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César Zumaeta

En días pasados se hizo público que el legislador César Zumaeta sería postulante por el Apra a la presidencia del Congreso. Uno de sus méritos: el de haber estado largos lustros grises, cuasi oscuros, medrando de la cansada ubre del Estado. Pero hay que reclamarle una aclaración categórica, firme, documentos en mano y decencia en ristre sobre un tema en particular del cual hay numerosas dudas.

A saber. ¿Cómo así compró terrenos en la zona de Asia a precio ridículo y con qué propósito? ¿algún negocio lucrativo compatible con su dilatada experiencia de parlamentario productor de sofismas y entuertos que sólo él entiende? No ha negado su firma en el sufragio de estos activos, por tanto, debiera, para no convertir la presidencia del Establo, en tapadera o blindaje de sus intereses particulares, esclarecer el asunto.

Hay más. ¿Cuáles son sus vínculos con la Universidad Alas Peruanas? ¿forma parte, también del numeroso grupo de legiferantes a quienes esa casa de estudios, pagaba viajes a todo trapo y por todo el mundo?

Busqué algo notable o sólido en la producción del señor Zumaeta en los planos doctrinario, ideológico o cívico. Alguien que tiene tan largo cobijo en los predios congresales, hasta por inercia debía confeccionar trabajos que justificasen las decenas de miles de soles que los contribuyentes gastaron en pagar su sueldo. Pero tuve mala suerte, no encontré nada fuera de la común y palurda rutina de que está premunida la institución congresal.

A menos que la destreza de Zumaeta en bailes caribeños constituya una buena calificación. Pudiera serlo en otro ámbito pero no en la política que no puede ser confundida, como es en Perú desde hace lustros, en espacio para toda clase de payasadas de cero contenido social.

Parece evidente que el Apra no quiere descuidar la jefatura del Congreso. Al terminar su gobierno, uno de los más entreguistas y claudicantes de que haya registro en la historia peruana, hay la intención de sellar el lustro del oscurantismo y no encontraron a alguien con mejores calificaciones funcionales que al señor Zumaeta. Magnífico engolando la voz para decir naderías en forma de clase magistral, aquél garantiza el tránsito de los que se van y el grillete para los que entran.

Los que llegan encuentran reglamentos, usanzas, personal y pactos no escritos de cuanto NO han de tocar, denunciar o revertir. Los que practican la despedida prestidigitan las cerrazones humanas y administrativas para cubrir el servilismo burocrático.

La política como vil negociado culpable, monstruosidad que denunciara Haya de la Torre - personaje del cual Zumaeta debe haber escuchado algo- en octubre de 1923 desde la isla San Lorenzo antes de partir al destierro, ha sido convertida en la norma en que todos fabrican el consenso para “equilibrar” las dinámicas al entrar y abrir la puerta y al salir y cerrar con lacre las leyes con nombre y dedicatoria, los silencios de amplia y desvergonzada cobertura, los pactos infames y tácitos de incurrir en delitos que merecen hasta el fusilamiento.

La mediocridad se alaba a sí misma y produce “consensos”, en buena cuenta el toma y daca, do ut des, y nadie tendrá juicios, civiles o penales, o procesos administrativos que “manchen” su reputación. Quien tenga noción de cómo funciona el Establo sabe perfectamente que no se hará cuestión de Estado por ninguna cosa en nada de los pasados cinco años.

En Ecuador los parlamentarios sólo pueden ejercer el cargo por un período. Evitan, de ese modo, el tejido de componendas, ultrajes a la patria y el establecimiento de dinastías taradas en el Congreso. La regla pareciera haber copiado la norma mexicana de la Constitución de Querétaro de 1917: Sufragio efectivo, no reelección.

Para algún periodismo deleznable que el señor Zumaeta esté casi cinco lustros en el Establo, constituye un mérito. Dudosa presea aquella. Sobre todo cuando a nadie escapa lo útil que será aquél para una retirada y ante la debacle electoral que sufrirá el partido de gobierno en ocasión del comicio edil de octubre y presidencial del 2011.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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