14-6-2010

Bendezú o la contumacia desbocada

La perseverancia y el optimismo son dones cuyo ejercicio militante infunde bríos, alienta causas, consigue victorias. La contumacia es todo lo contrario, la antítesis, es, simplemente, la persistencia –torpe e inane- en el error. Ha dicho el secretario supérstite, –por eliminación vergonzosa de los dos dirigentes Del Castillo y Quesada y del tercero en la cárcel-, Wilbert Bendezú, que su partido –o lo que queda de aquél- el Apra: “ganará en la mayoría de 200 alcaldías en juego” el próximo octubre. Un hombre de la experiencia de don Wilbert no puede expresar una cosa así a menos que sólo toque ahora la música que otros requieren oírle.

Los pueblos votan en las urnas y botan a patadas y protestas a los malos gobernantes. El dictamen histórico sobre el primer lustro de García Pérez (1985-1990) orilla el calificativo del peor gobierno de la historia republicana con su natural cuota de escándalos, robos, estafas, mentiras y fortunas numerosas jamás explicadas. Hasta entonces a los apristas se les podía enderezar calificativos de toda laya pero ¡jamás! se les había denominado sospechosos de latrocinio o rateros a secas. A partir de ese ejercicio voluntarista de desgobierno, el mote tornó cuasi natural. Y es imposible olvidar que quien sembró vientos –AGP- cosechó tempestades violentas y destructoras.

Ya es posible, a la altura del último año de la segunda administración de García, concluir en que a éste le importa un bledo la organización aprista, o su ideología o principios o su historia. Ha hecho cuanto le ha sido posible para encargar responsabilidades a quienes no tienen mayor solera ni militancia. Son demasiados los escándalos en que se afecta el dinero del pueblo y el presidente sólo cautela lo que él considera como su futuro. El resto es deleznable a tenor de los acontecimientos. Haya murió luego de 84 años en casa ajena y pobre. En cambio, acaba de revelarlo en entrevista radial, Jesús Guzmán Gallardo, García Pérez ya tenía una propiedad por arriba de los US$ 200 mil al terminar el gobierno de Fernando Belaunde en 1985.

¿Cómo, entonces, puede decir Wilbert Bendezú, como si viviera en el mejor de los mundos y merced al supuesto de una impecable ejecución política de gobierno, que su partido ganará en la mayoría de municipalidades en liza? Sólo hay una explicación: Bendezú está recitando poemas de incomprensible factura pero cuya única virtud es la de solidificar su precario liderazgo dando pruebas de buena conducta hacia el dueño de su partido. Así de simple.

Recordemos. El comité ejecutivo nacional del Apra nació de un congreso que votó en lista única y a mano alzada a su “dirigencia”. En ocho décadas jamás había ocurrido esta incidencia tan común en la rectilínea ex Unión Soviética cuando las carreras de equinos reconocían tan solo a uno y éste –como es obvio- ganaba la justa. Por tanto la representación grupal resiente esa debilidad desde la base misma. Caídos en muy vergonzosos entuertos Del Castillo, Quesada y el otro adalid, Bendezú toma la posta pero de lo que ya venía empaquetado en papel crepé de ostensible anemia popular.

¿Qué se viene? Todo parece indicar que una escarmentadora paliza a lo largo y ancho del país. Vale decir, no es cierto, exacto u optimista lo que ha pronunciado Bendezú, es todo lo contrario: inexacto, falso y demagógico. La inferencia es obvia: la catástrofe electoral del Apra en las municipales no es difícil de prever con la paulatina pulverización desmoralizada de lo que aún queda de militancia.

Mentirle al pueblo es un ejercicio que no pocos políticos usan a diestra y siniestra. Una vez llegados a la responsabilidad, hacen cualquier cosa. Y las facturas son caras, muy caras.

A menos que algún grupo de combate, solidez y dignidad honesta, pelee al interior del Apra, desaloje a la mediocracia que lo maneja –para la ocasión eso de “cuarentones” es una huachafería criolla del peor gusto-, el partido creado por Haya de la Torre, camina hacia su extinción. Y en esa dinámica, el señor García Pérez es el principal causante del fenómeno aniquilador.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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