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Bashar Ja’afari

Cartas idénticas de fecha 7 de julio de 2010 dirigidas al Secretario General y al Presidente del Consejo de Seguridad por el Representante Permanente de la República Árabe Siria ante las Naciones Unidas

1. El informe del Secretario General sobre la aplicación de la resolución 1701 (2006) del Consejo de Seguridad vuelve a intentar injerirse en las relaciones sirio-libanesas y hace referencia a las reuniones que han celebrado los dirigentes y responsables de los dos países, como si las relaciones bilaterales entre los dos países formaran parte del mandato de la resolución 1701 (2006) del Consejo. La continua injerencia en las relaciones bilaterales de nuestros países hermanos es reprensible desde un punto de vista tanto formal como sustantivo, dado que las únicas partes que tienen derecho a evaluar esas relaciones son la República Árabe Siria y el Líbano.

2. La República Árabe Siria afirma una vez más que las posiciones palestinas en territorio libanés son un asunto que atañe a las relaciones palestino-libanesas y no guardan relación alguna con la República Árabe Siria. Por lo tanto, resulta incomprensible que los autores del informe soliciten la cooperación de la República Árabe Siria para desmantelar esas posiciones. Esa cuestión se inscribe en el diálogo nacional libanés, en el cual participan las partes libanesas y que posee la capacidad necesaria para abordarla de la forma más favorable para los intereses del Líbano. La República Árabe Siria no desea inmiscuirse en asuntos que son de la exclusiva competencia del Gobierno libanés.

3. Nos sorprende que el informe incluya las denuncias de las autoridades israelíes sobre el contrabando de armas hacia el Líbano y la preocupación de las autoridades estadounidenses al respecto, puesto que es inadmisible incluir en los informes del Secretario General denuncias y mentiras carentes de credibilidad. En el informe se recuerda que las Naciones Unidas no tienen medios para verificar esas denuncias, hecho que ya de por sí nos resulta desconcertante. ¿Cómo es posible que en el informe se dé crédito a Israel en términos tan claros, demostrando la parcialidad de la Secretaría en favor de Israel y sus partidarios, y no se haga lo mismo con los altos cargos libaneses que han negado reiteradamente la veracidad de esas denuncias? Ahora bien, el verdadero problema no es el hecho de que las Naciones Unidas tengan o no medios de verificación, sino la parcialidad de algunos de sus funcionarios en favor de las denuncias de Israel, así como su disposición a creer todo lo que Israel dice, mientras dan la espalda a una realidad evidente, a saber, que Israel continúa ocupando territorios del Líbano, la República Árabe Siria y Palestina y que esa es la causa del conflicto y la tensión. Si tenemos que creer en aquellos que afirman preocuparse por el Líbano y su soberanía y por la estabilidad de la región deben abordar el problema desde su raíz, que no es otra que la ocupación israelí y la negativa de Israel a aplicar las resoluciones de las Naciones Unidas.

4. La República Árabe Siria reitera que el informe no debe referirse a la demarcación de la frontera entre los dos países. Consideramos que se trata de una cuestión bilateral que se debe abordar en el marco de los asuntos internos de los dos países. Ningún otro país tiene derecho a inmiscuirse en ella, puesto que se trata de un asunto interno. Si las Naciones Unidas pretenden velar por la aplicación de sus resoluciones, deberán tomar medidas eficaces para que Israel cumpla las resoluciones que le incumben, con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas.

5. La República Árabe Siria afirma que no es posible lograr la estabilidad en nuestra región, elemento fundamental de la estabilidad mundial, mientras persista la ocupación israelí de los territorios árabes y mientras Israel, Estado que cree estar por encima de la ley, continúe cometiendo violaciones graves del derecho internacional y contraviniendo las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad. Si la Secretaría y algunos de sus funcionarios persisten en esta actitud de colaboración con Israel, no se podrá alcanzar una paz justa y general en la región.

6. Por último, reiteramos nuestra afirmación de que el papel de las Naciones Unidas debe consistir en crear condiciones que favorezcan la colaboración positiva entre los Estados y no en inmiscuirse en sus asuntos internos o en sus relaciones bilaterales, o en tratar de crear problemas entre ellos. Además, es un error apoyar a una parte y ponerse en contra de otra porque, en el caso del Líbano, se ponen en peligro los logros sustantivos obtenidos merced a los incesantes esfuerzos de las numerosas partes interesadas, entre ellas la República Árabe Siria, que velan por la unidad, la seguridad, la estabilidad, la soberanía y la independencia del Líbano.