidas.

No puede haber un doble estándar; no puede haber un doble estándar en materia ambiental; no puede haber un doble estándar en materia nuclear; no puede haber un doble estándar en materia de proteccionismo, porque estos dobles estándares van generando, esencialmente, un mundo con cada vez más contradicciones, con cada vez más conflictividades en donde ya nadie estará seguro si no nos sometemos a la autoridad de quienes conformamos, desde la firma de la Carta de San Francisco, esa organización que nos debe cobijar a todos y que debe ser la garantía de la seguridad y la paz mundial.

Por eso, yo quiero dar por inaugurada en nombre de América latina y del Caribe esta VI Cumbre del ALC-UE con un llamado esperanzador a la reconstrucción del multilateralismo; a la reconstrucción de la solidaridad entre las naciones; a la reconstrucción de los criterios de una economía realista, no basada en la especulación, sino en la producción y en la generación de empleo que son los verdaderos instrumentos generadores de riqueza y de bienestar para los pueblos.

En nombre de todos estos principios, que creo que todos compartimos, y con la convicción de que todos, porque no divido el mundo entre buenos y malos, no creo en el maniqueísmo, en la convicción de que todos tenemos que entender en estos momentos de crisis tan profunda, la necesidad de redefinir conceptos, políticas, comportamientos y conductas, es que hago este llamado con mucho respeto, con mucha humildad pero con la certeza absoluta de que tenemos que cambiar, porque de la forma en que nos hemos conducido hasta ahora, no nos ha dado buenos resultados. Creo que es hora de cambiar y todos tenemos una parte de responsabilidad en la necesidad de ese cambio.

Seguramente los países con más poder específico en los organismos multilaterales, son los que más responsabilidades tienen.

Yo siempre digo que los liderazgos existen, que los países importantes y líderes existen, pero que también ese liderazgo debe ser ejercido con responsabilidad para no devenir en cuestiones que nada tienen que ver con el liderazgo social y mundial, sino que tienen que ver solamente en una cruda y terrible relación de fuerzas que, en definitiva, termina tornando al mundo en algo más injusto y más inseguro.

Entonces, por esa sociedad más justa, más equitativa y más segura, es que agradezco esta invitación, la presencia de todos ustedes y, seguramente, en los temas específicos, entre los cuales vamos a hablar sobre las terribles catástrofes que asolaron a la hermana República de Haití y también a la hermana República de Chile, en la cual hemos tenido también una participación muy activa, es que saludo y agradezco la presencia de todos ustedes aquí en Madrid.

Muchas gracias y muy buenos días.

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