1ª parte: ¿Quién se beneficia con la revolución de Kirguistán?
2ª parte: China y el futuro geopolítivo de Kirguistán

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El presidente ruso Dimitri Medvedev (a la derecha) y el presidente Kurmanbek Bakiev se dan la mano después de la firma de una serie de acuerdos, en Moscú, el 3 de febrero de 2009.

Es evidente que lo que está pasando en Kirguistán reviste también el mayor interés para Moscú. Rusia reconoció rápidamente la legitimidad del nuevo gobierno provisional instaurado en Bishkek y aumentó su ayuda financiera, demostrando así la importancia que los rusos conceden al futuro político de ese país euroasiático. Kirguistán no sólo fue parte integrante de la Unión Soviética hasta 1991 sino que sigue siendo hoy en día un territorio geográfico que concentra importantes objetivos geoestratégicos. La actitud, amistosa u hostil, que Kirguistán pueda adoptar ante Moscú tendrá gran influencia sobre la estabilización o la desestabilización de esa región de la periferia de Rusia.

Está claro que el tandem Medvedev-Putin estudia todas las posibilidades imaginables –desde los contratos de Gazprom sobre el gas hasta las ventas de armas– para contrarrestar la amenaza de cerco de las Naciones Unidas, cuyo apogeo se produjo en 2004-2005 con las «revoluciones de colores» que Washington provocó en Georgia, Ucrania y –finalmente– en Kirguistán, mediante la «revolución de los tulipanes» que puso en el poder a Bakiev, el hombre fuerte de Estados Unidos.

Como ya expliqué en un artículo anterior, «Ukraine Geopolitics and the US-NATO Military Agenda: Tectonic Shift in Heartland Power» [1], los resultados de las elecciones presidenciales ucranianas de principios de año anunciaban una evolución netamente favorable desde el punto de vista de la seguridad militar rusa. La amenaza de una Ucrania integrada a la OTAN deja de existir y, con ella, el peligro de que los rusos tengan que enfrentar nuevos cierres de sus gasoductos, remanentes de la integración económica soviética, que atraviesan Ucrania y llegan hasta Alemania y otras regiones de Europa occidental.

En enero pasado, Rusia, Bielorrusia y Kazajstán firmaron un acuerdo común de unión aduanal. Bielorrusia es un socio vital para Rusia ya que está en contacto con Ucrania y Polonia. Kazajstán es, por su parte, un país ex comunista de gran importancia estratégica situado entre Kirguistán y Rusia. Es uno de los principales proveedores de energía de China ya que posee importantes yacimientos de petróleo y otras fuentes de energía. Es, además, el primer productor de uranio a nivel mundial.

La constitución de un régimen neutral en Kirguistán, aliado de Kazajstán y de Rusia al mismo tiempo, pudiera dar lugar al desarrollo de una zona de intercambio fundamental para los intereses rusos. Ese tipo de régimen ofrecería un margen de maniobra para estabilizar el valle de Fergana, región agrícola muy poblada, situada en pleno corazón del Asia central y que se extiende sobre los territorios de Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán.

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El valle de Fergana es la región más densamente poblada del Asia central. Se ha visto afectado por una inestabilidad crónica y ha sido constantemente teatro de desórdenes desde el desmembramiento de la Unión Soviética.

Según la agencia moscovita RIA Novosti, el pasado 19 de abril, el viceprimer ministro del gobierno provisional de Kirguistán, Almazbek Atambayev, anunció, al término de un encuentro con el primer ministro kazajo Karim Masimov, que su país deseaba unirse a la unión aduanal conformada alrededor de Rusia.

Atambayev se expresó en los siguientes términos: «Nosotros compartimos una historia común con Kazajstán y Rusia. Nuestro porvenir se inscribe claramente junto a ellos en un espacio económico y aduanal común.» Atambayev afirmó también que Rusia y Kazajstán no tenían absolutamente ninguna responsabilidad en los recientes sucesos de Kirguistán: «Rusia y Kazajstán no están implicados en ningún complot. Sólo quieren ofrecer su ayuda [a Kirguistán].» [2].

Para Moscú, un gobierno kirguzio prorruso o incluso totalmente neutral representaría una importante etapa para su reposicionamiento en el tablero euroasiático. Dicho esto, la situación sigue siendo inestable desde cualquier punto de vista. En una importante conferencia de prensa ofrecida en Moscú junto a su homólogo uzbeco Islam Karimov, el presidente ruso Medvedev expresó reservas: «Si bien Rusia ha concedido una ayuda humanitaria a Kirguistán, una cooperación económica global sólo será posible después de la restauración de las instituciones del Estado.» [3].

Uzbekistán se acerca al Kremlin

Una de las ventajas que presentan para Rusia los incidentes en Kirguistán es la evidente mejoría de las relaciones, anteriormente tensas, entre el presidente uzbeco Karimov y el Kremlin.

El 20 de abril, Karimov viajó a Moscú para reunirse con Medvedev y afirmó ante la prensa rusa que los dos países habían dejado de lado diversos litigios y compartían ahora las mismas preocupaciones en cuanto al riesgo de extensión de la inestabilidad política más allá de Kirguistán. Karimov teme, al parecer, una escalada incontrolable de las tensiones que pueda transmitirse a Uzbekistán [4]. Unas pocas semanas después del derrocamiento de Bakiev en abril, el enviado especial estadounidense en Afganistán y Pakistán, Richard Holbrooke, había visitado a Karimov en Uzbekistán. Hoolbroke reiteró los intentos estadounidenses por reintegrar a Karimov al bando estadounidense, pero parece haber encontrado una clara negativa [5].

En 2003, Rusia obtuvo una autorización para instalar su propia base militar en Kant, cerca de Bishkek, la primera fuera de Rusia desde la desintegración de la Unión Soviética, en 1991. Rusia dispone además de otra base estratégica, situada en la margen oriental del lago Issyk-Kul cuyas aguas utiliza como polígono de pruebas de nuevas tecnologías destinadas a submarinos y torpedos, como la de la supercavitación, con el torpedo VA-111 Chkval, arma dotada de una velocidad superior a los 200 nudos, concebida originalmente para su uso contra los portaviones estadounidenses. En marzo de 2008, Rusia firmó un contrato definitivo para la explotación de la base de Kant, cuyo alquiler anual se eleva a 4,5 millones de dólares [6].

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En 2003, los entonces presidentes de la Federación Rusa, Vladimir Putin (a la izquierda), y de Kirguistán, Askar Akayev, inauguran la base aérea rusa de Kant. Esa base militar es cuatro veces más pequeña que la que ocupa Estados Unidos en Manas.

Los acuerdos entre Rusia y Kirguistán sobre el uso de la base de Kant fueron una de las razones que llevaron a Washington a desencadenar la llamada «revolución de los tulipanes», en 2005, para poner en el poder el régimen proestadounidense de Bakiev.

Al principio, los analistas estaban convencidos de que el gobierno de transición de Rosa Otumbayeva privaría a Estados Unidos, por orden de Moscú, de los derechos de explotación de la base de Manas. A pesar de lo que se pensaba, la señora Otumbayeva parece haber renunciado a su compromiso inicial al declarar que el US Central Command seguiría teniendo acceso a la base de Manas, sin que hasta ahora se haya registrado reacción alguna por parte de Moscú.

Según fuentes rusas cercanas al gobierno, el Kremlin estaría sopesando las ventajas que pudiera tener, para los dos próximos años, el permitir que Estados Unidos siga utilizando la base aérea de Manas para proseguir su esfuerzo de guerra en Afganistán. Como moneda de cambio, Moscú reiteraría entonces su reciente llamado a Estados Unidos para que ponga fin al tráfico de opio entre Afganistán y Rusia [7]. Una de esas fuentes afirma lo siguiente: «La base aérea no cerrará, pero será utilizada como palanca para permitir negociar con Estados Unidos, entre otras cosas, sobre los estupefacientes. El contrato anual [para la explotación de la base de Manas] expira en unos meses. Será ese el momento de plantear nuestras condiciones.» [8].

En octubre de 2009, el presidente kirguizio Bakiev, entonces en el cargo, disolvía la Agencia de Lucha contra la Droga, hasta entonces encargada de interceptar las sustancias ilegales que circulan hacia Rusia desde Afganistán. Nuestras informaciones indican que el hermano del ex presidente Bakiev reforzó posteriormente las operaciones de lucha contra el tráfico proveniente de Afganistán [9]. No se sabe con claridad la influencia que esa decisión haya podido tener en el supuesto deseo de Moscú de sacar del poder a Bakiev en abril pasado.

Poco importa sin embargo la utilización que Moscú planea dar a la base aérea de Manas como moneda de cambio. Es evidente que Rusia y China están interesadas en mantener relaciones amistosas y estables con Kirguistán, sobre todo si se tiene en cuenta que Rusia tiene fronteras con Kazajstán, Uzbekistán y Tayikistán, miembros todos de la Organización de Cooperación de Shangai, organización militar y económica de reciente creación en Eurasia.

En ese contexto, una cooperación más estrecha con Kirguistán revestiría cierto beneficio para Rusia ya que le ofrecería la posibilidad de «rechazar», como dicen algunos, la penetración estadounidense en el espacio euroasiático [10]. Habrá esperar algunos meses más para conocer la evolución de esa situación. En esas condiciones, ¿qué arriesga en definitiva Estados Unidos en esa partida en cuanto a su proyecto de estrategia global en Asia central y, más generalmente, en Eurasia? Lo veremos en la cuarta parte de este trabajo. Pero la respuesta ya resulta evidente: todo.

Continuará...

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la traducción al francés de Nathalie Krieg.

[1] F. William Engdahl, «Ukraine Geopolitics and the US-NATO Military Agenda: Tectonic Shift in Heartland Power», Voltaire Network, 24 de marzo de 2010, no traducido.

[2] Astana, «Kyrgyzstan wants to join Russian-led post-Soviet customs union», 19 de abril de 2010, Moscú, RIA Novosti.

[3] RIA Novosti, Kyrgyzstan must restore state institutions – Medvedev, Moscú, 20 de abril de 2010.

[4] Alexander Osipovich, Uzbekistan: Spooked by Kyrgyz unrest, Karimov warms to Russia, Moscow, 21 de abril de 2010, RIA Novosti.

[5] Dawn, «US not to use Uzbek base, says Holbrooke», Astana, 21 de febrero de 2010.

[6] John C. K. Daly, op. cit.

[7] ‘Epiphanes,’ Russian blog comments from former FSB officer on Kyrgyzstan events, 8 de abril de 2010.

[8] Kyrgyzstan National Security Service ‘source’.

[9] Erica Marat, Kyrgyzstan Relaxes Control over Drug Trafficking, Eurasia Daily Monitor, Vol.7, número 24, 4 de febrero de 2010.

[10] K. Gajendra Singh, op. cit.